miércoles, enero 22, 2014

SÓLO ABRÁZAME / 2. LAS HERIDAS




Llevaba poco tiempo trabajando en la facultad. Ella estaba a cargo de la biblioteca, lugar que le encantaba. Sofía era una devoradora de libros.

Desde muy pequeña su padre le había inculcado el hábito de la lectura, por lo que cuando su hermano Pedro le contó de la vacante ella postuló de inmediato y obtuvo el trabajo.

Pedro llevaba ya algunos años ahí como profesor de Educación Física. Era un tipo muy querido por todos. Se destacaba por ser muy carismático y divertido.

Pasaron varios días en que Sofia intentaba dibujar la figura de Amir en su memoria para poder ubicarle dentro la facultad pero le costaba recordarlo. 

Aquella noche no había luna y la calle estaba muy oscura.

Recordaba que tenía cabellos oscuros y piel morena. Era de contextura delgada y muy alto. Sofia creía recordar haber distinguido alguna característica especial en él pero no lograba enfocarla.

Lo buscaba por los pasillos, en los patios, cafetería, pero nada. Llegó a pensar incluso que Miranda lo había matado a golpes.

Pero Amir si iba a estudiar. Llegaba muy temprano y se dirigía de inmediato a su aula, sin ver ni hablar con nadie. Las miradas curiosas de sus compañeros le hacían daño y mientras pudiera evitarlas lo haría.

Cubría su cabeza con un jokey y sus ojos con grandes lentes oscuros, a pesar de que algunos días estuviera lloviendo y no hubiera nada de sol.

A ratos se escapaba de sus obligaciones e iba a buscar entre la gente a Sofia. Pero él sólo la observaba a escondidas. Sentía vergüenza de lo que ella pudiera pensar después de lo que había pasado.

Una tarde en que Sofía iba camino a buscar a su hermano, logro distinguir entre la gente una silueta que le pareció familiar y algo extraña. Era la de un chico con jokey y lentes oscuros que estaba protegiéndose del viento y la lluvia que a esa hora caían copiosamente sobre los prados.


Al verlo tuvo el impulso de correr hacia él y así lo hizo.

- Hola.
- Eh.. hola - dijo al fin Amir intentando no darle importancia al encuentro
- ¿Cómo has estado?
- Bien, gracias ¿y tu?
- Yo bien. Te había tratado de ubicar para saber como estabas.

Amir avergonzado, agachó la cabeza 

- He estado bien. Gracias

- ¿Oye, qué lees? 

Sofia tomó el libro que tenía en las manos Amir y leyó "Papá o el Diario de Alicia Mir"

- ¡Hey!. Es uno de mis libros favoritos - exclamó - Vicente Huidobro - es genial
- En serio. ¿Ya lo has leído?
- Si. Me encanta. - dijo ella entusiasmada - Recuerdo un párrafo que se me quedó grabado por harto tiempo en la cabeza desde que lo leí. Dice algo como: "Cuando nos damos cuenta de que estamos suspendidos en un hilo sobre la desgracia, ¿Cómo no sentir la sensación de cortar ese hilo...?

Sofía no podía despegar sus ojos de aquellas negras y tupidas pestañas que insistentemente esquivaban su mirada mientras esperaba ansiosa alguna respuesta a su declamación.

- "Hay personas condenadas a la desgracia..- dijo Amir cabizbajo y antes de terminar la frase Sofia lo interrumpió.

-"...por tontas, por porfiadas, por taimadas..."-

Ambos se miraron y sonrieron. Un silencio cómplice se hizo en aquel momento.

La lluvia iba de apoco cesando y el viento jugaba con sus cabellos.

- ¿Por qué se lo permites?, preguntó Sofia.

Amir miró al cielo, respirando profundo y luego agachó la mirada.

- Disculpa, no quise ser impertinente - dijo Sofia.
- No, está bien. Es sólo que nunca he hablado con nadie de este tema.
- Si no quieres...
- Soy un cobarde - le interrumpió - Un cobarde que no sabe defenderse de los golpes de una mujer.
- Yo creo que si sabes, sólo que tienes miedo.
- Si, puede que tengas razón.
- ¿Sabes?, todos de alguna forma estamos rodeados de miedos y temores que no nos dejan crecer ni avanzar. Nos paraliza y nos estancamos. Por eso es importante poder enfrentarlos y vencerlos. ¿Por qué no te inscribes en el gimnasio donde trabaja mi hermano?. Eso te ayudaría a enfocar tus sentimientos de rabia, dolor y miedo en otra cosa.

Amir la observaba con toda atención mientras ella hablaba. La oía pero su voz era lejana. Sus sentidos estaban puestos en los ojos de ella, su boca, su cabello rojizo. Le temblaban las manos por querer acercar esa piel tan blanca hacia él y besarla. Pero el miedo. Siempre el miedo.

- ¿Me estas escuchando?. ¡Qué pesado!. Yo hablo y hablo y tu no estás aquí.
- Disculpa, estaba pensando en lo que decías del gimnasio.
- Si, siento que eso podría hacerte bien. Y así aprovechas de ejercitar esos músculos en reposo que debes tener por ahí.

Amir sonrió avergonzado

- A Miranda y a mi nos comprometieron para casarnos desde que tengo uso de razón - dijo de repente. Sorprendiéndose de sus propias palabras. 

Él era muy reservado. No tenía amigos ni nadie con quien hablar pero ahora se sentía cómodo y algo le decía que podía confiar en aquella muchacha pecosa y alegre que no paraba de hablar y de mirarlo tan directamente, que lo hacía temblar.

- ¡En serio! ¡Pero si eso es de la prehistoria!.
- Si, lo se
- ¿Y tu lo aceptas? ¿La quieres?  o.. ¿la amas?

Amir quiso decir que la odia, que los odia a todos, pero esos sentimientos estaban reprimidos.

- No - dijo - no la amo
- Entonces ¿por qué simplemente no rompes el compromiso y te vas?
- Tu lo dijiste hace un rato. Miedo
- ¿Pero miedo a qué? ¿a tu madre?
- No la conoces
- Pero es una madre y ellas siempre quieren los mejor para sus hijos
- Esta no

Sofía podía observar lo solo y triste que se sentía aquel muchacho y quiso abrazarlo pero de poder acercarse un poco más hacia él se escucharon los gritos de Miranda que corría hacia ellos como una loca, casi cayéndose en el prado húmedo

- ¡Amir!, ¿dónde has estado?
- ¡Miranda!
- Si, yo. ¿No quedamos en que me acompañarías a hablar con mis padres para finiquitar lo de la fiesta de compromiso?
- Lo olvidé
- Seguro, si te lo pasas hablando con estos seres inferiores. 
- ¡Miranda no seas grosera!
- ¿Grosera yo?
- Grosera y ordinaria - dijo Sofia en voz baja pero esperando ser escuchada.
- ¡Ordinaria! Quién te crees - gritó Miranda enfurecida abalanzándose sobre Sofía para darle una feroz bofetada, pero en fracción de segundos Amir la detuvo, tomándola firme y fuertemente de la muñeca.
-¡Cálmate Miranda, déjala en paz!. ¡Vamos!.

Miranda no podía creer que Amir la hubiera detenido. Quedó paralizada y su única reacción fue mirarlo incrédula para luego seguirle los pasos mientras él tiraba de su muñeca con firmeza y mucha fuerza. Una que no sabía que tenía hasta ese momento.

Sofía los observaba alejarse mientras una sensación de rabia y dolor se instalaba en algún rincón de su corazón y la lluvia de otoño volvía.




Continuara....

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