jueves, octubre 17, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 10.

Consuelo salió del baño con algo de temor. Escuchó el ruido de los pasos de Alejandro y decidió pensar en lo que le diría. Después de todo -no pasó nada- se dijo, un tanto ruborizada al recordar los acontecimientos de la noche anterior.

Le gustó sí. Su imaginación muchas veces la llevó a vivir una experiencia como aquella. La deseo inconscientemente incluso cuando le volvió a ver. Pero ya había resuelto que él no era un buen chico para ella.

A pesar que él ya le había comentado que había sanado y limpiado su cuerpo y su alma de todos los excesos que había cometido en su juventud, Consuelo no dejaba de recordar aquellos ojos, las manos de él rodeando a Emma, la posibilidad de que, si no abusó de ella, al menos lo habría intentado.

Todo aquello perturbaba su mente. Aquella sensación de peligro que él le provocaba y a la vez de pasión la podrían llevar a perder el control. Cosa que no podía permitirse.

Alejandro la esperaba sentado a la mesa de la cocina. Servido estaban dos cafés bien calientes y unos trozos de pastel que guardaba de hacía algunos días. - No huelen mal - pensó, al sacarlos de la nevera - No tienen mal aspecto.. Perfecto - Se dijo y se alistó para declararle nuevamente todo su amor a ella. La sonrisa le iluminaba el rostro y su corazón latía de felicidad. De aquella felicidad que siempre le fue tan esquiva y que sentía que ya estaba por quedarse al fin junto a él.

-Ehhh... Hola - Dijo ella acercándose lentamente hacia él.
-Estás preciosa esta mañana - Le respondió Alejandro con los ojos brillantes
-Gracias - sonrió nerviosa - Alejandro.. lo de anoche... por favor... 
-Lo de anoche fue algo maravilloso Consuelo - dijo él acerándose hacia ella tomándola de las manos y acariciando sus cabellos.
-Alejandro, por favor no quiero ...
-¿Qué pasa? ¿Hice algo mal?
-Por favor déjame terminar de hablar - dijo ella firmemente quitando las manos de él de su rostro.
-Alejandro. Si en alguna ocasión yo pude haber llegado a sentir algo por ti fue hace muchísimos años. Cuando aun era una niña. Hoy... ya no - dijo sin mirarlo y agachando la cabeza.

Alejandro tragó saliva para intentar evitar que se armara ese nudo en la garganta que con seguridad le haría derramar alguna lágrima.

-Por favor trata de entenderme. Me dejé llevar por la noche, la brisa del viento, tus manos, tus besos...Pero no. No puedo. Por favor perdóname. 
-¡Consuelo yo te amo! - dijo suplicante él.
-Pero yo no. Y creo que nunca llegaré a hacerlo. Me provocas confusión. Haces que no tenga dominio de mi y eso me aterra. 
-¿No has pensado que lo que dices que te provoco puede ser también amor? - dijo Alejandro con tono severo.
-No.. ¡De ninguna manera!- exclamó ella, guardando silencio por unos instantes y pensando - sólo podré amar a Max - 
-¡No me digas que aun piensas en él! - exclamó Alejandro, mientras Consuelo sentía que él había logrado meterse en sus pensamientos, lo que nuevamente le hizo sentir temor.
-Si. El vendrá por mi en cualquier momento. El me ama y ...
-¿Te ama?.  ¡Cómo puedes decirme que te ama si te dejó por otra! ¡No le importó nada y te abandonó!

Consuelo rompió en llanto tras darle una fuerte cachetada. Estaba llena de angustia por dentro. Sabía que en el fondo él tenía razón. Max la había abandonado por Emma, la misma persona que siempre hizo lo imposible por quitarle todo lo que ella más amaba.

-Yo nunca dejé de amarte - dijo suavemente Alejandro sobándose la cara tras el feroz golpe que Consuelo le había propinado.
-Cada vez que conocía a una chica quería ver algo de ti en ella. Cada vez que amaba a una mujer anhelaba que fuera tu cuerpo el que tenía entre mis brazos, cada vez que la besaba eran tus labios los que quería besar, morder y acariciar - le dijo, al momento que se acercaba a ella con pasión para rodear su cintura con sus brazos y rozar con sus dedos aquellos labios.

Consuelo al oírlo no pudo dejar de sentir algo extraño en su vientre. Un ligero calor se apoderó de su cuerpo y recordó que Max había sido el único hombre que la había hecho suya. El pensar en la experiencia que podría brindarle Alejandro revolucionó todos sus sentidos y creyó que las piernas no le responderían a la hora de salir huyendo de ahí.

Estando a pocos centímetros de la boca de Consuelo. Ella cerró los ojos y pensaba - que me bese pronto por favor, que me bese- .. Pero el teléfono móvil de Alejandro comenzó a sonar ruidosamente.


Él intentó hacer caso omiso y continuar con lo que estaba por hacer pero por el sonido del móvil sabía de quien se trataba y debía responder.


-Perdóname, debo contestar. - le dijo, dejándola sola en la cocina con los cafes aun tibios servidos en la mesa.


Mientras Alejandro hablaba encerrado en su habitación, ella trataba de poner sus pensamientos en orden.


-Debo irme ahora. No puedo continuar con esto. Max... El me dará calma nuevamente.


Cuando Consuelo se disponía a salir Alejandro la tomó de un brazo.


-Debo irme a una reunión importante en este momento. Debemos continuar con esta conversación. No descansaré hasta convencerte de que me amas tanto como yo a ti.
-No es cierto. Has provocado que renazcan en mi sentimientos de infancia que me han confundido por algunos instantes pero amor.. No querido.. Eso no es amor.. No me busques ok?.


Alejandro no insistió y la dejó partir con algo de tristeza en la mirada.


- No puedo estar tan equivocado. Se que me ama. Me lo dijeron anoche sus besos, sus caricias. Nunca antes me había sentido asi - Pensaba, mientras tomaba sus cosas para dirigirse a aquella reunión.


Al acercarse a su edificio Consuelo escuchó mucho ruido de sirenas y gente gritando. Se asustó y fue corriendo a ver qué era lo que sucedía.


Al doblar la esquina vio a Max con los brazos en alto en el portal de su casa.


-¡Al suelo! -le gritaba un policía mientras lo apuntaba con un arma.
-Tranquilo, no he hecho nada - le respondía él asustado


La policía hizo que se arrodillara y luego lo pusieron boca abajo. Le revisaron la ropa y su pequeño equipaje, luego lo esposaron.


Cuando lo estaban subiendo a la patrulla Consuelo pudo reaccionar y lo llamó a la distancia.


Max estaba muy asustado. Sólo se le oyó decir muy bajito - ¡Consuelo... Consuelo ayúdame!


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(Escrito 05/10/10)

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