jueves, octubre 17, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 11.


-Hola!!. Te llamo para contarte que logré comunicarme con la Interpol en Madrid -Dijo el alcaide al Director de la Policia, con cierto tono de preocupación.
-¿Qué pasó?, ¿por qué lo dices con ese tono?
-Llegamos tarde. Los narcos lo cargaron y ahora está detenido.
-¿Pero lograste hablar con alguien allá?
-Estoy haciendo los contactos. Te pido la ayuda correspondiente para estos casos. Tu ya sabes que sus redes son tremendamente influyentes. Es posible que incluso lleguen a matarlo. De ser así perderemos toda posibilidad de atrapar a estos conchesumadres  - exclamó el alcaide, tomándose la cabeza con la mano con la mirada llena de rabia.
-Si, ya te corto y comienzo a hablar con las autoridades correspondientes. Esto no se nos puede escapar de las manos.
-Me avisas a cualquier hora. Estaré al pendiente
-Está bien. Adios.

Aida intentaba dormir en su celda. Hacía poco habían dado la señal para que apagaran las luces y ella yacía tirada en la cama pensando en su hija e imaginando que tal vez pueda volver a verla pronto.

-¡Está listo weona!- dijo la Rosa, casi en un murmullo que logró sacar de su ensoñación a Aida.
-¿Ya cayó? - preguntó Emma eufórica.
-Si, pero con el cabro chico no pudieron dar. - Mintió la Rosa. Era muy peligroso involucrarse en un caso de secuestro de niños y ella sabía que los que iban a hacer el trabajo habían sido detenidos, lo cual podría significar que en cualquier momento podrían hablar. Su nombre no podría llegar a relacionarse con aquel delito.
-Ya no importa. Él es el que me interesa más que nada, ¡que se muera!. ¡Que lo maten!! - Emma ahogó las ganas de gritar esa última frase. Sintió que Aida se movía suavemente en su litera. Todas se quedaron quietas y callaron por unos instantes.
-No hay de que preocuparse. Esta negra no dirá nada - murmuró nuevamente Emma 
-Hace tiempo que le estoy dando unas pepas pa que se duerma y así no nos molesta.

Efectivamente Aida había estado sintiéndose un poco rara desde hacía algún tiempo. No era normal en ella tanta somnolencia. Una noche quiso ver si sus sospechas tenían algún fundamento y armó una gran pelea a la hora de la cena. 


Bebió de su agua y una vez estando el líquido en su boca lo escupió a la cara de la reclusa que tenía en frente. 


Aida sabía que no sería difícil de enfrentarla. Era una chica recién llegada y pensó que esta situación le haría bien a su convivencia ahí dentro.


Las guardias lograron separarlas, no sin antes llevarse unos buenos golpes.


Su comportamiento tuvo amargas consecuencias, las que estaban dentro de sus planes. Fue aislada del resto y la llevaron a lo que llamaban "celda de castigo". Una vez ahí, comprobó que efectivamente Emma la estaba drogando ya que volvió nuevamente su agilidad mental y dejó de tener esa somnolencia que no lograba controlar.


Una vez que el castigo hubo terminado, Aida se las ingeniaba cada noche para hacerle creer a Emma que se estaba tomando su dosis. De esta forma estaba siempre alerta ante cualquier información que pueda ser relevante en lo que al pequeño Maxito se refería. De quien no sabía nada más que su madre era una bestia mal parida que no lo amaba y eso la llenaba de rabia. 


Aquella noche Aida escuchó los murmullos de la conversación que mantenían Emma y la Rosa de celda a celda. Se alegró de saber que aquel niño a quien no conocía estaba a salvo. Pero a la vez sintió mucha pena por su padre.


-Está listo pa la foto - dijo la Rosa riendo burlona - De esta no puede escapar.
-Los locos hicieron que lo pillaran con mucha droga. El plan es que lo impliquen con una red muy grande que existe a nivel mundial.
-¿Cómo lograste eso Rosa? - exclamó Emma
-Tengo buenos contactos y están interesados en continuar con la movía aquí dentro. Yo les dije que habría buena paga así que ahora te toca a ti continuar con la parte del trato.
-En cuanto salga de aquí y me haga de esa fortuna te pagaré muy bien. Ya te lo dije
-¡Pero cuándo será eso!
-Ya mañana tengo mi cita con la jueza. El abogado que me puso el primo de Max me dijo que tenía que llorarle harto por la separación de mi hijo y que por ahí podría ganarme una libertad condicional.
-Mmm... Si, las minas son manipulables a veces. A mi siempre me asignaron un juez. Nunca me dejó volver a ver a mis hijos - dijo con voz entrecortada la Rosa.

En la mansión a las afueras de la ciudad de Madrid, se encontraban nuevamente Alejandro y Mike. Se saludaron cortesmente y entraron en el gran despacho del Duque de Zeballos.


-¡Estamos a poco de alcanzar nuestra meta señores! - dijo el duque a los muchachos.
-¡Hola tío! -exclamó Alejandro, acercándose a él para abrazarlo fuertemente. Lo mismo hizo Mike.
-¿Qué novedades nos tienes?. Hacía tiempo que no te veía tan contento - dijo Alejandro
-Si Hernán. ¡Tell us! ¿A qué se debe la urgencia de tu llamado? ¡Si supieras lo que acabas de interrumpir! - Exclamó Mike, añorando la imagen sensual de Rosario antes de marcharse.


Alejandro recordó, a su vez, las duras palabras de Consuelo. -"Yo no te amo"- Y una pesada carga de amargura se instaló en su rostro.


-Muchachos los he convocado a esta reunión urgente para contarles acerca de los últimos acontecimientos relacionados con nuestra causa.
-¿Es que has tenido noticias frescas de los embarques?, ¿ya se sabe por donde podremos continuar con nuestras operaciones? - preguntó Alejandro, intentando dejar atrás la melancolía.
-La mercancía está llegando a buen puerto mis queridos jóvenes y estamos muy cerca de conseguir nuestro objetivo final - Dijo pausadamente Hernan sirvíendoles una copa de vino a cada uno y a sí mismo.
-¡Brindo por que todo saldrá según lo planeado esta vez! - Exclamó el Duque, alzando su copa. Lo mismo hicieron Alejandro y Mike sonriendo.
-Aunque tenemos un pequeño problema... Hay un compatriota tuyo Alejandro, involucrado en nuestros negocios y es necesario que ambos se hagan cargo del asunto. -Dijo Hernán, dándoles la espalda a los muchachos para acercarse hasta su escritorio.


Alejandro y Mike se miraron extrañados aun con sus copas en la mano. Siguieron los pasos del Duque, luego se acomodaron frente a él para escuchar sus instrucciones.




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(escrito 06/10/2010)



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