martes, julio 08, 2014

TACONES DE OTOÑO // CAPÍTULO 2




Fabiana era alta y elegante, rubia y de tez muy blanca. Sus ojos,  alguna vez lucieron un brillo que hoy ya no se puede encontrar tras la irritación constante de la que sufre debido a sus constantes noches sin dormir.
 - Ahí viene la mamá de Cecilia. De nuevo vestida como bataclana
Rumoreó una mujer con cara de asco que se encontraba en la entrada de la escuela 
- ¡Pero es que no tiene vergüenza esa mujer! ¿No le da pena su pobre hija?
- ¿Y sabes lo que dicen por ahí?
- ¿Qué cosa, dime? En todo caso ya de ella nada me extrañaría
- Espera que ahora dicen que su matrimonio pende de un hilo ¡anda con un chico que podría ser el novio de su hija!
- ¡Uf! no lo pondría en duda
- Pero ¿y no sabes quien es?  ¿Es alguien de aquí del colegio?
- Creo que no. Pero lo averiguaré
- ¿Y cual sería el problema? - se acercó Fabiana, apoyando sus codos sobre la mesa para cooperar con la cotilla; dejando todo su trasero a vista y paciencia de quien quiera pasar y detenerse a admirar el paisaje - está de moda ¿no?... digo... tener... ¿cómo le dicen?... un "toy boy".  Jajajaja,  río sonoramente.
Las mujeres se la quedaron viendo atónitas poniendo los ojos como platos sin poder cerrar la boca por un buen rato observando como se alejaba de ellas para sentarse hasta el final del salón cruzándose de piernas sin hacerles el menor caso.
 - Es una descarada - dijo luego una viendo que ya llegaba el profesor para comenzar la reunión.
**********************************************
Gualberto era un hombre siempre muy ocupado. Se había querido mantener así desde que ella ya no fue la misma. Por aquellos días había estado a muy poco de poder lograr lo que tanto anhelaba. Su sueño de toda la vida. El sueño de ambos. Por fin su nombre volvería a ser parte de la firma que fundó su abuelo y que sus tíos le arrebataron de las manos sin piedad dejandolo casi en la ruina a él y a su madre.
Pero Fabiana de a poco había comenzado a volverse extraña. Pasaba largos silencios solitaria sentada en el jardin con su bebé en brazos.
Él solía observarla desde lejos sin interrumpirla, creyendo que así no invadía su privacidad, su metro cuadrado.
Pero el tiempo transcurrió y ella parecia no mejorar. No soportó la pena de verla así y dejó todo de lado por cuidarla y junto a sus pequeños hijos  partió de viaje por unos meses.
Para cuando regresaron la firma de abogados accedió a recibirlo con la condición de que nunca más volviera a levantarse en contra de ellos, de lo contrario le cerrarían las puertas de todos los lugares donde podría desenvolverse en lo que sabía hacer mejor, 
Gualberto volvió de aquel viaje derrotado. Ya no tenía fuerzas para seguir luchando. Sentía que ya no le quedaba nada. Sólo le quedaban sus pequeños hijos.
Había  dejado a su novia de toda la vida, la mujer con la que su madre casi lo había obligado a casarse para recuperar las empresas y su dignidad, por ella. Todo lo dejo por ella, por ese cuerpo y aquella boca que lograba enloquecerlo. Por esa sonrisa sonora que lograba llevarlo hasta las nubes y volverlo invencible. Amparito lo esperó mucho tiempo. Ella sabía que él volvería a amarla como siempre lo había hecho, como se lo había prometido. Hasta que aquella aventurera se lo arrebató de las manos a días de su matrimonio. Sin piedad.
Ahora, ella tampoco la tendría. Gualberto hacía tiempo que le era infiel. Al poco tiempo después de volver de su viaje ya la había hecho su amante. Pero ni aun así él lograba sentirse medianamente feliz. De alguna manera las tenía a las dos, pero a ninguna a la vez. Lo sabía y ya parecía no importarle nada.
 - Hola mi amor. No te esperaba
- Hola - respondió él de una manera muy seca. No lo reconoció
- ¿Qué pasa? ¿Sucede algo?
- Nada. Sólo estoy cansado. Quiero darme una ducha y dormir tranquilo. ¿Será que se puede?
Amparito lo veía entrar y moverse rápido entre los muebles; desprenderse de sus ropas y meterse en la habitación. Ella lo amaba, siempre había sido así. Lo deseaba. Aquel hombre había sido y sería siempre su primer y único amor. Ahora lo observaba como sacaba su blanca camisa con apuro, con desgano, con la mirada perdida, con enfado. Quería acercarse para acariciar su pecho, sus hombros desnudos que tanto adoraba y le hacían estremecer pero no se atrevió. Un extraño fuego atravesaba su mirada y tuvo miedo.
Una vez en la ducha, no podía dejar de pensar en ella y en ese chico con el que sabía que andaba. Nuevamente tenía pruebas que la inculpaban. Las evidencias le habían llegado hasta sus manos. Aunque le rogara por probar su inocencia, esta vez no podría. Una rabia inmensa lo inundó y lo apresó. No quería volver a sentir eso otra vez. Otra vez no. Esta vez de verdad no lo resistiría.
Cada vez que algo así ocurría Fabiana parecía de nuevo la misma de antes. Aquella ingenua pecosa de la cual se enamoró y a la que no podía dejar de amar.
¡Cómo podía ser que de un momento a otro pudiese ser dos mujeres tan diferentes!
Lo de él y Amparito era, bueno, por que ella siempre había estado ahí cuando él más la necesitó pero ella, ella era de él y la amaba así, loca y ... algo extraña, pero...
 - ¡Es mía...Sólo mía....maldita sea!

jueves, julio 03, 2014

TACONES DE OTOÑO // CAPÍTULO 1


- Mamá, ¿no crees que esa falda está un poquito corta?
- ¡De qué hablas!
- Mamá por favor no vayas a ir a la reunión de mi curso vestida así... Hazlo por mi. Mis compañeras ya ....
- No digas tonteras. Lo dicen porque te envidian. Ninguna de esos vejestorios se ve como yo. ¡Mírame!
- Mamá por favor. No me sigas avergonzando
Cecilia susurró aquellas palabras con la idea que tan sólo ella pudiera oírlas, pero el sonoro golpe que recibió en su mejilla le hizo ver y sentir todo lo contrario.
Fabiana, ultimamente, tenía problemas para controlar la ira. Sus ojos, otrora dulces como el color de la miel, ahora constantemente parecían estar enrojecidos y turbios por la cantidad de gotas que ponía sobre ellos. El leve susurro de su hija la enloqueció por unos momentos. ¡Cómo podía esa niñita ser tan egoísta e irracional!. ¿Es que acaso no se daba cuenta que ella era una mujer aún joven y hermosa?
Los pensamientos de Fabiana se iban reflejando frente a un gran espejo que había enviado a hacer especialmente para su habitación. Éste cubría todo un muro en donde ella podía estar observándose durante horas sin cansarse.
 - Lárgate de aquí. No quiero ver tu fea cara. ¡Y no te atrevas a llorar! Yo debiese ser la ofendida con los estúpidos comentarios de tu padre y ahora los tuyos. Menos mal que Ivo aun no habla, sino también son capaces de ponerlo en mi contra.
Cecilia abandonó la habitación con su mano pegada a su mejilla y una tibia humedad a punto de desbordarse por sus ojos.
 - Maldita perra... Te odio... te odio - hipó la joven
La niña no podía contener el llanto. Entró corriendo a su habitación para luego encerrarse dentro del armario. Ese era su refugio ultimamente. Desde ahí podía huir de esa realidad que la mordía y lastimaba tanto desde hacía casi dos años.
Cecilia no recordaba el momento exacto en que su madre se había vuelto una completa desconocida. Tal vez siempre había sido así y ahora que ella pronto cumpliría sus 17 estaba por sospechar que Fabiana parecía mantener algún tipo de extraña competencia con ella. Si bien siempre le había parecido una mujer algo triste; ella siempre se encargaba de tener un gesto cariñoso hacia ella y su padre. Pero ahora, no la conocía y lo peor.. la odiaba.
A pesar de sus casi 42 años y dos hijos que aun dependía de ella, Fabiana más se parecía a una molesta hermana mayor que a una verdadera madre. A veces también lograba ser la bruja de los cuentos que alguna vez le contó cuando aún era un bebé.
 - ¡Ya me voy! Dile a tu padre que no se a qué hora regrese
 Cecilia no respondió. Se había quedado dormida acurrucada dentro del armario
 - ¡Cecilia! Me voy. Cuida a tu hermano. Está sólo en su habitación. No ha tomado su leche aún.
Gritaba ella, mientras intentaba eliminar esa molesta marca en la comisura de sus labios que la hacía parecer... no sabía como, pero no le gustaba. Ya haría algo con eso.
Pero la joven no respondía.
- ¡Bah!
Dijo luego de volver a retocar su maquillaje, sin prestar demasiado interés en volver a ver a su pequeño ni en saber por qué su hija no le respondía. Fabiana salió del apartamento dando taconazos y un fuerte golpe a la puerta tras de si, el que afortunadamente logró sacar de su sopor a Cecilia.
 - ¿Mamá?... ¿Papá?...
Luego de darse cuenta que estaba sola en la casa corrió a ver a su pequeño hermano quien la observó curioso tendiéndole sus bracitos para que lo cogiera entre los de ella.
 - ¿Leche? - preguntó el pequeño
- Sí, ya se. A ella se le olvidó nuevamente ¿cierto?. No te preocupes. Espérame que vuelvo con tu leche
Cecilia refregó sus ojos sintiéndose aun somnolienta. ¿Habría ido a la reunión vestida de esa forma tan vergonzosa?, se preguntó, intentando sacar de su mente la imagen de su madre casi desnuda caminando por las calles del barrio y de las gentes murmurando a su paso.

lunes, junio 30, 2014

EL AMIGO DE MI MADRE / CUENTO CORTO


Acá voy nuevamente esta debe ser como mi tercera terapia. Esto de luchar contra mi cuerpo y mis deseos me ha debilitado hasta el punto haber perdido el rumbo, si es que alguna vez lo tuve.

Soy una adicta, ya lo he reconocido, adicta al sexo, en "casi" todas sus formas y expresiones. (Nunca lo he hecho con animales.... de cuatro patas).

Cuando mi madre se vino a enterar de mi "problema", ya era demasiado tarde. De cierta forma ella tuvo algo de responsabilidad en mi conducta. Me dejó sola, muy sola desde pequeña.

Yo sabía que trabajaba para darnos de comer y vestirnos y poder estudiar. Me lo repetía todo el tiempo. Pero los pocos momentos en que podíamos compartir y estar juntas para decirle lo mucho que la quería y escucharla a ella decirlo también, los prefería pasar junto a sus amigos, bebiendo, bailando, drogándose, "diviertiéndose", a su manera, obvio.

Creo que comencé a buscar ese cariño que ella no me entregaba y de alguna forma lo confundí con placer carnal. No lo sé. Algo así me han explicado los psicólogos y psiquiatras que me han visto últimamente.

Uno de los últimos me recomendó hacer esto de escribir. "Ayudará a sanar heridas y cerrar puertas", dijo.

La primera vez fue con uno de los amigos de mamá. Yo sólo tenía 15 años, pero con el cuerpo de toda una mujer.

No puedo decir que fue forzado, él me gustaba y me excitaba su forma de mirarme. Hasta ese momento, había sabido poner freno a mis impulsos y reprimirme. Todo por ella, por mi mamá, por su respeto.

Pero todo se fue a la cresta cuando aquella tarde que volvía del colegio más temprano, (típico) la encontré en la cama con mi novio. Mi corazón se rompió en mil pedazos. Aún duele el recordarlo.

Desde aquella vez el respeto que alguna vez tuve hacia ella fue desapareciendo hasta quedar en algo que dejó de existir entre las dos para siempre.

No se si fue por venganza o qué, pero esa tarde, aprovechando la soledad, subí a mi cuarto a ponerme la falda más corta que encontré (sin ropa interior) y como hacía mucho calor (en el aire y en mi cuerpo), sólo me vestí con la parte de arriba de un bikini.


Así, bajé las escaleras y comencé el juego paseándome por delante de él. !Qué momento más erótico!. Su mirada sobre mis caderas, podría jurar que sentía como latía su corazón al ritmo de mis movimientos.

Por último, subí el volumen de la música y me puse a bailar cadenciosamente, muy sensual.

Mientras lo miraba, el se mantenía inmóvil aun sentado en aquel sofá. Me acerqué moviéndome suave y lentamente, metí los dedos a mi boca para sacar el chicle que masticaba, mientras comenzaba a rozar sus rodillas con mis piernas desnudas. La emoción que eso me causó hizo que me descontrolara de inmediato. Al fin el captó el mensaje y comenzó a acariciar mis piernas hasta llegar a mis caderas, luego me sentó sobre él. Yo alcé mis brazos para recibir sus caricias y sus besos. Tiré de su ropa humedecida y me ajusté a su cuerpo, varonil y maduro, sintiendo sobre mi piel el sudor y el aroma de su sexo bruto.

Me tendió sobre el sofá y acarició mi vientre, mis caderas eran diminutas bajo sus fuertes brazos y manos.
Un rayo de electricidad me golpeó de repente y recorrió todo mi ser. Su lengua y sus dedos dibujaban algo sobre mi cuerpo, lamía y mordía despacito, besaba, chupaba y volvía a lamer. Yo creo que hasta perdí la conciencia en algún momento, pero no quería que aquello acabara.

Luego, me volvió a poner sobre él, esta vez sobre su pene rígido y duro. Por algun instante me asustó saber que aquello entraría en mi cuerpo y que llegaría a traspasar hasta mi alma. Pero la pasión y las ansias por tenerlo pronto dentro de mi fueron más fuertes y cabalgamos juntos hasta lograr que mis gritos y los de él alertaran a los pocos vecinos que a esas horas hacían la siesta del domingo.

Nunca más, desde aquella vez, quise dejar de volver a sentir lo mismo. No me importaba mucho con quien fuera. Sólo debía cumplir con el requisito de excitarme sólo con su mirada.

¡Que de placeres infinitos he gozado!. No me arrepiento de nada...

No, mentira si me arrepiento de algo...

Una vez me enamoré. Llevo a eso niño aun en mi corazón. Lo amaba.

Nadie como él me ha hecho volar estando juntos y sólo con tocarme. Lo amé, pero me volví una esclava de mi cuerpo y de mis deseos y salí en busca de más aventuras. Y acá estoy. Enferma, sola, cansada. Escribiendo mis historias para poder sobrellevar lo que me resta de aliento sobre esta tierra.

Mis ojos se han llenado de lágrimas al recordarle... ¡Si tu supieras! Nunca quise hacerte daño... Nunca me olvidé de ti, de tus bellas y suaves manos, de tu mirada profunda, de tu piel, de tu aroma, de tu forma de hacerme sentir completamente amada y tuya.

Creo que no seguiré con esta terapia.. me hace mal.

Al final todos los que aquí estamos sabemos que llegará el final. Que ya los medicamentos son sólo para alargar más la espera. El SIDA me muerde, me pellizca, me araña, me mata todos los días un poco más.

(Escrito 16/03/2009)

viernes, junio 27, 2014

MAR Y HIELO

 
Mientras miro
tu sombra alejarse de mi,

sólo el frío acompañará
mis pasos desde hoy.

El viento y la lluvia
no verán mis ojos
llenarse de mar,

ni esta cama triste
volverá a mojar

los sueños que
cantamos juntos

aquellas noches
llenas de tanto amar.

Sam Mezylv

ÚLTIMAS LÁGRIMAS DE INVIERNO

El frío ha llegado
y en su piel aún permanece 
viva
la tibieza de su mirada
de su cuerpo 
y de sus manos.

Pero ya no está,
ni estará.
Y en la niebla del recuerdo,
aquella silueta,
se desvanecerá de a poco
dentro de su memoria
y de su corazón.

Él se detendrá en la puerta
intentando escuchar sus breves pasos 
sobre su espalda.

Pero ella... ella no volverá a rogarle
Sus ojos ya están cansados
Se ha quedado quieta, viendo el 
invierno pasar y con él las
últimas lágrimas 
que derramará.

Sam Mezylv

SÓLO ABRÁZAME / 14. FIN



No pudo evitar estremecerse al cruzar el umbral y recordar las sucias manos de la persona que alguna vez quiso y quien tanto daño le había hecho.

Se había logrado deshacer de aquella horrible pesadilla de su pasado pero no sabía cómo ni por qué aun la perseguía sin poder alejarla.

Sofía tenía miedo pero entendía que debía hacerlo. No podía dejarse atemorizar. Sabía que debía continuar con su vida. Que tuvo suerte de que llegara Amir a tiempo.

Una vez dentro de la casa, Sofía comenzó a sentir que su corazón se escapaba de su pecho. Comenzó a sudar y un escalofríos recorrió todo su cuerpo.

Amir estaba ahí, cerca de ella para apoyarla cuando sus piernas no le respondían y sentía que se desmayaba.

- Vamos Sofía. Eres más fuerte - Le susurró al oído animándola. Ella le sonrió y continuó caminando
- Amigos anoche recibí una llamada que hará que andemos más tranquilos por la vida.
- ¿Que sucedió? - Preguntó Pedro
- Los abogados lograron hacer que el sicario declarara en contra de Olivia
- ¿Y que significa eso? - Preguntó Miranda
- Le harán un juicio a Olivia por conspirar para cometer un asesinato, o algo así y creo que por ese delito le pueden dar hasta cadena perpetua. La enviarán a una cárcel de alta seguridad y lo mejor. Le confiscarán todos sus bienes. Así no podrá hacer uso de su poder para seguir haciendo daño.
- Pero cómo que le confiscarán sus bienes si son míos también - exclamó Miranda-
- Yo que tu me olvidaba de que esa mujer era tu madre - le reprochó Amir.-
- Si, tienes razón. Era broma. No necesito nada de ella. Ahora puedo decir que no me falta nada - Dijo sonriendo, mientras abrazaba y besaba a Pedro juguetona

Sofia los observaba y escuchaba desde un rincón, sentada silenciosamente.

- ¿Te sientes mejor? - preguntó Amir

Sofía lo miró dulcemente y asintió con la cabeza para luego volver a adentrarse en sus pensamientos.
El se sentó junto a ella y la rodeó con sus brazos; acercó su cabeza hacia su hombro y besó su frente.
Pedro y Miranda se miraron y pronto entendieron que debían dejarlos solos.

- Bueno chicos nos vemos pronto. Con Miranda vamos a dar un paseo por el pueblo. Nos vemos

Pero Amir y Sofia ya no los escuchaban. Estaban abstraídos cada uno mirando al otro sin decirse nada.

- Amir, ¿me contarás...?

El se acomodó en el sofá y sin más preámbulo comenzó a relatar la odisea de su partida.

- Tu ya sabes lo que pasó ¿cierto?, en la famosa fiesta de compromiso.
- Si algo supe por la prensa
- Bueno, cuando dejé el lugar me sentía muy mal. Estaba mareado, con nauseas. Sentía que mi cabeza era una bomba de tiempo que estallaría en cualquier momento.
Salimos con mi padre y de inmediato nos subimos a un auto. Yo estaba tan emocionado que no me di cuenta que me estaban llevando hacia el aeropuerto.
En algún momento perdí el conocimiento y cuando me recuperé ya iba camino a su país.
Lo único que hacía era pensar en ti. En que pensarías que te había abandonado. Mi padre no quería entender que mi vida estaba aquí junto a ti.
El quería hacer de mi alguien que no era. Yo sólo quería un padre, no un principado, ni riquezas, ni nada de lo que el me ofrecía. ¡Si hasta me quiso comprometer!

Sofía lo miró extrañada.

- Si - continuó Amir - me presentó a una princesa de no se donde y ya iba a comenzar con preparativos para el compromiso.
- O sea, otra vez estaban dirigiendo tu vida - interrumpió Sofía
- Si, y yo lo estaba permitiendo. Para no perder lo único que me estaba quedando... mi padre.

Una noche ya no pude más. Sentía que te estaba olvidando y lo peor, que tu ya no me querrías volver a ver nunca más. Dejé de comer, no dormía, comencé a beber mucho.
Y así, borracho, fui a enfrentar a mi padre para decirle que estaba haciendo lo mismo que Olivia había hecho toda su vida conmigo,  manipularme a su antojo.
Pero lejos de entenderme, me encerró en mi habitación y hacía que sus empleados me obligaran a comer. Me mantenían sedado.

- O sea Olivia era un gatito al lado de tu padre
- No Sofia, no era eso. Después lo entendí. El temía perderme de nuevo y quería darme todo lo que estaba a su alcance. Luego él me lo explicaría así.
- Luego de qué
- Un día, o una noche, ya no me acuerdo. Recordé cuando te conocí. Tu valor y coraje me enamoraron. Me diste alas, confiabas en mi y yo estaba ahí, sentado en una habitación sin hacer nada por mi. Ya no te tenía cerca, no podía ver tu sonrisa ni volvería a besar tu boca nuevamente. Me volví loco ¿sabes?. 
- ¡Amir! - gritó Sofía
- Si. Ya no quería seguir con mi vida así, sin ti.
- ¿Qué hiciste? Me asustas
- Lo que tú me habías enseñado a hacer. Levantarme y mirar de frente a mi padre, sin miedo. No podía continuar dejando que otros tomaran decisiones por mi. Ya no quería volver a ser el cobarde que conociste. Debía ser valiente como tu lo eres.
- Yo no soy valiente Amir. Mírame.
- Lo eres. Claro que lo eres. Eres más fuerte que yo. Tu lograste superar cosas horribles y ahí estabas. Parada frente a mi con tu sonrisa perfecta.
- Ya no queda mucho de eso - dijo Sofía mientras que sentía un intenso dolor en su pecho.

Amir la observaba con cierta nostalgia. De verdad ella había cambiado algo. Seguía siendo tan hermosa como la recordaba pero en su esencia faltaba algo. Esa chispa, ese algo que sólo él podía distinguir y que lo hacía amarla como lo hacía.

- Al cabo de un tiempo - continuó - de largas y espantosas discusiones con mi padre finalmente logró entenderme y me dejó libre. Lo primero que hice fue tomar el primer vuelo que me trajera hasta ti. El resto de la historia ya la sabes.

Sofía, con los ojos llenos de lágrimas, lo abrazó y lo besó suavemente.

-Ya estás aquí y no dejaré que te escapes nuevamente.

Amir la abrazó fuerte contra su pecho con amor, con ansias, con deseo. Sofía se separó un poco de su abrazo para mirarlo desde abajo. Sus ojos brillaban y su boca entreabierta lo llamaba a saciarse entre sus labios y bajo el arrebato de su lengua; pero al acercarse hasta ella y comenzar a besarla como siempre soñaba mientras estuvo lejos, sintió que algo no estaba bien. Sofía temblaba entre sus brazos y sabía que no era por la emoción. La alejó unos centímetros de su mirada y lo supo.

- Está bien pequeña. Todo está bien. Soy yo, Amir. Te amo

Pero Sofía no lograba alejar de su mente las imágenes, las torpes caricias y luego los bruscos besos que Pablo le había dado aquella horrible noche, en donde se atrevió a enterrar su sucia lengua hasta el fondo de su garganta. Ella quiso vomitar al recordar y los temblores se convirtieron en espasmos que ya no lograba controlar. Su mirada se perdía.

- No llores, por favor. Ya estoy aquí - susurró en su oído, mientras la volvía a  cubrir con su abrazo lleno de angustia y ella comenzaba a mecerse sin poder evitar el desgarrador grito que al fin se escapaba de su garganta.

FIN.


Sam Mezylv
(Escrito 20/05/2010)





martes, mayo 13, 2014

SÓLO ABRÁZAME / 13. NOCHE DE TRUENOS




- Doctor que le pasa a mi hermana, no recuerda nada
-Tranquilo. Es normal, acaba de pasar por una situación tremendamente violenta. Dale un poco más de tiempo. Déjame un rato con ella a solas por favor para revisarla.
-No te preocupes Sofia. Ya estoy aquí - dijo Pedro saliendo de la habitación sin desearlo.

Sofía, trataba de entender qué había sucedido pero su cabeza daba vueltas y solo luces, gritos, y snetía un dolor horrible en todo  su cuerpo.
Su mente se negaban a traer a su memoria los momentos feroces que acababa de vivir.

Amir, por medio de Miranda, había logrado contactarse con la embajada de su país, y desde ahí se apuraron en hacer todo lo posible por liberarlo rápidamente de su encarcelamiento. Su padre de inmediato puso a su disposición los mejores abogados.

- Estaré mañana contigo. No te preocupes que yo resuelvo todo esto hijo
- No. Por favor. Déjame. Es mi problema y yo debo solucionarlo. Sofia necesita ahora de mi y siento que...
- Tienes razón hijo. Perdóname. Sólo que... tantos años... Yo sólo...
- Padre. Estaré bien. Gracias
- Lo se hijo. Lo se.

Amir llegó casi sin aliento al hospital donde se encontraba Sofía. Pedro estaba junto a ella.

- Pedro...¿Cómo está ella?
- ¡Amir!

Pedro se levantó de inmediato y corrió a abrazarlo.

- Gracias por estar ahí hermano. No sabes lo mal...
- Hey, no te pongas así - dijo Amir al ver a ese hombre grande y con apariencia fuerte, correrle unas breves lágrimas por sus mejillas,

Pedro golpeó fuerte la espalda de Amir y al levantar la mirada humedecida pudo darse cuenta que tras Amir estaba Miranda observándolo seriamente. Se apuró en secarse las lágrimas intentando disimular sin  lograrlo.

- Gracias por haber llegado a tiempo Amir. De no ser por eso... No se que le habría sucedido. Despertó hace poco y luego volvió a dormirse. No recuerda nada del incidente
-Es mejor así - dijo Amir mientras se sentaba en el borde de la cama.

Miranda se acercó tímidamente a Pedro y con un poco de temor, lentamente se dirigió a tomar su mano. Pedro la miró agradecido y le sonrió, llevándosela a la boca para besar sus dedos.

Sofía comenzaba de pronto nuevamente a recobrar la conciencia. Amir tomó su mano y luego besó su frente.
- ¿Amir? - dijo ella en un susurro al verlo.
- Shh.. No te muevas. Descansa - dijo él, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos y las máquinas a las que ella estaba conectada comenzaban a volverse locas.
- Señor, debemos pedirle que se marche por favor - dijo de pronto una enfermera
- Pero no puedo dejarla sola
- No. Amir. Por favor. No te vayas. No me dejes
- Ve que me descompone a la paciente. Retírese
- Por favor, dijo Sofía. No deje que se vaya. Prometo portarme bien. Ve? ya no suenan esas cosas. Por favor

La enfermera los miró a ambos y comprendió que no lograría separarlos. Luego de revisar las máquinas se retiró.

- Sofia. Perdóname por favor 
- ¿Estás bien?. Dime que nada malo te sucedió - dijo Sofia acariciando su mejilla
- Lo peor que me pudo haber pasado fue el haberte tenido que dejar aquí sola.
- Pero ya estas de vuelta. Lo sabía. Sabía que volverías.
- No podía vivir sin ti. Mi padre lo terminó de entender cuando casi...
- ¿Casi qué? ¿Qué sucedió?
- Estás cansada. Otro día te cuento que pasó. Ahora debes descansar. Yo estoy ahora aquí para protegerte. Duerme tranquila.

Amir se recostó junto a ella mientras la abrazaba fuertemente, le besaba la cabeza y la frente y la boca. Un beso tierno, suave pero lleno de pasión. 

- Esta noche dormirá aquí en el hospital - Dijo Pedro que había salido junto a la enfermera y a Miranda para dejarlos solos.
- Yo me quedo con ella
- No puedes Amir. Debemos irnos. Ella aún tiene algunos golpes y magulladuras que le dejó ese infeliz. Debemos dejarla descansar

Sin ganas de hacerlo Amir se despidió de Sofía mientras esta dormía y juntos salieron los tres del hospital.

Ya era de noche y hacía frio.

- Amir tu teléfono. ¿No vas a contestar?  - preguntó Miranda
- No tengo ganas.
- A ver, déjame a mi, debe ser tu padre
- ¡Miranda!  - exclamó Pedro - Deja ese teléfono. No es tuyo
- Déjala Pedro, ya no importa.
- Pero es que no debe seguir pasándote a llevar así.

Discutían mientras Miranda hablaba por teléfono.

- Amir era tu abogado. Dice que el atacante de Sofia confesó al fin y que ya no está con peligro de muerte.
- Que bueno. Aunque te juro que se me vienen esas imágenes a la mente y lo único que quiero es retorcerle el cuello a ese infeliz.
- Vas a tener que retorcerle el cuello a alguien mas - Dijo Miranda
- ¿Qué dices?! - exclamaron los dos, Pedro y Amir al unisono 
- A que no adivinan...
- Qué cosa
- El tipo fu contratado para asesinar a Sofia
- ¡Cómo!
- Y adivinen quien fue
- ¡Olivia! - nuevamente contestaron los dos a la vez
- ¿Como supieron?
- Déjate de bromas Miranda, es algo serio. ¿Como lo sabes? - Dijo Amir
- Tu abogado. Es importante contestar a veces las llamadas Amir.
- Pero como contrató a este tipo si ella está presa.
- Además el era el antiguo novio de Sofía. El estaba pre...
- Exacto. Así lo conoció. Olivia debe haberse enterado de este antiguo novio en la cárcel y lo contactó.
- Está presa pero sigue teniendo poder y contactos importantes - dijo Miranda.
- Mi hermana no estará a salvo mientras este cerca tuyo Amir.
- ¡Está loca! Mañana hablaré con el abogado para ver qué haremos con ella. Ahora estoy muy cansado.
- Me imagino que se quedaran en mi casa - dijo Pedro, mirando fijamente a Miranda a los ojos.
- Ehhhh.. no lo se .. ¿Amir?
- No Pedro, yo me voy a un hotel, no quiero molestar. Además el solo hecho de volver ahí.. Perdóname, pero no me hará bien volver a revivir todo aquello.
- Yo no sé - dijo Miranda - Sólo vine a dejarte, creo que me volveré a la ciudad, ya están todos bien.
- Pero como vas a conducir a esta hora - dijo Pedro
- Quédate conmigo en el hotel Miranda - Dijo Amir sin ganas

Pedro los quedó mirando a ambos y decidió no insistir.

- Entonces los dejo. Nos vemos mañana
- ¡Espera! ¿Me puedo quedar contigo? No quiero estar sola.
- ¿Miranda no vienes?
- No Amir, me quedaré en casa de Pedro. Gracias igual por el ofrecimiento.

A Amir le extrañó esa reciente amistad entre Miranda y Pedro, pero no quiso indagar en aquello. Estaba muy cansado y solo quería que la noche pasara luego para volver a estar junto a Sofia.

Una vez en la casa de Pedro, Miranda observaba todo con cara de asco.

- Lo siento princesa, pero esto es lo que hay. Soy un tipo pobre y esto es todo lo que le puedo ofrecer

Sin hacerle mucho caso, Miranda comenzó a ordenar un poco el desorden que había quedado luego del ataque que había sufrido Sofía.

- Deja eso. Ya mañana arreglaré un poco. Ve a dormir. Debes estar cansada.
- ¿Cómo enciendo esto? - dijo Miranda haciendo caso omiso a lo que le decía Pedro
- ¿Tienes frio?... Espera, ya lo enciendo.

Pedro se apuró en ir por unos cerillos para encender el hogar mientras Miranda no dejaba de seguirlo con la mirada.

Pronto sólo sus sombras se podían ver reflejadas en los muros y en el cielo raso. Pedro fue por unas mantas para cubrirse. Aún el viento y el frío se colaban por las rendijas de las ventanas y por las que había dejado Amir al abrir a la fuerza aquella puerta para salvar a Sofia de su atacante.

Miranda se acurrucó cerca del fuego y Pedro hizo lo mismo cubriendola con la manta.

- Gracias. Y tu?. No tienes frio
- Sólo un poco
- Ahhh

Un silencio incómodo se produjo entre los dos. el que se vió interrumpido por un leve estremecimeinto del cuerpo de Miranda y el que aprovechó Pedro para acercarse mucho a ella. Tanto que decidió levantar las mantas, abrazarla y volver a cubrirse con ellas.

- Ahora estás mejor - preguntó él
- Sí. Gracias - dijo ella, sintiendo que el corazón se le saldría por la boca y que su rostro de pronto era casi del color del fuego.

Pedro también se sentía extraño. Nunca había tenido problemas para conquistar a una chica. Siempre todo le salía bien e iba por la que le gustaba sin temor. Pero ahora no entendía por qué temía hacer lo que venía sintiendo desde hacía un buen rato.
De pronto un fuerte trueno rompió el pesado silencio que los envolvía el que hizo a Miranda emitir un pequeño grito que la hizo hundir su rostro en el pecho de Pedro.

- Hey, es sólo un trueno - le dijo sonriendo muy cerca de su boca y tomandola de la barbilla que ya comenzaba a temblar con ese simple roce.

Miranda cerró los ojos y como un acto reflejo acercó su boca a la de él. Pedro la miraba con ternura, mientras ella estiraba sus labios para recibir lo que tanto ansiaba.

Pero al ver que no llegaba ese beso abrió de pronto los ojos y lo vió sonriendo. Se sintió avergonzada y quiso huir de ahí y desaparecer sin dejar rastro.

- He sido una estúpida. Cómo iba a imaginar que él o alguien pudiera sentir algo por mi - pensaba mientras agachaba la cabeza y se apartaba del abrazo de Pedro

- ¡Bruto - Exclamó Miranda cuando Pedro la volvió a abrazar para aferrarla a él.
- Si soy un bruto que te encanta!
- No, no me gustas
- ¿Ah no?, entonces señorita, esa será su habitación por esta noche - le dijo, señalando la habitación de Sofía a la vez que otro fuerte trueno estremecía e iluminaba el cielo nocturno - Que descanses. Adiós
- ¡Pedro!
- Buenas noches princesa
- Pero.... Tengo miedo - dijo bajito volviéndose hacia el fuego con el corazón encogido.

Pedro hizo ademán de irse del lugar y dejarla sola pero en cuanto Miranda se volvió se arrojó nuevamente sobre ella, abrazándola por detrás y besando su nuca, su cuello, acariciando sus cabellos. Esta vez Miranda alzó los brazos para tratar de alcanzarlo. Pedro la arrinconó contra una muro apretando su cuerpo contra el de ella. Tomó su rostro con ambas manos mientras su boca se perdía en aquellos labios que le pedían a gritos que los besara y sus piernas se entrelazaban por debajo de la manta que aun los cubría.

Pedro la tomó en sus brazos para llevarla hasta su cama donde el frío y la lluvia no tenían cabida. Sólo el calor, los abrazos y caricias fueron testigos de su pasión. Aquella de la que Miranda sólo había oír en cuentos que para ella eran fantasía que inventaban para darle celos, porque ella jamas sentiría aquel dolor, aquel calor ni aquel amor que en ese momento estaba comenzando a conocer y a aceptar.

Los primeros rayos del día los encontró desnudos sobre la cama. Él abrazado entre las piernas de ella. Ella con los ojos cerrados y con una gran sonrisa que iluminaba su rostro.

Es Miranda la que al sentir un poco de frío se despertó viendo a sus pies a este hombre de piel morena, fuerte y musculoso, con cara de niño juguetón y aventurero. Sus dedos comenzaron a jugar con los cabellos de él lo que hizo que Pedro se despertara lentamente y se diera cuenta de la situación en la que estaban.

La abrazó fuertemente, besó delicadamente sus ojos, sus mejillas, su boca. Y, ahí se quedó, besando, lamiendo, comiendo de esa dulce miel que resultaba ser para Pedro los labios y la piel de Miranda.

(Escrito 13/05/2010)

Continuará

lunes, abril 28, 2014

VESTIDA DE AMOR PROPIO / VERSOS Y POEMAS

Ella no tenía
nada más que sueños
albergados dentro de
un corazón aventurero

Sus rutas las dibujaban
Las estrellas de cielos
oscuros
Sin luna y sin miedos.

Ella no conocía
De domingos de iglesia
O desayunos sentada
a una mesa

Era, simplemente,
otra okupa acurrucada
en una rincón
de aquella bóveda estrellada.

Él solía acompañarla
en sus paseos junto a la
ribera del río.

Le gustaba observar
su inocencia desnuda
y acariciar con su mente
la flor desteñida de
aquella tierna boca transparente.

Él soñaba con besarla
y robar de aquella piel
ese perfume que lo hacía
estremecer.

Ella, un día se marchó.
Debía continuar
haciendo la ruta de sus sueños.

Sabía que más allá de los puentes
se escondía algo más
que los fantasmas que la acechaban.

Se armó con sus ropas
de amor propio
y aquel manto
de intocable
que sólo cubre
a los fuertes que no
han tenido otra elección
que tener que serlo...

Él no pudo alcanzarla.
Su alimento era blanco
y sus huellas pesaban.

Sam Mezylv

viernes, abril 25, 2014

REALIDAD SIN ESPERANZA / VERSOS Y POEMAS


Son virtudes de un dios que me amenaza.
Un devenir de ilusiones que no me alcanzan

Son la fe, el amor y la esperanza
las razones por las que el corazón de un hombre
se llena de venganza

Son hermanas de un sueño que se escapa
vestido de verde hacia el altar

Va sonriendo y es hermosa
Yo la observo desde la oscuridad

Hoy toda esperanza ha muerto

Su boca le pertenecerá a otro
No necesito la realidad

Trae su cuello desnudo
y dos alas que esta noche
la llevarán conmigo desde este lugar.

Sam Mezylv (Copyrght 2014)

miércoles, abril 23, 2014

SÓLO ABRÁZAME / 12. SÓLO ABRÁZAME


Pedro la observaba mientras Miranda mantenía sus ojos cerrados y la sintió frágil y débil, como una muñeca de porcelana. No pudo ni quiso evitar tomarla entre sus brazos y acercarla hacia él. La sintió rígida y pesada. Tenía los brazos cruzados en frente de su pecho y continuaba con los ojos cerrados.

-Miranda, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?. Mírame, soy yo. Abre los ojos.

Pero Miranda no lo hizo, en cambio, continuaba tensa entre los brazos de Pedro y pronto una lágrima comenzó a recorrer su mejilla.

Por su mente comenzaron a danzar las imágenes de Olivia y sus manipulaciones. Del asesinato de Katty. La sangre, y todo lo que se vino luego de la confesión del padre de Amir.

Ella no se había querido detener a pensar en todo eso. Sabía que toda la poca fuerza que aun la mantenía en pie se vería aniquilada y se vendría abajo. Debía ser fuerte. Estaba sola.

Pero ahora estaba aquel hombre frente a ella. Tan guapo, tan cálido y tierno que no sabía qué hacer con sus emociones. No las lograba contener y sentía que sólo debía ser ella misma. Una persona que no conocía realmente pero que ya iba siendo tiempo de darle una oportunidad de salir de ese caparazón que la había protegido del mundo que Olivia le había enseñado y que era el único que conocía.

-¿Qué te pasa? ¿Te he hecho daño?
- No me sueltes por favor

 Le suplicó Miranda

- No me sueltes... Sólo abrázame.

Susurró ella, pegando su cuerpo al de él, tan fuerte que casi queda sin aliento.

Pedro la aferró hacia él y comenzó a acariciar su espalda por sobre la bata hasta que Miranda comenzó a alzar los brazos para colgarse de su cuello y apoyar su cabeza en sus hombros para llorar despacio, muy bajito.

-Llora niña

Le dijo bajito al oído

- Llora, muñequita de porcelana.  Pronto verás que ya no estás sola.

Luego de un rato la tomó en sus brazos para llevarla hasta el dormitorio. No quiso dejarla sola y se recostó a su lado para acompañarla. Ella cayó rápidamente en un profundo sueño de esos que no recordaba que podía tener. Se sentía tibia, calmada y tan protegida que no quería despertar.

Al amanecer sonó el teléfono de Pedro.

- Hola.. Sí, ¿quien habla?
- ¡Pedro! Pedro por favor vente luego... ¡Sofia!
- ¡Quien es!
- Soy Amir. Pedro por favor llega pronto, Sofia esta sola en el hospital
- ¿Qué le pasó? ¿Qué le hiciste?
- ¡Yo nada! por Dios.  Por favor yo no puedo estar con ella ahora, ¡Pedro ven pronto por favor!
- ¡Hola! Amir ¡Amir!
- ¿Qué sucede? - preguntó Miranda mientras veía que Pedro se vestía rápidamente y salía de la habitación sin prestarle mucha atención.

- Pedro, dime por favor qué sucede. No me dejes así
- Perdóname. Debo irme. Algo sucedió. Sofia está en el hospital.
- ¡Pero como!
- No lo sé. Era Amir
- ¿Amir?. Pero si estaba loco por volver a verla
- Me voy Miranda. Nos vemos
- Espera ¿en que te vas a ir?
- En bus, no se, lo que pase primero
- No seas tonto yo te llevo. Llegaremos más rápido. Vamos

Pedro se sorprendió por la actitud de Miranda y se la quedó mirando extrañado.

- No me mires así. Es solo que quiero saber que le pasó a Amir.
- Sí, claro. A Amir - pensó Pedro mirándola de reojo mientras la observaba cuando se vestía y se arreglaba sus cabellos en una cola. Miró su cuello desnudo y tragó saliva
- No Pedro. Ni lo sueñes. A ella sólo le interesa Amir. ¡Qué mierda tiene ese flacucho que todas lo prefieren a él! - pensaba, mientras abría la puerta del apartamento para dirigirse hasta el jeep de Miranda.

Al llegar al hospital Pedro preguntó por su hermana y una pareja de policías se acercó a hablar con él.

- ¿Usted es el hermano de la señorita Sofia?
- Si, Dígame por favor que ha sucedido. ¿Cómo está ella, donde está?
- Tranquilo. Ella ya está recuperándose. Unos desconocidos fueron encontrados dentro de su casa y...
- ¡Qué, cómo, Quien!
- Cálmate Pedro por favor  - interrumpió Miranda al verlo desesperado. Tomó su mano y habló...
- Escuchemos que más tiene que decir el oficial
- La verdad que no sabemos mucho. Sólo que un hombre entró y quiso abusar de ella.

Pedro se agarraba la cabeza con las dos manos, mientras Miranda trataba de contenerlo.

- ¡Es mi culpa. La dejé sola!
- No Pedro. Por favor no te culpes - dijo Miranda.
- Dígame que está bien por favor - Exclamó Pedro
- No se preocupe, ella ya está mejor. Aun en estado de shock. Necesitamos una declaración. Tenemos a dos personas detenidas. Las dos se culpan y la confesión de su hermana es primordial.
- ¿Quienes son? - pregunto Miranda
- Uno dice ser el novio, Amir "algo", dice que se llama y el otro...
- ¡Amir! Si él es el novio. ¿Donde está? - Preguntó Pedro
- En la comisaría. No lo podemos liberar. El otro hombre está muy grave. Casi lo mata a golpes.
-¿Amir? ¿A golpes? - exclamó Miranda - Pero si él no es capaz de matar ni una mosca
- Si señorita, casi lo mata y puede que se le acuse de intento de homicidio. Por eso es muy necesaria la confesión de su hermana señor
- Dígame donde está ella por favor.
- Sígame, por aquí.
- Pedro, yo voy a ver a Amir. Debe estar desesperado. Nos vemos

Pedro no dijo nada. Solo la veía partir destrozado por la pena de sentirse culpable por no estar cuando su hermana más lo necesitaba.

- ¡Amir! - Exclamó Miranda al verlo al fin en aquella celda sucia, húmeda y oscura.
- ¡Miranda! - Respondió él, abrazándola fuerte
- ¿Cómo está Sofía, Supiste algo de ella? Por favor dime que está bien
- Si Amir. Ella está bien
- Todos preocupados por esa ... - pensaba Miranda cabizbaja mientras se acercaba hasta donde se encontraba Amir - Pfff!! ¿Qué le vieron?
- ¿No me mientes?
- No, vengo del hospital. Allá quedó Pedro. Los médicos dicen que sólo está en estado de shock pero que con la ayuda de su hermano debiera salir pronto de eso.
- ¡Es mi culpa! Por qué no llegué antes. Ese animal no se habría atrevido a acercársele
- No te culpes, por favor. Pero cuéntame qué sucedió.

Entre tanto Pedro tomaba la mano de Sofia mientras ella yacía inconsciente aun en aquella cama de hospital.

- Hermanita, por favor, perdóname
- ¿Pedro?.. - reaccionó Sofia
- Sofía.... Doctor. Doctor
- ¿Estás bien? Por favor dime que esa bestia no te hizo daño
- ¿Qué cosa? ¿De qué me hablas? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué sucedió?


Sam Mezylv

(Escrito 11/05/2010)
Continuará

martes, abril 22, 2014

SÓLO ABRÁZAME / 11. DOLOROSO ENCUENTRO

Mientras tanto Pedro debía pasar por el gimnasio a buscar algunas de sus cosas.

Por el camino, la lluvia había comenzado a caer copiosamente. Al poco rato estaba todo mojado.

Muy cerca de donde él estaba iba Miranda conduciendo su jeep.  Cuando lo vio parado en una esquina todo empapado, no lo pensó dos veces y apretó el acelerador hasta el fondo pasando a toda velocidad por sobre una poza de agua que estaba a pocos metros de Pedro, dejándolo aun más mojado y embarrado.

Al salir huyendo, se lo quedó observando por el espejo retrovisor sonriendo satisfecha, pero pronto se sintió arrepentida. Recordó que el día anterior había sido amable con ella como nadie, hasta ese momento, lo había sido.

Pedro estaba furioso. Se dio cuenta que había sido Miranda la que lo había mojado a propósito y sintió que la odiaba.

- Chiquilla de mierda Quien me manda a ser amable con gueonas tontas

Pensó, apretando los puños con fuerza.

- Hola, sube

Dijo de pronto Miranda abriendo la puerta del jeep para que subiera Pedro.

- Estás loca. Sale de aquí. ¡Lárgate!
- Perdona, fue un impulso. Por favor perdóname ¿si? Ven sube
- ¿Impulso? ¡Mira como me has dejado!
- Uy que enojado el niño regalón de la facultad
- Sale de aquí loca de mierda

Dijo Pedro muy enojado mientras seguía su camino en dirección al gimnasio.

Continuaba lloviendo y Miranda seguía a Pedro desde su auto, conduciendo lento junto a él, hasta que de pronto se detuvo en medio de la calle y se bajó del jeep corriendo para detenerse frente a él y tomarlo por los brazos.

- Por favor Pedro, de verdad estoy arrepentida. Fui una loca como tu me dices. Hay malas costumbres que son difíciles de desarraigar de mi personalidad. Por favor entiéndeme.

Pedro sólo la miraba sin comprender porque ese cambio de actitud de parte ella tan raro.

- Te perdono pero llévame luego a algún lugar donde pueda secarme y cambiarme de ropa.
- Si claro, yo también debo cambiarme, ven sube.

Una vez dentro del auto, Miranda no puede dejar de mirarlo de reojo. Le suben los colores a la cara cuando pasea sus ojos por aquel cuerpo.

Pedro se daba cuenta de esas miradas y decidió hacer lo mismo con ella. La comenzó a observar deteniéndose largo rato en la blusa mojada que dejaba ver claramente los pechos desnudos de Miranda; firmes, blancos, suaves.

- Llegamos - dijo ella algo nerviosa
- ¿Dónde estamos?
- En mi apartamento.
- ¿Ah si? - dijo Pedro coqueto - ¿y qué pretendes hacerme hoy aquí?
- ¿No querías secarte y cambiarte de ropa?
- ¿Y tienes ropa seca que me puedas prestar?
- No, pero la puedes secar en la secadora
- ¿Y que me coloco mientras?

Pedro se acercaba peligrosamente hacia el rostro de Miranda

- ¿Quieres que esté desnudo en tu apartamento.. solos los dos?
- ¡No seas idiota!. Ahí está el dormitorio para que te cambies y debe haber alguna bata por ahí para que te cubras.

Pedro reía burlón mientras se dirigía a la habitación de ella para quitarse la ropa mojada. Mientras Miranda hacía lo mismo en una habitación contigua.

- ¿Sabías que Amir estaba en la ciudad?

Dijo Miranda desde el pasillo que los separaba haciendo que Pedro casi se cayera de la impresión

- ¿Amir en la ciudad?
- Si. Anduvo haciendo preguntas en la facultad pero nadie le quería decir nada. Ustedes no dejaron dicho donde se irían.
- ¡Claro que si!

Dijo Pedro saliendo de la habitación cubriendo su cuerpo de la cintura hacia abajo sólo con una pequeña toalla blanca

Miranda al verlo casi se desmayó. Su boca y otras partes de su cuerpo comenzaron a humedecerse súbitamente y sus ojos no querían obedecer a su cabeza que le pedía a gritos que dejara de mirarlo así.

- Dejamos nuestra dirección en la oficina principal de la facultad
- Si, lo se - balbuceó Miranda - Yo le conseguí los datos. Amir habló conmigo ayer.
- ¿Pero como fue que no supimos nada de él en todo este tiempo?
- Ufff es una historia muy larga. Él ya se las contará
- ¿Y está aquí ahora?.
- No lo creo. Estaba desesperado por saber de tu hermana

Mientras hablaban él se sentó sobre un sofá muy cerca de ella y comenzó a secarse las piernas subiendo los pies arriba de una mesita de centro. Esto hacía que los ojos de Miranda volaran hacia aquello que se escondía bajo la pequeña toalla blanca y que sintiera que si él se acercaba un poco más podría perder por completo el control.

Miranda se volteó para no continuar mirándolo. Se sintió avergonzada. En algún momento creyó que su corazón se saldría por la boca y decidió poner una distancia prudente entre los dos. A Pedro le encantaba esa mirada de ella sobre su cuerpo y se tocaba a si mismo con toda intención, sólo para provocarla.

-  ¿No me digas que estás celosa de Sofia?
- No. No es eso
- Dime la verdad. ¿Estabas enamorada de Amir?
- No. Pero lo quiero mucho.
- Uff Manerita de demostrarlo ¡Quisiste matarlo mujer!
- Yo no quería eso

Miranda comenzó a llenarse de angustia con los recuerdos que se agolpaban en su cabeza.

- Hey si no es para tanto. Ya todo pasó.

Pedro se acercó hacia ella y no pudo evitar la emoción de querer abrazarla y tal vez protegerla de algo que ni él entendía.

- Olivia me envenenó la cabeza y el corazón. Yo era una niña.
- Si, ya lo se
- ¿Tu crees que a esta hora Amir haya encontrado a Sofia? - Preguntó Miranda
- No lo se. Ojalá que si. Siempre supe que era un buen tipo. Debe haber tenido buenas razones para desaparecer así, sin dejar rastros.
- Las tuvo. De eso no hay duda.
- Sofía va a estar feliz de verlo. Me gustaría estar ahí para ver su cara

Pedro observaba el rostro frágil de Miranda. Acariciaba sus labios con los dedos sintiendo una fuerte punzada en el corazón.

**********************************************************************

Al cerrar la puerta tras de sí, Sofía no lograba despegar la mirada de los ojos de Pablo quien se abalanzó sobre ella tapándole la boca con la mano.

- Ven acá pequeña - le susurró en el oído, tirándola contra la pared, sin quitarle la mano de la boca.

Sofía se sintió asfixiada. No lograba hacer que su cuerpo reaccionara. Él siempre lograba provocarle ese temor.

- Tiempo sin vernos eh?.... Me has extrañado cierto?.... tanto como yo a ti, mi pequeña Sofía

Mientras Pablo hablaba, sus manos comenzaban a quitarle la colcha que ella llevaba encima quedando sólo con un pijama que le dejaba piernas y brazos al descubierto. La sinuosa curvatura de sus pechos subían y bajaban con rapidez. Su mente estaba en blanco. Los latidos de su corazón parecían romper sus tímpanos haciendo que dejara de escuchar lo que él decía. Su cuerpo no le obedecía. Sofía temblaba.

- ¿Por qué te fuiste así mi niña? ¿No te dije que te encontraría a tí y a tu maldito hermano? ¿Recuerdas? ¡Te dije que me las pagarías maldita perra!

Pablo la comenzó a tironear hasta llevarla al sofá que estaba cerca del hogar. Apretó sus brazos para inmovilizarla cubriéndola luego con su cuerpo.

El era un tipo grande y fuerte. Sofía aún le temía. Más de una vez, cuando fueron novios, la había dejado a punto de morir en el hospital, pero ella nunca lo había denunciado. El, constantemente la amenazaba con que si lo hacía su hermano sería quien se llevaría la peor parte.

Pero aquella última vez que la había golpeado, su hermano Pedro la había seguido desde el hospital, en donde recién le habían dado el alta. La vio entrar temerosa a aquella misma casa en donde ahora ella sentía que volvía a vivir toda su pesadilla.

Sólo ahí Pedro pudo comprobar lo que ya presentía. Llegó justo a tiempo para quitársela de las manos y denunciarlo  a la policía a pesar de la insistencia de su hermana que no lo hiciera.

- Te va a matar Pedro por favor

Le decía Sofía llorando, pero Pedro no la oía.

Y ahora, ahí estaba nuevamente pero esta vez Pedro no estaba cerca. Estaba sola. Nadie vendría en su ayuda.

Pablo levantó la camisa del pijama y comenzó a apretar, morder y acariciar los pechos de Sofía. Ella tenía fijo los ojos en el techo. Su cabeza se llenó de recuerdos que habían quedado en un pasado lejano.

- ¡Eres mía oíste! Ya ves que no puedes huir de mi. Se que ahora estás sola. Tu hermanito se fue. Después de acabar contigo voy por él. ¡No te muevas perra!

Pablo mordía fuerte sus pezones y comenzaba a desabrochar su pantalón y a rozar su pene por encima de la ropa interior de ella.

Sofía, al oír como un susurro, de repente que aquel hombre podría hacerle daño a su hermano comenzó a reaccionar. Sus oídos dejaron de retumbar y oyó a lo lejos una voz que le pareció familiar.

- Sofía. Soy yo. Abre por favor. ¡Sofía!
- Amir

Dijo bajito

- ¡Amir!

Dijo esta vez con un poco más de fuerza

- !Sofía! Abre por favor. Soy yo Amir

- ¡Amir! ¡Ayúdame!

Sofía esta vez gritó con toda su fuerza y Amir no dudó en entrar rompiendo uno de los vidrios de la ventana que dejaba ver entre las sombras del fuego lo que ahí dentro estaba sucediendo.

Sofía comenzaba a reaccionar luego de haber escuchado la voz de Amir. Pablo la dejó tirada, desnuda sobre el sofá y corrió hacia la ventana para evitar que Amir lograra entrar. Pero este fue más rápido ´por lo que, cuando lo tuvo cerca, aprovechó su semi desnudez y le acertó una fuerte patada en la entrepierna dejándolo inmediatamente sin aliento y fuera de combate.

Luego corrió a ver a Sofía quien yacía casi desmayada por los fuertes golpes y mordiscos que Pablo le había propinado.

- Sofía. Mi vida. Por favor.. Despierta. Ya estoy aquí. ¡Sofía!

Pablo lo miraba desde el suelo y sonreía burlesco

Amir, con el rostro desencajado corrió hacia donde él yacía y enceguecido de rabia comenzó a darle de golpes una y otra y otra vez, sin medir sus fuerza, ciego de ira, sin darse cuenta que el hombre estaba casi muerto a sus pies
.
Unos vecinos se acercaron a ver el escándalo y lograron quitarle de las manos al violador y llamar a la policía y a la ambulancia.

Amir, un poco más tranquilo corrió a tomar entre sus brazos a Sofia, quien aun estaba desvanecida sobre el sofá.

La cubrió con la colcha y dulcemente le acarició la cara.

-Sofia, por favor despierta soy yo.

Pero Sofía no reaccionaba.

Pronto llegaron policías y paramédicos y se los llevaron a todos. A Amir a la comisaría y a Sofía y a Pablo al hospital.


Sam Mezylv

(Continuará)

martes, abril 15, 2014

SUEÑOS OLVIDADOS



¿Dónde viajan los sueños
cuando dejas de soñar?

Tal vez duermen 
tras de aquella luna roja
donde no los puedo
alcanzar

O se escondan en mi boca,
tras unos labios cerrados
y una lengua que se hunde
en las aguas de un silencio
frío

Quizá naveguen bajo mi piel
y lleguen de arribada
hasta mis manos.

Las mismas que un día
acariciaron millones de sueños,
soltaron sus amarras 
para zarpar hacia horizontes
impensados

Aquellos sueños
que hoy sólo son una huella de fuego
en los mares del olvido.

®

jueves, abril 10, 2014

SÓLO ABRÁZAME /10. ABANDONADA


La tarde se asemejaba a su tristeza.

Las nubes comenzaban a inundar un cielo gris y el viento se colaba por las pequeñas rendijas de las ventanas sin cortinas.

En el sur siempre era así. Ahí no había estaciones del año muy diferenciadas. Siempre parecía ser invierno. La lluvia pocas veces cesaba de caer y el frío nunca amainaba. Pero el paisaje era hermoso. Sofía no podía dejar de ver como el viento soplaba y mecía los árboles de la calle ni tampoco quería dejar de disfrutar de la lluvia ni el frío que se calaba por su piel.

Había pasado mucho tiempo desde que Sofía había perdido las esperanzas de volver a saber de Amir.

-Sofía, mañana debo volver a la capital a finiquitar algunos asuntos en la facultad, ¿no te da susto quedarte sola?
-No Pedro, no te preocupes. Yo estoy bien. Además ya me he ido acostumbrando a estar conmigo.

Pedro la miró con dulzura y la abrazó fuertemente. Aun seguía pensando que el haberla llevado de vuelta a la casa de su infancia había sido la mejor decisión. A pesar de que ahí tampoco tenía los mejores recuerdos de su vida, al menos se alejaría de Miranda y de su molesta presencia. Ésta, luego de haber salido libre de la acusación por complicidad en el asesinato de la madre de Amir, había volcado toda su rabia contra Sofía y no dejaba de acosarla en la facultad.

- Hermanita, prometo volver lo antes posible - le dijo, sintiendo una extraña presión en el pecho
- Ve tranquilo que yo estaré bien.
- Ya sabes que no debes abrirle la puerta a nadie. El teléfono... no olvides mantenerlo cargado y...
- ¡Hey! si ya no soy una niña. Anda ve tranquilo que se cuidarme.
- Si lo se, lo se. Es que me preocupas. Tu sabes. Aquella persona... no sabemos si...
- ¿No crees que sería el colmo de la mala suerte que se apareciera justo ahora? No Pedro, olvídalo. Esas cosas sólo pasan en las novelas.

Sofía le sonrió y luego le acercó la maleta.

- Ve tranquilo ya y vuelve pronto.

Pedro salió de la pequeña casa. Hacía mucho frío y la lluvia a ratos era muy intensa. Al cabo de unos pocos metros volvió la mirada hacia su hermana quien todavía lo observaba desde el umbral. No quería dejarla sola por muchos días. Sabía que su ex novio aún vivía en el pueblo y que había vuelto a salir de la cárcel después de la enésima acusación por abusos e intento de homicidio contra una de sus parejas de turno.
No le quiso contar nada de eso a Sofía para no asustarla. Confió en que muy pocos amigos sabían que estaban ahí y que después de tanto tiempo transcurrido Pablo no volvería a buscarla.

En la ciudad, Miranda estaba muy mal, estaba sola. No estaba Amir, no tenía a su madre cerca. No tenía amigos ni más parientes.

Como nunca había aprendido a relacionarse con la gente, a no ser siendo prepotente y mal educada, nadie sentía siquiera un poquito de lástima por ella. Seguía asistiendo a la facultad pero no iba a estudiar. Iba en busca de compañía.

Pedro continuaba siendo muy popular entre los estudiantes. Sobre todo después de lo ocurrido con su hermana y con Amir. Todos sabían algo de la historia y al verlo llegar de vuelta muchos se le acercaron a saludar con aprecio y a preguntar por Sofia.

- Hola amigos Que felicidad volver a verlos
- Cómo has estado
- Bien, bien gracias
- Y tu hermana ¿cómo está?
- Bastante mejor. Gracias
- Pucha Pedrito. Siento tanto lo que le sucedió. Ella no se lo merecía.
- Está bien. Ya pasará.. Todo pasa ¿no?
- Oye y supiste que la tal Miranda sigue viniendo a la Facultad
- Pobre, da lástima.
- ¿Por qué da lástima? - pregunto Pedro intrigado-
- Porque se nota que anda buscando amigos y nadie la pesca
- Pero si es tan pesada
- Jajaja Siiii
- Mira - dijo uno - ahí anda

Pedro la miró y no pudo dejar de compadecerse por por ella. Andaba muy mal vestida, desordenada, hasta parecía que no se bañaba hacía días. Él siempre la había visto como una de las chicas más lindas de la Universidad, pero como era tan desagradable no se daba vuelta a mirarla dos veces.

Miranda se percató que la observaban y reconoció al hermano de Sofia en el grupo. Se asustó y quiso salir corriendo pero Pedro la alcanzó a tomar del brazo suavemente.

- Espera, no huyas, si no te haremos daño - dijo Pedro, mirándola directamente a los ojos mientras ella bajaba la mirada y callaba.
- Pero Pedro ¿qué haces? - dijeron sus amigos - Esta mina le cagó la vida a tu hermana
- ¿Pueden dejarnos a solas por favor? - pidió él, sin apartar la vista del frágil cuerpo de Miranda.

El grupo se disolvió rápidamente, sin entender esta actitud extraña de su amigo.

- ¿Cómo has estado? - dijo él con voz dulce
- Mal. Pero a ti que te importa sucio bastardo - respondió Miranda gritando y poniéndose a la defensiva 
- Uy niñita. Seguimos siendo la misma. Tranquila. Si no te voy a hacer nada. Solo quiero conversar.
- ¿Y de que querrías conversar tu conmigo?  ¿De tu hermanita querida? Debes saber que me importa un bledo lo que pase con ella
- Si me lo puedo imaginar... ¿Y que te importa o quien te importa? .

Miranda se quedó sin poder contestarle. Se sintió incómoda y desnuda ante esa mirada que la hacía sentir muy extraña y quiso salir huyendo nuevamente.

- Eh! No te vayas aun. Me gusta mirarte.
- Idiota - respondió Miranda, marchándose corriendo hasta alejarse del todo de la mirada de Pedro.

Él, mientras la veía correr, pensaba que era la primera vez que la tenía tan cerca. Quería creer que en el fondo no debía de ser una mala persona.

Sofia mientras tanto, está sola en casa, escuchando música, leyendo, tratando de distraer sus pensamientos para no soñar con que en cualquier momento entra Amir por aquella puerta para rescatarla de su pena y soledad.

Sueña que nuevamente está adormecida entre sus brazos, respirando su piel y bebiendo de sus labios.


Cerró los ojos dejándose abrigar por el calor que emanaba del hogar, el mismo que la transportaba a su sueño favorito; el de estar nuevamente junto a él, de volver a tenerlo cerca de ella, de volver a besarlo, tocar su boca con sus dedos para que el juguetee con su lengua y la bese. La tome por su cintura y la eleve para aferrarla fuerte contra su cuerpo.

Pero un golpe seco en la puerta la despertó bruscamente.

Se desperezó rápidamente

- Debe ser la vecina que me viene a dejar el pancito amasado calentito - pensó, mientras se acercaba a la puerta sonriente, cubierta hasta la cabeza con una colcha vieja.

- ¡Hola! Pero que gusto saber que me esperabas tan contenta

Sofia sintió hielo correr por su espalda. Sus piernas le flaquearon y aquellas viejas heridas volvieron a escocer como hacía mucho tiempo no lo hacían.

- Hola - respondió Sofia titubeando

 La puerta ya estaba abierta. Sabía que no podría cerrarla y esconderse para pedir ayuda. Lo mejor será enfrentarlo, pensó. Mientras Pablo bloqueaba la entrada con su pie.



Sam Mezylv
(Escrito 07/05/2010)

Continuará

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