jueves, octubre 17, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 12.

-Señora jueza; considerando todas las pruebas aquí presentadas, es que vengo a solicitar la libertad provisional para mi representada ya que, como pudo darse cuenta, no representa peligro para la sociedad.

-Señor Fiscal, su turno - dijo la jueza, sin levantar la mirada.

-Señora jueza, como bien dice el abogado de la acusada, las pruebas son concluyentes. Ella, efectivamente representa un peligro, si no para la sociedad en general si para su pequeño hijo. Quedó demostrado por los testigos que la señora Emma Carrizo no le presta atención ni tampoco le demuestra algún tipo de cariño, dejándolo abandonado a su suerte en reiteradas ocasiones. Además si consideramos los delitos por los que se le acusa...

-Señor fiscal - interrumpió la jueza - estamos aquí para deliberar la libertad provisional de una madre quien,  a pesar de lo que digan terceras personas, cuenta con todo el derecho de visitar a su hijo y estar junto a él.

-Señora jueza - dijo el fiscal - le recuerdo que la señora Carrizo está acusada de asesinato.

-Delito que aun no se comprueba, señor fiscal. -dijo el abogado de Emma

-Señores, silencio. Estoy lista para entregar mi veredicto para ese caso.

Emma, después de tanto fingir un lastimero llanto durante prácticamente todo el tiempo que duró la audiencia, se quedó callada para escuchar con atención.

-Si bien la acusada no cuenta con los méritos suficientes para otorgarle libertad provisional y, viendo que los plazos para su juicio por los delitos que está siendo acusada se acercan, es que esta corte le otorgará dicho beneficio con firma semanal, Esto lo determino para que pueda visitar a su hijo en casa de la familia que en estos momentos tiene su custodia. Estas visitas serán vigiladas y el niño no podrá salir de la casa que lo cobija.

Demás está decir que no tiene permiso para salir de la ciudad y menos del país - Finalizó diciendo la jueza.

Emma miró atónita a su abogado. De no haber estado esposada lo hubiera estrangulado.
-¡Me juraste que tendría una libertad más amplia! - le susurró al oído antes de ser sacada del tribunal.
-Tranquila. No pude hacer más. Agradece que la jueza tuvo piedad - le respondió el abogado mientras guardaba sus papeles en un maletín sin mirarla a la cara.

Consuelo corrió hasta el cuartel donde tenían detenido a Max. Rosario iba con ella. Lograron convencer a los guardias y le permitieron verle por unos momentos.

-¡Consuelo, mi amor! - Exclamó Max al verla. La abrazó con fuerza para luego besarla con ternura, acariciando sus mejillas y sus labios. Rosario no entendía porque su corazón y su cuerpo no supieron responderle como siempre lo había soñado cada vez que imaginaba volver a verlo y a tenerlo tan cerca.

-¡Consuelo, al fin te tengo junto a mi! - dijo él aferrándola a su cuerpo
-Max, dime por favor que está pasando. ¿Por qué estás aquí?
-No lo se, mi vida, no lo se. No me han dicho nada. Seguro se trata de un malentendido. Ya verás que todo se soluciona pronto.
-Pero Max, ¡no parece ser un mal entendido!. Allá afuera logré que me dijeran que estabas metido en un lío de drogas. ¡Dime por favor que no es verdad!.
-¡¡Claro que no es cierto!!. ¡Tu me conoces!
-Creía conocerte - dijo Consuelo con voz baja y mirando el piso.
-¿Qué dices? -preguntó Max asustado tomándola por los brazos
-No importa. Solo pensaba en voz alta. No me hagas caso - dijo riendo Consuelo tratando que no se notara su frustración y rabia contenida por tanto tiempo. 

En su mente resonaron las palabras de Alejandro "..Te dejó por otra... No le importó nada y te abandonó" y no pudo evitar que las lagrimas inundaran su mirada.

-¿Has hablado con alguien acá? - Preguntó Consuelo dándole la espalda e intentando parecer fuerte.
-No, aun no lo he hecho - dijo Max, cabizbajo. Entendió el reproche de Consuelo y prefirió mantenerse callado. No era el momento ni el lugar para explicarle como sucedieron las cosas y pedirle perdón.
-Intentaré hablar con alguien en la embajada. - dijo Consuelo mientras que un guardia ya entraba a la celda a sacarla con fuerza del lugar.
-¡Hey, no es necesaria tanta brusquedad! - exclamó ella.
-Lo siento señorita son ordenes. Debe marcharse de aquí. El detenido será trasladado
-¡Pero tengo derecho a hablar con un abogado!- gritaba Max mientras era sacado de aquella celda para llevarlo a un lugar desconocido.

Consuelo con las manos en la boca, llorando desconsoladamente abrazó a su amiga Rosario quien observaba aquel espectáculo tristemente.

-¡¡Consuelo, Alejandro!! -exclamó Rosario
-¿Qué?, ¿dónde? - Se asustó Consuelo
-¿Que no recuerdas?. Me contaste que aquella noche en el balcón te dijo que era diplomático o algo asi.
-¡Tienes razón!. Lo había olvidado. Tal vez él pueda ayudarlo. Pero.. Ay !La cagué!- dijo Consuelo, agarrandose la cabeza con las dos manos.
-¿Qué dices?- preguntó Rosario
-¡Eché todo a perder! Le dije que no lo amaba y que no volviera a buscarme nunca más. ¡Soy una estúpida!
-¡No seas ridícula!. Llámalo. Seguro que viene - Le dijo Rosario con vehemencia; mientras ambas amigas veían el vehículo en el que transportaban a Max alejarse hacia algún lugar que ellas desconocían.

En los momentos en que Emma estaba en el tribunal, Aida se las ingenió para buscar al alcaide y comentarle lo que había escuchado hacía unas noches atras.

-Si, ya lo se - dijo malhumorado el alcaide golpeando la mesa con su puño
-Al menos el niño estará salvo - exclamó Aida
-No lo sabemos. Me acabo de enterar que le dieron un permiso especial para que visitara a su hijo
-¡Pero como!- exclamó Aida
-¡Esa jueza idiota!. ¡Siempre nos hace lo mismo! - dijo él, sentándose en su sillón preocupado.

Sonó el teléfono, el alcaide corrió a contestar.

-Si, buenas tardes... Ah, si bueno.. buenas noches señor.

Aida se disponía a retirarse de la oficina pero el alcaide la retiene de un brazo y la hace sentarse frente a él.

-Si señor. Estamos al tanto de lo sucedido. Fui yo quien les llamó advirtiéndoles de la situación.... No señor... Efectivamente señor...

Aida lo miraba con sus grandes ojos negros intentando escuchar lo que decían al otro lado de la línea y adivinar de qué se trataba la conversación.

-Lamento muchísimo que no haya podido informarles con mayor anticipación a los hechos. Ese pobre hombre es una victima en todo este caso y su hiji.... Si señor...Estaremos en contacto directo ahora que usted me ha dado su línea privada. Usted ya sabe como ubicarme entonces.... Hasta pronto y gracias.

-¿Me puedo ir ahora? pregunto Aida
-¿No quieres saber quien era?

Aida lo miró aun más extrañada. ¿Por qué la querría hacer partícipe a ella, una simple convicta extranjera, de una conversación que parecía importante?.

-Listo tío, ya está en marcha el plan - dijo Alejandro colgando el teléfono
-Que no me digas tío hombre, que me llamo Hernán - exclamó el duque sonriendo y golpeando la espalda de Alejandro.
-Disculpa "Hernán", es que desde niño siempre te he llamado así. Me cuesta cambiar algunas costumbres jejeje - dijo Alejandro con cierto tono melancólico. Pensaba que ojalá fuera más fácil olvidar y dejar atrás todo su pasado y el dolor que le provocaba el evocar su niñez y su primer y único amor.
-¿Qué te pasa hijo? -preguntó Hernán - Desde que llegaste te he notado como preocupado. ¿Alguna noticia de tu madre?
-Todo está bien en casa Hernan. Sólo estoy cansado.
-¡No le mientas al duque Alejandro! -exclamó Mike desde un rincón del salón - Sabes que tarde o temprano se enterará
-¿De qué debo enterarme? - preguntó enérgico el duque
-Se reencontró con su pasado. -dijo Mike antes de que Alejandro lograra hacerlo callar
-Mike, no sigas por favor su am. Ahora tenemos que trabajar - dijo Alejandro fulminándolo con la mirada
-Si niños, vayan. ¡Luego hablamos eh! - dijo Hernán con tono de preocupación.
-Está todo bien, ti.. perdón, Hernán - dijo Alejandro saliendo del salón para dirigirse hacia la calle acompañado de Mike.

Al bajar las escaleras sonó el teléfono móvil de Alejandro y este se lo quedó mirando petrificado. 
-¿Qué pasa?, ¿por qué no contestas?- dijo Mike
-Es Consuelo - respondió él, con los ojos brillantes y con el corazón en la mano.


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(Escrito 12/10/2010)

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 11.


-Hola!!. Te llamo para contarte que logré comunicarme con la Interpol en Madrid -Dijo el alcaide al Director de la Policia, con cierto tono de preocupación.
-¿Qué pasó?, ¿por qué lo dices con ese tono?
-Llegamos tarde. Los narcos lo cargaron y ahora está detenido.
-¿Pero lograste hablar con alguien allá?
-Estoy haciendo los contactos. Te pido la ayuda correspondiente para estos casos. Tu ya sabes que sus redes son tremendamente influyentes. Es posible que incluso lleguen a matarlo. De ser así perderemos toda posibilidad de atrapar a estos conchesumadres  - exclamó el alcaide, tomándose la cabeza con la mano con la mirada llena de rabia.
-Si, ya te corto y comienzo a hablar con las autoridades correspondientes. Esto no se nos puede escapar de las manos.
-Me avisas a cualquier hora. Estaré al pendiente
-Está bien. Adios.

Aida intentaba dormir en su celda. Hacía poco habían dado la señal para que apagaran las luces y ella yacía tirada en la cama pensando en su hija e imaginando que tal vez pueda volver a verla pronto.

-¡Está listo weona!- dijo la Rosa, casi en un murmullo que logró sacar de su ensoñación a Aida.
-¿Ya cayó? - preguntó Emma eufórica.
-Si, pero con el cabro chico no pudieron dar. - Mintió la Rosa. Era muy peligroso involucrarse en un caso de secuestro de niños y ella sabía que los que iban a hacer el trabajo habían sido detenidos, lo cual podría significar que en cualquier momento podrían hablar. Su nombre no podría llegar a relacionarse con aquel delito.
-Ya no importa. Él es el que me interesa más que nada, ¡que se muera!. ¡Que lo maten!! - Emma ahogó las ganas de gritar esa última frase. Sintió que Aida se movía suavemente en su litera. Todas se quedaron quietas y callaron por unos instantes.
-No hay de que preocuparse. Esta negra no dirá nada - murmuró nuevamente Emma 
-Hace tiempo que le estoy dando unas pepas pa que se duerma y así no nos molesta.

Efectivamente Aida había estado sintiéndose un poco rara desde hacía algún tiempo. No era normal en ella tanta somnolencia. Una noche quiso ver si sus sospechas tenían algún fundamento y armó una gran pelea a la hora de la cena. 


Bebió de su agua y una vez estando el líquido en su boca lo escupió a la cara de la reclusa que tenía en frente. 


Aida sabía que no sería difícil de enfrentarla. Era una chica recién llegada y pensó que esta situación le haría bien a su convivencia ahí dentro.


Las guardias lograron separarlas, no sin antes llevarse unos buenos golpes.


Su comportamiento tuvo amargas consecuencias, las que estaban dentro de sus planes. Fue aislada del resto y la llevaron a lo que llamaban "celda de castigo". Una vez ahí, comprobó que efectivamente Emma la estaba drogando ya que volvió nuevamente su agilidad mental y dejó de tener esa somnolencia que no lograba controlar.


Una vez que el castigo hubo terminado, Aida se las ingeniaba cada noche para hacerle creer a Emma que se estaba tomando su dosis. De esta forma estaba siempre alerta ante cualquier información que pueda ser relevante en lo que al pequeño Maxito se refería. De quien no sabía nada más que su madre era una bestia mal parida que no lo amaba y eso la llenaba de rabia. 


Aquella noche Aida escuchó los murmullos de la conversación que mantenían Emma y la Rosa de celda a celda. Se alegró de saber que aquel niño a quien no conocía estaba a salvo. Pero a la vez sintió mucha pena por su padre.


-Está listo pa la foto - dijo la Rosa riendo burlona - De esta no puede escapar.
-Los locos hicieron que lo pillaran con mucha droga. El plan es que lo impliquen con una red muy grande que existe a nivel mundial.
-¿Cómo lograste eso Rosa? - exclamó Emma
-Tengo buenos contactos y están interesados en continuar con la movía aquí dentro. Yo les dije que habría buena paga así que ahora te toca a ti continuar con la parte del trato.
-En cuanto salga de aquí y me haga de esa fortuna te pagaré muy bien. Ya te lo dije
-¡Pero cuándo será eso!
-Ya mañana tengo mi cita con la jueza. El abogado que me puso el primo de Max me dijo que tenía que llorarle harto por la separación de mi hijo y que por ahí podría ganarme una libertad condicional.
-Mmm... Si, las minas son manipulables a veces. A mi siempre me asignaron un juez. Nunca me dejó volver a ver a mis hijos - dijo con voz entrecortada la Rosa.

En la mansión a las afueras de la ciudad de Madrid, se encontraban nuevamente Alejandro y Mike. Se saludaron cortesmente y entraron en el gran despacho del Duque de Zeballos.


-¡Estamos a poco de alcanzar nuestra meta señores! - dijo el duque a los muchachos.
-¡Hola tío! -exclamó Alejandro, acercándose a él para abrazarlo fuertemente. Lo mismo hizo Mike.
-¿Qué novedades nos tienes?. Hacía tiempo que no te veía tan contento - dijo Alejandro
-Si Hernán. ¡Tell us! ¿A qué se debe la urgencia de tu llamado? ¡Si supieras lo que acabas de interrumpir! - Exclamó Mike, añorando la imagen sensual de Rosario antes de marcharse.


Alejandro recordó, a su vez, las duras palabras de Consuelo. -"Yo no te amo"- Y una pesada carga de amargura se instaló en su rostro.


-Muchachos los he convocado a esta reunión urgente para contarles acerca de los últimos acontecimientos relacionados con nuestra causa.
-¿Es que has tenido noticias frescas de los embarques?, ¿ya se sabe por donde podremos continuar con nuestras operaciones? - preguntó Alejandro, intentando dejar atrás la melancolía.
-La mercancía está llegando a buen puerto mis queridos jóvenes y estamos muy cerca de conseguir nuestro objetivo final - Dijo pausadamente Hernan sirvíendoles una copa de vino a cada uno y a sí mismo.
-¡Brindo por que todo saldrá según lo planeado esta vez! - Exclamó el Duque, alzando su copa. Lo mismo hicieron Alejandro y Mike sonriendo.
-Aunque tenemos un pequeño problema... Hay un compatriota tuyo Alejandro, involucrado en nuestros negocios y es necesario que ambos se hagan cargo del asunto. -Dijo Hernán, dándoles la espalda a los muchachos para acercarse hasta su escritorio.


Alejandro y Mike se miraron extrañados aun con sus copas en la mano. Siguieron los pasos del Duque, luego se acomodaron frente a él para escuchar sus instrucciones.




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(escrito 06/10/2010)



APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 10.

Consuelo salió del baño con algo de temor. Escuchó el ruido de los pasos de Alejandro y decidió pensar en lo que le diría. Después de todo -no pasó nada- se dijo, un tanto ruborizada al recordar los acontecimientos de la noche anterior.

Le gustó sí. Su imaginación muchas veces la llevó a vivir una experiencia como aquella. La deseo inconscientemente incluso cuando le volvió a ver. Pero ya había resuelto que él no era un buen chico para ella.

A pesar que él ya le había comentado que había sanado y limpiado su cuerpo y su alma de todos los excesos que había cometido en su juventud, Consuelo no dejaba de recordar aquellos ojos, las manos de él rodeando a Emma, la posibilidad de que, si no abusó de ella, al menos lo habría intentado.

Todo aquello perturbaba su mente. Aquella sensación de peligro que él le provocaba y a la vez de pasión la podrían llevar a perder el control. Cosa que no podía permitirse.

Alejandro la esperaba sentado a la mesa de la cocina. Servido estaban dos cafés bien calientes y unos trozos de pastel que guardaba de hacía algunos días. - No huelen mal - pensó, al sacarlos de la nevera - No tienen mal aspecto.. Perfecto - Se dijo y se alistó para declararle nuevamente todo su amor a ella. La sonrisa le iluminaba el rostro y su corazón latía de felicidad. De aquella felicidad que siempre le fue tan esquiva y que sentía que ya estaba por quedarse al fin junto a él.

-Ehhh... Hola - Dijo ella acercándose lentamente hacia él.
-Estás preciosa esta mañana - Le respondió Alejandro con los ojos brillantes
-Gracias - sonrió nerviosa - Alejandro.. lo de anoche... por favor... 
-Lo de anoche fue algo maravilloso Consuelo - dijo él acerándose hacia ella tomándola de las manos y acariciando sus cabellos.
-Alejandro, por favor no quiero ...
-¿Qué pasa? ¿Hice algo mal?
-Por favor déjame terminar de hablar - dijo ella firmemente quitando las manos de él de su rostro.
-Alejandro. Si en alguna ocasión yo pude haber llegado a sentir algo por ti fue hace muchísimos años. Cuando aun era una niña. Hoy... ya no - dijo sin mirarlo y agachando la cabeza.

Alejandro tragó saliva para intentar evitar que se armara ese nudo en la garganta que con seguridad le haría derramar alguna lágrima.

-Por favor trata de entenderme. Me dejé llevar por la noche, la brisa del viento, tus manos, tus besos...Pero no. No puedo. Por favor perdóname. 
-¡Consuelo yo te amo! - dijo suplicante él.
-Pero yo no. Y creo que nunca llegaré a hacerlo. Me provocas confusión. Haces que no tenga dominio de mi y eso me aterra. 
-¿No has pensado que lo que dices que te provoco puede ser también amor? - dijo Alejandro con tono severo.
-No.. ¡De ninguna manera!- exclamó ella, guardando silencio por unos instantes y pensando - sólo podré amar a Max - 
-¡No me digas que aun piensas en él! - exclamó Alejandro, mientras Consuelo sentía que él había logrado meterse en sus pensamientos, lo que nuevamente le hizo sentir temor.
-Si. El vendrá por mi en cualquier momento. El me ama y ...
-¿Te ama?.  ¡Cómo puedes decirme que te ama si te dejó por otra! ¡No le importó nada y te abandonó!

Consuelo rompió en llanto tras darle una fuerte cachetada. Estaba llena de angustia por dentro. Sabía que en el fondo él tenía razón. Max la había abandonado por Emma, la misma persona que siempre hizo lo imposible por quitarle todo lo que ella más amaba.

-Yo nunca dejé de amarte - dijo suavemente Alejandro sobándose la cara tras el feroz golpe que Consuelo le había propinado.
-Cada vez que conocía a una chica quería ver algo de ti en ella. Cada vez que amaba a una mujer anhelaba que fuera tu cuerpo el que tenía entre mis brazos, cada vez que la besaba eran tus labios los que quería besar, morder y acariciar - le dijo, al momento que se acercaba a ella con pasión para rodear su cintura con sus brazos y rozar con sus dedos aquellos labios.

Consuelo al oírlo no pudo dejar de sentir algo extraño en su vientre. Un ligero calor se apoderó de su cuerpo y recordó que Max había sido el único hombre que la había hecho suya. El pensar en la experiencia que podría brindarle Alejandro revolucionó todos sus sentidos y creyó que las piernas no le responderían a la hora de salir huyendo de ahí.

Estando a pocos centímetros de la boca de Consuelo. Ella cerró los ojos y pensaba - que me bese pronto por favor, que me bese- .. Pero el teléfono móvil de Alejandro comenzó a sonar ruidosamente.


Él intentó hacer caso omiso y continuar con lo que estaba por hacer pero por el sonido del móvil sabía de quien se trataba y debía responder.


-Perdóname, debo contestar. - le dijo, dejándola sola en la cocina con los cafes aun tibios servidos en la mesa.


Mientras Alejandro hablaba encerrado en su habitación, ella trataba de poner sus pensamientos en orden.


-Debo irme ahora. No puedo continuar con esto. Max... El me dará calma nuevamente.


Cuando Consuelo se disponía a salir Alejandro la tomó de un brazo.


-Debo irme a una reunión importante en este momento. Debemos continuar con esta conversación. No descansaré hasta convencerte de que me amas tanto como yo a ti.
-No es cierto. Has provocado que renazcan en mi sentimientos de infancia que me han confundido por algunos instantes pero amor.. No querido.. Eso no es amor.. No me busques ok?.


Alejandro no insistió y la dejó partir con algo de tristeza en la mirada.


- No puedo estar tan equivocado. Se que me ama. Me lo dijeron anoche sus besos, sus caricias. Nunca antes me había sentido asi - Pensaba, mientras tomaba sus cosas para dirigirse a aquella reunión.


Al acercarse a su edificio Consuelo escuchó mucho ruido de sirenas y gente gritando. Se asustó y fue corriendo a ver qué era lo que sucedía.


Al doblar la esquina vio a Max con los brazos en alto en el portal de su casa.


-¡Al suelo! -le gritaba un policía mientras lo apuntaba con un arma.
-Tranquilo, no he hecho nada - le respondía él asustado


La policía hizo que se arrodillara y luego lo pusieron boca abajo. Le revisaron la ropa y su pequeño equipaje, luego lo esposaron.


Cuando lo estaban subiendo a la patrulla Consuelo pudo reaccionar y lo llamó a la distancia.


Max estaba muy asustado. Sólo se le oyó decir muy bajito - ¡Consuelo... Consuelo ayúdame!


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(Escrito 05/10/10)

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 9.

Al despertar, Rosario se levantó rápidamente para preparar café y estar atenta a la llegada de su amiga Consuelo, la que, con seguridad, estaría muy enfadada con ella por haber quebrantado una de las principales reglas de su convivencia.

Mike continuaba durmiendo. Rosario se acercó a la habitación con una taza de café atrapada entre sus manos. La mañana estaba fría; ya se dejaba sentir la llegada del otoño.

Al verlo desnudo sobre su cama y recordar lo que había sucedido la noche anterior, una leve sonrisa se dibujó en su cara y pensó,  - no ha estado tan mal este tío. Se que si me lo propongo me podría llegar a enamorar de él.

-¡Anda, despierta guapo! - dijo Consuelo moviendo suavemente los brazos del embajador y sentándose a un lado de la cama.

Mike abrió sus brillantes ojos azules y se la quedó mirando por unos momentos. Rosario no entendió aquella mirada. Sintió un pequeño escalofríos al percibir sus ojos sobre ella y le costó reaccionar a aquella situación.

-It was a wonderful night - pensaba Mike mientras la observaba. - How I can run a way this time?. -suspiró-. I can`t allow me that she goes. Not yet... She´s so good!!.

-¡Vamos que llega Consuelo y nos mata a los dos! -Exclamó al fin Rosario, saliendo de la habitación rápidamente un poco desconcertada.

Se sentó en un sofá sobre sus piernas un poco asustada por esa extraña reacción de Mike al despertar.
Un silencio eterno se hizo sentir mientras Rosario esperaba a que el embajador estuviera vestido.

-¿Me habré equivocado con él? - pensaba - Bueno si no le ha gustado se puede ir al carajo. Al fin ya aparecerá el millonario que ando buscando. 

-¡Buenos días hermosa señorita! - Exclamó Mike regalandole una sonrisa fresca  y cálida.

Rosario no dijo nada. Sólo se lo quedó mirando sin entender lo que estaba sucediendo.

-Mike, no puedo quedarme con esta inquietud. Tu reacción de hace unos momentos me ha dejado muy mal. Dime que es lo que pasa. ¿Porqué me has mirado de esa manera?
-¿De qué manera Rosario?. Abrí mis ojos, te vi ahí tan bella. ¡Ha sido un maravillosos despertar a tu lado!. Y ese rico olor a café. ¿Me das?.

Rosario le sonrió y se fue a la cocina a prepararle aquel café. Se sentía un poco más tranquila pero de todas formas había algo que no encajaba.

-Consuelo debe estar al llegar - Dijo ella desde la cocina - Y va a estar muy enojada conmigo.
-Pero ¿porqué?. ¿No se ha ido con Alejandro?. El es un caballero. Seguro le ha ofrecido espacio en su apartamento. - dijo Mike observando cada movimiento que hacía Rosario con apasionado interés.

-Es que ella es muy rigurosa y estricta. Yo soy más desordenada
-¡Y me fascina! - le interrumpió Mike abrazándola por la espalda y besando su nuca y su cuello.
-Señor embajador. ¡Por favor!. ¡Mantengamos el protocolo!- dijo coqueta Rosario dejándose besar y acariciar muy complacida. Olvidando por un instante la inquietud que le había provocado su actitud al despertar.
-¡Ahhh. Rosario es que eres una salvaje tentación para todos mis sentidos!.

Mike comenzó a levantar la camisa que cubría el cuerpo desnudo de Rosario y a acariciar sus bellas piernas; suaves y frescas. La acorraló entre su cuerpo y la nevera para llenarla de besos, tomar sus caderas y acercarla hacia su cuerpo.

-¡Mike tu móvil! - exclamó Rosario con la respiración agitada.- ¡Está vibrando!
-Fuck!! - gritó Mike apresurándose en ir a responder luego de darle un beso fuerte y profundo en la boca a Rosario.

Consuelo se despertó sintiendo un gran peso sobre su costado. Abrió los ojos asustada porque ya se venían a su memoria los recuerdos de la noche recién pasada.

Alejandro la rodeaba completamente, su cuerpo caliente se dejaba sentir por entre las ropas de la cama. Consuelo lo miró tiernamente y acarició sus brazos desnudos haciéndola estremecer nuevamente. Recordó que se había dormido cuando él comenzaba a relatarle su versión de lo que había sucedido aquella noche, muchos años atrás, cuando aun pensaba que Emma era su amiga, a pesar de que todos sus amigos y familia le decían que no era de fiar, que la envidiaba y que se cuidara de ella.

-¡Cómo tenían razón todos!- Pensó, recordando que fue ella quien al fin logró arrebatarle a la persona que más amó en su vida, Max.

En el fondo de su alma quería creer que Alejandro no le hizo daño a quien fuera su amiga del colegio. Pero el recuerdo de sus ojos inyectados de drogas y alcohol y que esos mismos brazos que ahora la rodeaban, en aquella ocasión, apretaban el cuerpo de Emma contra el de él. No lo podía soportar. Muchas dudas se le vinieron a la cabeza.

Se quitó de encima el cuerpo de Alejandro, recogió sus ropas que estaban esparcidas por la habitación y se encerró en el baño.

Alejandro sintió las manos de Consuelo sobre su piel y todo su cuerpo vibró de emoción. Se mantuvo quieto disfrutando de aquel momento soñado. De repente ella ya no estaba, desapareciendo su calor y su perfume.

Cuando se decidió a abrir los ojos se dio cuenta que ella había entrado al baño y decidió sorprenderla preparándo el desayuno, a pesar de que ya era un poco más de medio día.

Max se registró en el hotel, dejó su equipaje y de inmediato se puso averiguar la dirección del lugar donde sabía que estudiaba Consuelo. Era la única pista que tenía para seguir su huella.

Tomó un taxi y al cabo de unos minutos ya se encontraba en la puerta de la facultad. 

-Perdón, buenos días - dijo al llegar a la recepción.- Sabe.. es que ando buscando a la señorita Consuelo G....
- Acá no damos datos privados de nuestros estudiantes- dijo la secretaria con voz seca y tajante.
-Disculpe es que es muy imp...
-No se moleste en insistir señor - le dijo molesta.

Max salió del lugar abatido. Sabía que era la única pista que tenía para volver a reunirse con Consuelo. 

Súbitamente recordó que era millonario. Que si bien sabía que el dinero no compra la felicidad ayuda una enormidad a alcanzarla.

-Deseo fervientemente encontrar a mi amiga por favor. -Dijo Max entregandole sigilosamente una buena cantidad de dólares y mirándola suplicante.


La secretaria no se atrevió a abrir la boca. Miró de cuanto dinero se trataba, se lo guardó discretamente en sus bolsillos y se encaminó hacia los kardex escudriñando por sobre sus gafas que nadie la estuviera observando.


Al salir de la Facultad Max estaba feliz. Tomó un taxi y se dirigió hacia la dirección que le habían entregado. Un halo de melancolía cubrió repentinamente su rostro.


-Le diré que la amo. Le pediré perdón. Se que ella me perdonará... Se que lo hará. La necesito. - Pensaba, mirando hacia la calle, apoyando la cabeza en la ventanilla del vehículo.


-Rosario, lo siento, debo marcharme - dijo Mike tristemente
-¿Te vas? 
-El llamado. Debo asistir a una reunión antes de volver a Chi...
-¿Te vuelves a América?
-Allá está mi trabajo. No puedo abandonarlo -le dijo con voz suave abrazándola y pensando que esa era la mejor excusa para no tener que involucrar más sus sentimientos.


Rosario le provocaba  mucho más que otras mujeres que había conocido. La encontraba entretenida, alegre, divertida, inteligente.. y en la cama era genial. Pero no debía mezclar sus sentimientos. Sabía que él no estaba hecho para formar familia. El solo pensarlo lo aterraba. - Demasiada responsabilidad sobre una materia desconocida. - Solía decir. 


Sus padres se habían separado antes de que él naciera y su madre nunca volvió a casarse, muriendo muy joven a causa del alcohol y los excesos. Él nunca supo lo que era una familia. Le aterrorizaba la idea de amar. Ya había estado enamorado una vez y lo había pasado muy mal, por lo que se había prometido no volver a caer en aquellos sentimientos que lo llevaron por el camino del dolor y la angustia.


En Santiago de Chile, Maxito caminaba feliz por la calle de la mano de su cuidadora Francisca. Iban de vuelta de las compras de aquella tarde de regreso a la casa de los abuelos.


Un auto sospechoso los iba siguiendo. Francisca sabía de esto y comenzó a acelerar el paso. Tomó firmemente la mano del pequeño Max y cruzó rapidamente la avenida.


A lo lejos sintió el chirriar de unos neumáticos y luego la carrera de unas personas tras de ellos. 


Francisca aterrada tomo en sus brazos a Maxito y corrió hasta donde ya sabía que la esperaban.


-Vamos por acá.. De prisa  - Le gritó un policia que la tomaba de una mano para hacerla subir a una camioneta que la alejó del lugar.
-¡Vámonos!. ¡Es una trampa!. -Gritó uno de los delincuentes. - Corre, corre


Pero la policía los tenía acorralados. Hacía unos días que venían siguiéndoles los pasos.


El alcaide de la cárcel de mujeres se había logrado comunicar con el director de la policía para comentarle acerca del posible secuestro de un menor.


-¿Pero estás seguro?. ¿Esa reclusa es de fiar?
-Mira. A mi me parece que si. Además está en juego la vida de un menor. Prefiero prevenir antes que lamentar.
-Si tienes razón
-Recuerda que hay que atraparlos con vida. Ellos con seguridad nos llevaran al cartel que está infiltrado aquí dentro. -dijo el alcaide- 
-Es algo grande. ¿Te das cuenta de ello?
-Si. Lo se. Por eso estoy pidiendo tu ayuda.
-¿Y qué sucederá con el padre del niño? - preguntó el detective-
-Estoy hace días intentando comunicarme con Interpol, pero no lo he conseguido. ¿Me puedes apoyar con eso también?
-Si claro. Esperemos que no sea demasiado tarde para él.
-Eso espero
-Adios- dijo el alcaide y cortó la llamada.


Se quedó un rato mirando el cielo de su oficina y pensando en Aida y su triste historia.


-Si logro capturar a esa banda de asesinos y narcotraficantes haré lo posible por ayudarla a salir de aquí.
-¿Hola, embajada?. Si buenas tardes. ¿Podría hablar con el abogado?


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Escrito 01/10/2010


APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 8.

Consuelo no podía disimular sus nervios y angustia al entrar en el apartamento de Alejandro.

-¡Que loca debo estar!. No lo veo en miles de años, no he cruzado palabra con él desde que era niña y hasta ahora... pero aquí estoy. No sé por qué siento que puedo confiar en él. Aunque aun algo dentro de mi le teme... y mucho. ¿Por qué produces en mi estas sensaciones Alejandro? - Pensaba Consuelo mirando como él se deshacía en atenciones con ella para hacerla sentir cómoda.

Por su parte, Alejandro no cabía en si de tanta felicidad. Ahí estaba ella. La mujer que había amado toda la vida. En su casa, tan cerca de él. La miraba con los ojos brillantes y una sonrisa de niño travieso que no podía disimular.

-¿Que te sirvo?. ¿Un café?, ¿un trago?
-Alejandro recién nos tomamos algo ¿no recuerdas?
-¡Bah!. Si disculpa es que... Creo que te has dado cuenta.. Debo verme como un tonto así todo nervioso.

Consuelo le sonrió coqueta mientras se acercaba al balcón y observaba a través de las cortinas hacia la calle.
-¿Puedo abrir aquí? - preguntó ella
-¡Claro!. Permíteme. Es que a veces se traba. - Dijo él ayudándole a abrir el ventanal.

Al salir al balcón una brisa suave y un poco fría acarició sus cuerpos haciéndolos estremecer. El viento jugaba con los cabellos de Consuelo revolviéndolos mientras ella intentaba en vano una y otra vez volver a ordenarlos con sus manos.

Aquella visión fue ensoñadora para Alejandro. Sentía como su corazón palpitaba a mil por hora y que en cualquier momento se escaparía de su pecho. Le faltaba el aire para poder respirar. Sin pestañear un solo momento, con la mente en blanco, sus manos se posaron sobre el cuello de Consuelo y su boca se lanzó sobre los labios de ella sin previo aviso.

Un golpe de corriente los recorrió a ambos de pies a cabeza. Consuelo no podía creer lo que estaba sintiendo. Estaba paralizada pero no quería que aquel momento terminara. Sus pensamientos iban hacia las manos de Alejandro - ¡Tócame, por favor! - pensaba - ¡No me sueltes!.

Esta última frase se escapó de sus labios cuando Alejandro, ebrio de amor por ella, la separó de su boca para observarla mientras ella seguía manteniendo sus ojos cerrados y su respiración se hacía cada vez más agitada.

-¡Te amo Consuelo!. ¡Te he amado toda la vida!. Este momento ha estado en mis pensamientos desde que era un niño. - Le dijo, sin separarla de su cuerpo ni un solo instante.

El ruido de la ciudad y el viento fresco que volvía a levantarse y a soplar fuerte sobre ellos hacía que Alejandro tuviera que alzar la voz para confesar al fin sus sentimientos.

Consuelo abrió los ojos aun conmovida por aquel beso dulce, suave, apasionado y tierno que le había producido ese extraño estremecimiento, un leve mareo y esas maripositas en el vientre que creyó nunca más volvería a sentir por nadie. También se sentía avergonzada por esas palabras que hubiera querido no se escaparan nunca de su boca, las que deseaba con toda su alma él no hubiera oído.

Alejandro la miró sonriente acercándola más aun hacia él volviendo a besarla. Esta vez con mucha más pasión. Acarició con sus dedos suavemente los labios de Consuelo para luego atreverse a abrir su boca y comer la de ella. Sentir su lengua dentro de él y todas sus cavidades.

A pesar del frío, que ya se dejaba sentir a esas alturas de la noche, sus cuerpos estaban tibios. El latido de sus corazones se dejaba sentir por sobre su piel y sus ropas. Las caricias comenzaban a ser más atrevidas.

La mente de Alejandro se había esfumado, su cuerpo y su alma estaban entregados a aquella pasión reprimida por tantos años y que ahora se permitía dejar libre a los delirios de sus deseos. Sus manos hábilmente bajaron por el costado de Consuelo hasta llegar a su cintura y luego a sus caderas. Consuelo aun no lograba reaccionar. Su mente también se hallaba perdida y sólo se dejaba llevar por el deseo que  descontrolaba todos sus sentidos haciéndolos volar lejos, olvidándose de todo y de todos. Se sentían como volando, como flotando en el aire.

Alejandro ya no podía más. Debía llevarla hasta su cama. Quería amarla con todo. Deseaba entregarse a ella como a nadie nunca antes lo había hecho.

De repente, Consuelo sintió que sus pies ya no tocaban el piso y que su cuerpo comenzaba a enfriarse un poco. Abrió los ojos y se dio cuenta de todo. Alejandro la estaba llevando en brazos hasta su habitación y ella se lo estaba permitiendo.

-¡Alejandro, qué haces!
-No te preocupes mi vida. No te haré daño. Te amo demasiado. - Dijo él volviendo a besarla en la boca mientras la dejaba sentada sobre la cama y comenzaba a quitarse la camisa quedando con su pecho desnudo para acercarse nuevamente a ella y hacer lo mismo con su blusa.

Consuelo al verlo, no supo qué hacer. Definitivamente le gustó lo que vio y su piel ardía por sentirlo cerca. Dejó que sus manos llegaran hasta sus pechos. Le permitió que su piel tersa, caliente y húmeda se aferrara a la de ella. Agradeció al cielo que aquella boca rozara, besara, acariciara, mordiera y bebiera de sus pezones hasta hacerla gemir despacito y con calma.

Alejandro estaba como loco. Desesperado por tenerla al fin dentro de él y sentir su sexo húmedo y tibio en su pene, en su boca, en su lengua y en todo su ser, fue bajando con sus labios y su lengua por el vientre de la mujer que amaba.

Consuelo en tanto gemía de placer. Su cuerpo se contorsionaba mientras sus manos se agarraban a las sábanas con fuerza. No entendía cómo y por qué le permitía a este hombre llegar hasta donde nunca nadie, después de Max, le había permitido llegar.

De repente un rayo de conciencia se apoderó de ella. Abrió los ojos espantada por lo que acababa de recordar.

-¡No Alejandro por favor. Detente. No!
-¡Consuelo!. ¿Te he hecho daño?. ¡Dime por favor!- Exclamó Alejandro asustado y agitado, acercándose hacia ella tomándole el rostro con sus manos.

Ella, cubriendo sus pechos con sus brazos se apartó de él mirándolo con lágrimas en los ojos.

-¡Consuelo por favor dime algo! - Exclamó aterrado Alejandro, intentando acercarse nuevamente a ella.
-Lo recordé todo - dijo al fin llorando
-¿Recordar?. ¿Recordaste qué? - preguntó él angustiado
-Recordé por que te temo.
-¿Me temes?. ¡Pero cómo!.. Yo...
-Fue al poco tiempo después que me gritaste en plena calle que me amabas. Yo tenía 15 o 16 años tal vez. - Dijo ella, bajando la mirada, mientras que Alejandro la observaba incrédulo.
-Con mi amiga.. Ja!, mi amiga - sonrió irónica y tristemente y luego continuó - Fuimos a esa disco ¿te acuerdas?.

Alejandro pareció que la cabeza le daba vueltas y sólo la miraba sentado desde el otro extremo de la cama.

-Logramos entrar a pesar que no podíamos por nuestra edad pero había más gente adentro de nuestra misma edad... Estaba tu.
-Consuelo... ¡Eramos unos niños!. Yo...
-Te vi y no sé por qué siempre me sucedía que me alegraba saber que estabas ahí e imaginaba que observabas cada movimiento que yo hacía y ...
-Siempre fue así. Donde sea que nos encontráramos mis ojos eran solo para ti - le interrumpió Alejandro.
-Pero aquella noche no fue así.
-¡Consuelo por favor!
-Mi amig.. Bueno ella.. Emma, se fue al baño sola. No dejó que la acompañara y me dejó sola por un rato. Tuve miedo. - sonrió - Siempre tenía miedo.

Alejandro ya no podía seguir sentado. Se levantó de la cama y se fue hasta la ventana dándole la espalda a ella e intentando ahogar las lágrimas que ya se le atragantaban en la garganta.

-No aguanté más y me acerqué hasta el baño de la disco. ¿Te acuerdas como era?. Ahora ya no existe.. La derrumbaron para hacer grandes edificios ¿sabías?.

Alejandro no decía nada.

-Para llegar hasta los baños había que entrar por un largo pasillo muy oscuro. Luego, al costado izquierdo las niñas, al costado derecho los niños.. Pero en medio había otro pasillo, tan oscuro como el principal.

Por unos instantes Consuelo se quedó muda. Continuaba sin poder levantar la mirada y ya las lágrimas inundaban sus mejillas haciendo que la vista se le nublara y la voz le temblara.

-Fue ahí que los vi - dijo al fin. Muy angustiada con voz entrecortada.

Alejandro se dio vuelta con los ojos llenos de lágrimas acercándose hasta ella llorando.

-¡Yo no hice nada, por favor créeme!- dijo suplicante, arrodillado ante ella.
-Tu mano le tapaba toda la boca. Tus ojos estaban cerrados y la rodeabas con tu brazo por la cintura. Ella me miró como pidiendo ayuda y yo... No supe qué hacer. Me quedé paralizada.
-Estaba borracho y drogado. ¡Pero estoy seguro que yo no le hice nada Consuelo tienes que creerme! -dijo tomándole las manos y apretándolas firmemente.
-Luego, todo se vuelve muy confuso. Recuerdo que no lograba hacer reaccionar mi cuerpo. Mucha gente apareció y gritaban. Emma logró soltarse de ti y salió gritando de aquel pasillo ¡Violador, violador!, mientras tu te dejabas caer al suelo desde donde alzaste la mirada y me viste. Tus ojos eran aterradores. Estaban rojos y como desorbitados. Decías cosas incoherentes y ...
-¡No sigas por favor!. Ya no sigas. Nunca le creas a un borracho que diga que no recuerda lo que le pasó durante su embriaguéz. Eso es mentira. Yo lo recuerdo todo. Si bien no nitidamente recuerdo ....
-¿Por qué? - lo interrumpió ella .
-Consuelo por favor tienes que oír mi versión. Te ruego que me escuches...

Alejandro se acomodó frente a ella pero Consuelo continuó con su relato.

-Desde ese día, cada vez que te veía, me invadía un gran temor pero no lograba entender los motivos. Había borrado de mi mente aquel recuerdo. Luego te convertiste en un linda leyenda en mi memoria. A veces me preguntaba si realmente habías existido. ¡Ay Alejandro! - suspiró ella mirándolo fijamente - ¡Lo que lograbas hacerme sentir cada vez que te sabía cerca!. Muchas veces creí que habías sido sólo una historia que alguien me había contado y que yo la había hecho mía.

-Consuelo aquella noche te vi y me volví loco. Sólo quería invitarte a estar junto a mi. Deseaba tanto tenerte cerca, escucharte, tocarte. Pero era un niño y tenía tanto miedo de tu rechazo que me puse a beber sin medida. Luego los amigos sacaron el "pito" y ya no era dueño de mis emociones ni de mis pensamientos. Te seguía observando. Pensé que con todo lo que me había metido me armaría de valor para acercarme de una vez a ti y hablarte, pero no fue así. Si bien tengo algunas imágenes de aquella noche borradas completamente de mi cabeza recuerdo perfectamente que tu amiga me dijo al oído que tu querías hablarme sobre lo que había pasado hacía unos días en la calle.

Consuelo con la mirada triste lo escuchaba atenta. Le dio frío y estaba cansada. Se metió bajo las sábanas para entibiar su cuerpo y continuó oyendo lo que tenía que decir en su defensa Alejandro.

- Yo estaba muy feliz. ¡Tu querías hablar conmigo! Imagínate lo que eso significaba para mi. Me envalentoné tomándome casi toda una botella de pisco y me volví a drogar fuerte en los baños. Para cuando salí de ahí. Me dejé llevar por unas manos suaves de mujer. Pensé en todo momento que eras tu. Luego, todo se fue a negro nuevamente. Cuando logré reaccionar tenía a alguien tomándome muy fuerte de las manos. Abrí los ojos al fin, te vi ahí, de pie, parada frente a mi. No se qué sucedió entre medio, sólo te puedo decir que tengo la certeza absoluta de que yo no le hice daño a nadie. ¡Nunca le he hecho daño a nadie!. Sólo a mi - dijo finalmente Alejandro cabizbajo.

Cuando se acercó a la cama para escudriñar en los ojos de Consuelo se dio cuenta que ella se había quedado dormida. Sonrió dulcemente y cubrió su cuerpo con el edredón para luego acariciar suavemente su hombro desnudo y besarle.

Se recostó a su lado pero por sobre las frazadas. No quería que por nada del mundo ella se sintiera presionada ni acosada. Deseaba despertar junto a ella. Saber que estaría ahí, en su cama, a la mañana siguiente. Se durmió abrazado a ella, sintiendo aun en su piel, en sus manos y en todo su cuerpo la agradable sensación de sus caricias, de sus besos, de su boca, de sus pechos. Soñó con que al fin era de él y él de ella y que nada ni nadie los separaría jamás. Soñó, como tantas noches antes, que ella le decía "Te amo" y una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Ella sintió algo por mi alguna vez. - Pensó al recordar sus palabras, mientras una sigilosa lágrima se dejaba caer por sus mejillas.

Era de madrugada y Max ya estaba pasando por la aduana. Su mente estaba concentrada. Sabía que la encontraría. - Consuelo, eres mía. Voy por ti - Pensó al cruzar la puerta que lo llevaría de vuelta a los brazos de su amada.


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(Escrito 29/09/2010)

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