jueves, octubre 17, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 15.




Aida fue la primera en bajar de aquel avión.

A la salida del aeropuerto la esperaba un joven bajito, de mirada inocente quien sostenía en sus manos un cartel con su nombre.

-Disculpe, ¿usted es la señorita Aida? - preguntó él
-Si, y usted es?..
-Mi nombre es Rony. Me han enviado a buscarla
-Ya.. si me hablaron de ti. Te imaginaba un poco más alto y de más edad - comentó Aida un tanto distraída, mientras Rony subía las maletas al auto.
-Tengo 26 y aun estoy en la universidad. Pero pretendo terminar pronto.

Aida no le estaba prestando atención. Observaba la calle, las gentes, el cielo. Ese nuevo aire que muy pronto compartiría junto a su pequeña. No sabía qué le podría estar deparando el futuro. Algo le decía que debía confiar en aquella voz en el teléfono que le decía que pronto la pesadilla acabaría.

-Tengo instrucciones precisas de dejarla en este hotel. Ya se que no se ve muy bonito por fuera pero sabemos que aquí se reúnen ellos.

Le costaba asumir la idea de volver a enfrentarse a su ex marido. El culpable de que ella estuviera presa por tanto tiempo. Quien la metió en este mundo de las drogas y el narcotráfico. Un mundo que pensó jamás podría acercarse a su vida cotidiana y tradicional en su natal pueblo al interior del África.

Acomodó sus pocas cosas y se despidió de Rony. Quería pronto estar a solas. Respirar nuevamente su libertad. En Santiago, casi no había tenido tiempo de volver a sentirse libre. Todo había sido demasiado rápido.

Cerró la puerta de la habitación con llave, preparó la bañera con agua muy caliente y comenzó a despojarse de su vestido. 

Su piel oscura, sedosa y brillante se reflejaba en los azulejos de aquel lugar. La humedad y el calor comenzaban a inundar su cuerpo y sus sentidos. El agua hervía pero Aida no lograba sentir dolor. 

Frente al gran espejo observaba las cicatrices y moretones de los golpes que había recibido desde que se casó. Primero su esposo y luego en la cárcel. Pero ya pronto todo acabaría.

Hundió su cabeza bajo el agua quedándose por un buen rato en aquella posición.


Soñaba en cómo sería el amor verdadero. Aquel que no duele. Cómo serían las caricias y los besos de un hombre de verdad.


Se sintió un poco incómoda con ella misma al ver reaccionar su cuerpo con tal ensoñación.


Hasta aquel momento nunca se había detenido a pensar en aquello. En su mente siempre estaba primero su hija y su felicidad. 

Quiso volver a sus pensamientos. Deseó por un momento el abrazo amoroso de ese hombre imaginario. Sus besos y sus caricias. De repente concluyó que de verdad ella nunca había sido amada como tampoco sabía lo que era ese sentimiento.


¿Por qué pensaba en aquello ahora?. 


Su cuerpo vacío de amor y lleno de dolor le estaba pasando la cuenta. Sentía la urgente necesidad de caricias, de ternura, de pasión.


Sus manos tímidamente se acercaron a sus pechos rodeándolos suavemente. Cerró los ojos para imaginar que eran unas manos firmes y grandes, suaves y tiernas que acariciaban sus pezones endurecidos y erguidos. Continuó bajando por su vientre y quiso conocerse. Nunca antes lo había hecho. 


Mientras estuvo presa veía muchas veces como lo hacían sus compañeras pero nunca se atrevió a hacerlo ella también. Hasta ahora.


Sus dedos comenzaron a buscar aquel lugar que la naturaleza había puesto en ella para hacerla gozar, disfrutar y estallar de emoción. Finalmente lo encontró. Comenzó a acariciarlo, su corazón bombeaba cada vez más rápido sangre por todo su cuerpo, su cabeza ya no estaba en su lugar, quería más. Pronto comenzó a jadear y a gemir. De repente se detuvo. Alguien estaba golpeando insistentemente la puerta.


Aida despertó de su sueño húmedo muy asustada. ¿Quien sería?. Secó su cuerpo y se enfundó en una bata blanca que hacía resaltar su hermosura. 


-¿Quien es? - preguntó, acercando su oído a la puerta.



A Emma nadie la esperaba en el aeropuerto pero sabía muy bien hacia donde dirigirse y con quien hablar. 

Tomó un taxi que la dejó en los suburbios de la ciudad. Al bajar del auto se acercó hasta donde estaba un hombre alimentando las palomas.

-¡Osman, dime donde lo encuentro! - Dijo Emma retadora, tragándose el miedo y apretando las manos.

El hombre levantó lentamente la cabeza para mirarla. Luego apuntó con su dedo índice hacia la calle de enfrente donde habían otros dos hombres sentados en la acera. Parecían estar jugando a los naipes.

A Emma le temblaban las piernas y un fuerte dolor de estómago comenzaba a hacerla sentir mareada. El frío de aquella mañana comenzaba a calarse por sus huesos.

Se acercó tímidamente al lugar indicado por el extraño personaje. 

Los hombres se la quedaron mirando mientras se acercaba. 

-¡Quieta ahí! - le gritó uno
-¿Quien eres? - preguntó otro
-Soy Emma, me están esperando - respondió con voz temblorosa

Con un movimiento de cabeza la hicieron acercarse al lugar. La observaron de pies a cabeza para luego golpear a la puerta tres veces seguidas y luego una más.

-Llegó la pajarita - dijo uno al que abrió la puerta
-La estábamos esperando, déjala que pase

Emma entró en aquella casa y sintió que toda su vida pasaba por delante de sus ojos. Su corazón no dejaba de latir fuertemente y un olor apestoso se apoderó de sus sentidos. 

-Emma, te esperabamos. Tenemos a tu pajarito. Vivo como lo solicitaste. El placer sera todo tuyo. - dijo Osman

Un brillo de maldad llenó la mirada de Emma. Aquellas breves palabras hicieron aquietar un poco los latidos de su corazón, mientras que el alma le volvía al cuerpo y una gran sonrisa de satisfacción la hacía sentir ya una triunfadora.

Estaba hecho.


-Pero antes, debes ver a alguien - Dijo Osman
-Si, lo se.. a tu jefe
-No Emma. Aun no soy el jefe. ¿Cómo has estado?
-¡Ale... Alejandro! 


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(Escrito 19/10/2010)

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