miércoles, julio 16, 2014

TACONES DE OTOÑO // CAPÍTULO 7

Amparito corría desesperada hacia el despacho de su abuelo. Debía esconder el album de fotos que la inculpaba directamente en algun otro sitio. Corría demasiado peligro ahí en su apartamento con Gualberto siempre dando vueltas entre sus cosas.
- Hijita. ¿Cómo has estado?
- Bien abuelo. Sólo pasaba a saludarte y pedirte si me puedes guardar esto ¿si?
- ¿De qué se trata?
- Nada valioso. Sólo unas fotos que me traen malos recuerdos y prefiero no volver a ver. ¿Me las guardas?
-  Y por qué simplemente las botas a la basura
- Es que.... No son mías. Me las pasaron para que las guardara pero nunca vinieron por ellas.
- Entiendo. Dámelas. Las dejaré en este cajón. Aquí nadie se mete. Cuando las necesites me las pides. ¿está bien?
-Gracias abuelo
- Y como va todo entre y tu y Gualberto. ¿Ya se ha decidido a dejar a esa loca que tiene como esposa?
- Si ustedes lo dejaran de acosar con tanto trabajo fuera de la ciudad o en el extranjero lo vería más seguido y ya lo tendría comiendo de mi mano abuelito
- Jajajaja... De eso ¡ni hablar!. Él solito se busca esos casos raros que nadie quiere tomar. Y lo peor ¡es que los gana todos! Como verás, el Estudio no permitirá que nos deje tan facilmente para que pase a comer de tus manos querida nieta.
- Eso lo veremos abuelito querido.... Gracias por el favor. Y apropósito, ¿él ya volvió de Viña?
- Mejor ni me lo recuerdes. Ese condenado no se presentó a esa reunión ni a ninguna otra que tenía agendada hoy. Tiene apagado su móvil y hasta hace poco nos llamó para decir que se tomará el día libre. Es una rata. Igual que su padre y su abuelo. Si no fuera por que es el mejor en su especialidad y nos genera buenos resultados, ya estaría él y toda su prole bajo los puentes viviendo de la caridad.
- Es extraño no crees. Nunca falta. Es super responsble. 
Amparito sintió un leve escalosfrios que recorrio su espalda de extremo a extremo. Su abuelo se encogió de hombros y la despidió apurado. Tenía mucho que hacer. 
No podía ser que él hubiese descubierto aquellas fotografías. Además, ya estaban tan viejas que sería casi imposible descifrar quien era esa niña que intentaba cubrir su desnudez con sus largas trenzas.
¿Por qué mantenía con ella aún esos antiguos recuerdos de viejas travesuras infantiles? ¿Sería porque aun la odiaba? ¿Porque siempre lo hizo? Y aun más, cuando tuvo la osadía de quitarle a su novio. Aquella mujercita insulza de la que tantas veces abusó hasta lograr quebrantar su voluntad y su amor propio. 
Ella no podia ser mejor que Amparito de Los Ríos y Lilitbeth.
Pero él tenía que fijarse en ella. ¿En qué momento sucedió? Nunca lo supo. No se dio cuenta cuando ese par ya se conocía, ni cuando ella comenzó a sentirse poderosa y osó desafiarla arrebatandoselo casi desde las puerta de la iglesia. Eso jamás se lo perdonaría..
*****************************
- Gualberto, dime por favor. Qué sucedió luego de que me reuní con Marta y tu madre. No recuerdo nada. No tengo tiempo. Debo saber. tal vez ahí esté la clave de todo
- Fabiana, cálmate.  ¿De qué hablas. Qué clave. Qué reunión?
- ¿Recuerdas. Luego que nació Ivo. Cuando ya pude salir y hacer mi vida normal? Tu madre me pidió que la fuera a ver con el niño. Quería conocerlo. Tu no podías acompañarme y Cecilia debia ir a la escuela. Por eso le pedí a Marta que me acompañara. Gualberto. Recuerdo que llegamos a su casa. Nos sentamos a tomar el te y luego sólo cosas muy borrosas. Ivo....
- Fabiana ven. Recuestate.  Parece que tendremos esa conversación en nuestra habitación
- ¿Cecilia? ¿Dónde está ella?
- Calmate. Ya conversé con ella.... un poco. No te preocupes. La noté extraña, no menos que tu ahora en todo caso
Gualberto le sonrió sin dejar de sentirte un tanto angustiado. Recordaba aquella ocasión como el comienzo de su desgracia.
Aquella tarde tuvo que ir por ella a casa de su madre puesto que esta le había llamado urgente que  fuera a buscar a su mujer por que se había comenzado a sentir mal.
Cuando llegó por ella la encontró recostada en una de las habitaciones de la mansión de su madre. Una construcción muy antigua. Fabiana parecía medio muerta. Estaba pálida y su pulso era demasiado débil. Llamó a la ambulancia y la llevó de inmediato a la clínica donde le diagnosticaron anemia severa.
Algo extraño porque Fabiana solía alimentarse bastante bien. Después de su último embarazo no había logrado bajar lo suficiente de peso pero eso ni a ella ni a él le importaban. Es mas, él parecía disfrutar mucho de sus nuevas curvas peligrosas.
Luego de salir de la clínica, Fabiana comenzó a sufrir cambios en su conducta. Radicales cambios. Fue cuando Gualberto decidió llevar a su familia de viaje dejando todos sus planes de lado.
Fabiana lo escuchaba sin poder parar de llorar. Había comenzado a recordar ciertos pequeños detalles pero otros muchos simplemente no estaban en su memoria. 
Si le decía a él sobre el lugar donde ella había estado durante todo ese tiempo... ¿le creería? 
- Shhh, tranquila mi cielo. Tal vez las cosas que viviste en tu infancia y adolescencia te han jugado en contra nuevamente. Tendremos que buscar ayuda. Yo estaré contigo. Como antes. ¿Eso si lo recuerdas cierto?
¡Cómo olvidar todo aquello! Gracias a él pudo lograr salir de la gran depresión que le provocó el acoso que sufrió durante su periodo estudiantil. El mismo del que estaba siendo víctima ahora su hija y del cual no sabía nada.
Gualberto estaba confundido. Definitivamente aquella mujer que ahora sollozaba en sus brazos volvía a ser la que tanto amaba. ¿Qué estaba sucediendo? No es que la extrañara pero, ¿dónde quedó la que hasta hacía poco tiempo atrás lo intentó golpear, lo ignoraba y  trataba duramente?
La segunda noche con luna llena del mes. Fabiana tuvo un miedo espelusnante. ¿Y si era una tregua? ¿Y si todo volvía a ser como hasta ayer y volvía a perderlo todo?. 
Miró a Gualberto a los ojos fijamente. Lo besó con ternura. 
- Llévame a ver a los niños por favor
La tomo de las manos y caminaron juntos hacia el pasillo. Cecilia jugaba con su hermano. De esa forma creía poder olvidar todo el mal rato que vivió temprano en la escuela. 
Cuando vio a sus padres observándola desde el dintel de la puerta se quedó de una pieza. Sonrió y corrió a abrazarlos. Fabiana la contuvo en su regazo mientras besaba su cabeza. Ivo pareció celoso y de un impulso caminó hasta el borde de su cuna estirando sus brazos, balbuceando palabras ininteligibles. Gualberto se acercó para tomarlo y acercarlo hasta ellos.
Fabiana los abrazó tan fuerte que parecía querer fundirse con ellos en una mezcla de dolor, miedo y un coraje que estaba naciendo desde alguna parte de su interior pero del cual ella no estaba siendo aun demasiado conciente.
Aquella noche no tendría miedo. Dormiría junto a su marido. Pegadita a él y sabiendo que sus tesoros más amados descansan cerquita de ella, sanos y felices. Se obligaría a sentirse en paz y luchar contra el miedo. Esta vez ganaría.
Afuera, el viento del otoño se dejaba sentir sobre los vidrios de la terraza. Se avecinaba una gran tormenta. La primera de la temporada. 
No habría luna, penso Fabiana, las nubes no dejarían verla. Miró a su alrededor y decidió que antes de anochecer eliminaría todos los espejos que estaban demas en aquel hogar. Su hogar

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