domingo, mayo 26, 2013

DIARIO DE UN WINNER / JUEVES TE OLVIDO, VIERNES… MIERDA!



Jueves. Cansado. Sólo quería irme a mi casa para ver algo de tele y dormir.

Llamé a la Pía para que olvidáramos lo de a salida al cine. Realmente han sido unas semanas intensas.

Esta empresa es un despelote. No me explico cómo es que aun no ha quebrado.

Me reuní con algunos gerentes y les hice ver lo mal que estaban llevando las cosas y prácticamente exigí cambios.

Los tipos se miraron raro. Lógicamente estos cambios se traducen en gastos y el bolsillo les duele. Se miraron y cuchichearon entre ellos. Uno por ahí dijo que alguien se los había hecho notar pero no le quisieron prestar atención.

-Pues ese alguien tenía razón- les dije, con voz firme y segura.

Tal vez fui un poco prepotente sí, pero con algunas personas es necesario serlo.

En resumen, tomaron en cuenta mis reparos y comenzaron a ponerlos en práctica casi de inmediato.

Esta nueva situación nos llevó a tener que quedarnos a trabajar algunas horas extra.

Me quedé varias noches solo en la oficina, revisando informes, haciendo reportes, etc., etc., etc. 

Esta tarde levanté la mirada y la vi. Parecía triste. Estaba de espaldas a mí, mirando por la ventana. Tuve tiempo para observarla con mayor detenimiento. 

No sé qué me pasa cuando la tengo cerca. Simplemente no puedo mirarla de frente. 

Tiene un cuerpo perfecto. Unas curvas que no recuerdo haber visto en mi vida. De esas que ya no se ven normalmente por ahí.

Las mujeres de ahora o tienen 10 kilos de silicona en las tetas y 20 litros de botox en los labios o son más flacas que un perchero. Doris no. Ella es de cabello negro, liso que cae silencioso sobre sus hombros y su espalda. Sus piernas. Ah ¡Qué piernas!. Llevaba puesta una blusa blanca sin mangas que le hacían ver su piel morena y transparentaba un poco su delicada ropa interior. Se notaba que la chica se preocupaba de su persona y de esos detalles que nos gusta ver o percibir a los hombres.

De improviso se volteó y me pilló escrutando sus caderas. Sentí un inmenso calor que me subió hasta las mejillas. Nuevamente tuve que agachar la cabeza para que no notara mi turbación.

¡Pero qué cosas estoy diciendo! Me desconozco.

La verdad que no llegué a esta empresa a buscar minas. Ya tengo una y ella es perfecta para mí. Además, esa tal Doris no está a mi nivel. Somos de mundos diferentes. No soy del tipo que anda con mujeres como ella. Bajaría mi perfil y no estoy dispuesto a que anden hablando a mis espaldas.

Tengo una imagen que cuidar frente a mi familia y amigos la cual no estoy dispuesto a perder por causa de una mujer de menor categoría y que no calza para nada con mi estilo, ni con lo que se espera de mí.

La Pía está bien. Pocas tetas, flaca, alta, rubia, Una mina para un tipo como yo, todo un ganador.... si así está bien. Es como debe ser.

Lo que terminó por descolocarme y definitivamente no querer tener nada que ver con ella fue que, cuando iba saliendo del edificio en mi auto, ese coche que compré a mi medida, que sólo un tipo como yo puede conducir, la vi sola en la acera. No lo pensé dos veces y me ofrecí a llevarla. Será de otro nivel pero yo soy un caballero. Pero me plantó en cara un tremendo NO y antes que se me desfigurara la cara partí echando humo del lugar.

¡Que tipa más empelotante! Llegué a casa con la sangre hirviendo. ¿Quién se cree? Es una simple empleada. Tiene que agradecer que un tipo como yo haya puesto los ojos en ella.
Ehhh Voy a hacer de cuenta que yo no escribí eso….

Mejor me voy a dormir. Mañana cierro este blog. Estoy escribiendo puras weás.

*********************************************************************************
No me puedo contener… Tengo que escribir lo que sucedió. Si no lo hago creeré que todo fue un sueño y temo que se convierta en una pesadilla.

Viernes. Bueno sucedió que me decidí y me iba  junto a mi compadre Bruno cuando nos atrapa Ricardo, un personaje arrogante, arribista y ordinario.
Ok, pero ¡Al menos yo no soy ordinario!

La cosa es que nos convenció de ir a algún lugar a tomarnos un trago y que luego veríamos. Yo, la verdad que no quería nada más que estar en casa a solas.

-Ya Félix- me animó Bruno-, que hace rato que no salimos solos. Siempre andas con la Pía pegada a tu cuello. ¡Vamos!

Tenía algo de razón. Desde que andaba con ella que no tenía una noche para mí solo.

-Ok, vamos- dije, total sería solo un rato.

Cuando íbamos en camino este tipo Ricardo comenzó a hablarnos de las mujeres de la oficina como si las conociera íntimamente a todas. ¡El tipo me tenía hasta los cojones!

De Doris nos ha contado que es muy sensual para bailar, que tiene unas caderas de lujo. Me dio toda la impresión que este individuo le tenía ganas a esta mina hace rato.

Cuando llegamos al lugar lo encontré bastante lúgubre, oscuro y olía mal.

Estuve a punto de marcharme en el mismo momento en que pisé aquel sitio pero sorpresivamente, no sé por qué, mi mirada se dirigió hacia el lugar donde justamente se trataban de esconder Doris y unas cuantas de las chicas de la oficina.

Ricardo nos obligó a sentarnos en una mesa junto a ellas. Bruno le siguió el juego a Ricardo y comenzaron a hablar de ellas.

Que Johanna las tiene muy pequeñas, que Manuela debe ser una puta en la cama, que Sofía es una mojigata... Que Doris está pa mascarla.

Esto superó toda mi paciencia y tuve ganas de darle un buen golpe a ese par de idiotas, pero uno es mi mejor y único amigo y el otro es uno de los dueños de la empresa donde trabajo, no podía hacer nada, sólo salir huyendo de aquel lugar, así que agarré mis cosas para irme pero Bruno nuevamente me detuvo justo cuando me dirigía hacia la puerta.

-Dónde vas ahora si estamos a punto de invitar a las chicas a bailar - me dijo -
-¿A bailar?, están locos yo me voy.- Le dije, pero justo cuando me disponía emprender la retirada veo a Doris que se me adelantaba y también se iba del lugar.
Para no parecer que iba tras ella, porque no fue así, me quedé un rato más hablando con Bruno pero este salió persiguiéndola hasta la puerta. No sé qué le dijo. Noté que ella le sonreía como nunca lo ha hecho conmigo. Lo miraba coqueta, al momento que una sensación extraña se me ponía en el pecho. Finalmente, mi buen amigo terminó por convencerla y fuimos bailar todos juntos.

Cuando íbamos en el auto me enteré por qué esta chica, Doris, pareciera querer matarme con la mirada. Ricardo nos contó que ella fue a quien le dieron con la puerta en las narices cuando fue a presentar el proyecto para los cambios que vine a hacer yo. Recién ahí me di cuenta ¡Esta mina me debe odiar!

Una vez que llegamos a la disco pensé en desaparecer con el pretexto de ir por un trago a la barra pero la que desapareció fue ¡Doris!

No pude quitar mis ojos de ella. ¡Cómo se mueve, cómo camina, cómo sonríe! Esta mujer tiene algo. Muchos estábamos babosos ahí mirándola. Ella se sabía seductora.

Me acerqué un poco más para observarla más de cerca y vi como un par de borrachos se le acercaron, entre ellos mi buen amigo Bruno. El muy imbécil estaba muerto. Pero ella se los supo sacar de encima con mucho estilo.

Seguía embobado mirándola cuando sin darme cuenta la tenía sentada frente a mí. Me miró como extrañada. ¡Quizá que cara tendría yo también!

Quise decir algo pero me encontraba como alucinado con su presencia ahí tan cerca de mí. Repentinamente el cargante de Ricardo la tomó bruscamente de un brazo y se la llevó a la pista de baile.

No sé cómo, ni por qué, pero cuando vi que este tipo la comenzó a acosar me hirvió la sangre y salté de mi asiento, la tomé de un brazo y la llevé a otro lugar, lejos de todos.

Si soy sincero, no puedo entender aun qué me sucedió.

Recuerdo que arremangué las mangas de mi camisa, caminé con paso firma hacia ella y la tomé fuerte por la cintura aferrándola a mi cuerpo. ¡Mi corazón latía tan fuerte! ¡Juro que no había tomado más que un whisky en toda la noche! Luego, pase mi mano por su espalda acercándola aún más hacia mi cuerpo. Aunque moría por sentir su piel en mis manos, ese sólo hecho me encendió a mil. Acerqué mi cara a su cuello no pudiendo contener mi respiración agitada.
Por un momento me pareció sentir que ella también temblaba.
Pero lo mejor vino cuando sus manos se posaron sobre mi pecho. “Oh My God”, qué fue eso – pensé -. Sentí que mi corazón se paralizaba.

Sentí el calor de su cuerpo que traspasaba mi ropa hasta sentirla en mi piel. Su aroma, sus cabellos. ¡Creo que me estoy volviendo medio loco!

Esta mujer no me mira siquiera y con toda seguridad me debe odiar, por lo del trabajo. Pero si lo pienso bien, ella se quedó ahí junto a mí, hasta que a la Pía se le ocurrió ¡llamarme al teléfono!


¡Mierda!

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...