viernes, mayo 24, 2013

DIARIO DE UNA GORDA DIVORCIADA / ¡¡NI LO PIENSES!!



El viernes salí con mis amigas de la oficina. Un pequeño happy hour para terminar con unas semanas realmente estresantes.

La llegada de los nuevos hizo que se realizaran reestructuraciones a lo que es nuestro trabajo rutinario, por lo que hubo días en que me vi realmente colapsada.

Félix, que así se llama el rubio petulante, llegó dándoselas de jefe y lo peor es que le hicieron caso cuando dijo que era necesario lo de los cambios.

Para ser sincera no estaba equivocado. Era necesario tomar esa resolución al fin.

El punto, y lo dramático de todo esto, es que yo ya se lo había hecho notar a los del "Olimpo", pero nunca me hicieron caso. ¡Claro, como soy MUJER! Nunca nos toman en cuenta a la hora de tomar decisiones importantes estos mal nacidos.

Y no hace más que llegar este prototipo de galán y le empiezan a oler hasta los pedos.

Definitivamente cero feeling con este tipo. Me pone nerviosa cuando me mira, es más, me molesta que lo haga, me enfurece incluso que me dirija la palabra.

Hace unas noches atrás tuve que quedarme hasta tarde trabajando en un proyecto. 

Yo ya tenía mis planes y me enfurecí cuando me dijeron que debía terminar la presentación si o si esa noche.

Tenía tanta pena que me acerqué hasta el ventanal que da hacia la calle.

Mientras intentaba retener esa lagrima idiota que comenzaba a desprenderse de mis pestañas y miraba las luces y la luna llena, sentí unos escalofríos tremendos que me recorrieron entera. Al voltearme, me tope de frente con los ojos azules de Félix que me observaban desde su oficina.

Debo haberle puesto mala cara porque no dijo nada. Agachó la cabeza y volvió a entrar. Después de eso quiso llevarme hasta mi casa en su auto deportivo super lujoso y típico de fanfarrones mediocres e inseguros.

-Vamos sube, te llevo - Dijo muy altanero mirando hacia el otro lado
-No, gracias, ya pedí un móvil - puedes meterte el coche donde te quepa idiota- pensaba yo mientras lo miraba con rabia
El no insistió y se fue rápidamente... Más rabia me dio.. ¡Hacía frío! ¿por qué no insistió? ¡¡¡Ahhhh!!!

Así las cosas mis amigas decidieron llevarme de copas a nuestro lugar de reunión after office para sacudirme la mala onda.

Siempre vamos a esta pequeña taberna, ahí se escucha buena música, hay un buen ambiente, buenos tragos y lo mejor es que nadie de la empresa la conoce, por lo que nos relajamos a gusto, hablando y riendo a destajo.

Pero eso había sido así hasta este viernes, porque sucedió que llegaron los "New kids" más uno de los gerentes del "Olimpo", con los que obviamente no compartíamos este tipo de actividad.

Al verlos llegar tratamos de disimular nuestra presencia pero el rubio de nuevo se percató que estábamos ahí y se acercaron a saludar. ¡Horror!
Me comencé a sentir incómoda y de inmediato quise irme del lugar. Esa extraña sensación de que te están observando y luego se dicen cosas al oído y se ríen. Eso estaba haciendo el parcito. Realmente algo muy desagradable.

Mis amigas también se dieron cuenta así que optamos por marcharnos de ahí e ir a bailar tal vez a algún otro sitio.

Lo malo fue que al irnos a despedir, (porque "lo cortes no quita lo valiente"), el gerente, el más grotesco de todos los hombres que he conocido alguna vez, nos invitó a que los acompañáramos a ir a bailar a algún otro sitio.

Yo con esos tipos no voy ni a la esquina. Además soy una tipa más bien de lugares piola, tranquilos, como para gente como uno. Pero insistieron tanto que hasta pesado se puso el weón, así que mis amigas al final accedieron, menos yo. Estaba tan molesta con eso de las miraditas y el cuchicheo al oído que dije: -No gracias. Adios.-

Cuando ya estaba en la puerta me tomó del brazo el moreno, se llama Bruno. Fue muy amoroso al pedirme que por favor los acompañara. Me dijo que no me preocupara por el viejito grotesco ese, ya que él estaría ahí para quitármelo de encima. Yo no pude evitar sonreírle. Adivinó los motivos por los que en verdad estaba huyendo del lugar y me hizo pensar que tal vez este chico podría ser de aquellos dotados con intuición y asertividad, cosa que poco se ve en los hombres. Además me dijo que quería comprobar si lo que le habían dicho acerca de mi era cierto.

-Ya, ¿y que andan diciendo por ahí?- le pregunté coqueta
-No te preocupes sólo cosas buenas-. Me respondió.

Me convenció con sus ojitos risueños y salimos juntos del lugar. Me abrió la puerta muy galante y me volvió a sonreír. ¡Casi me hago pis!

Fue muy divertido. Hacía tiempo que no me sucedía que al entrar a una lugar sintiera encima de mí todas las miradas masculinas (y algunas femeninas también, porque no decirlo). Eso me subió el ego hasta las nubes. Después de todo, como dicen por ahí, "Belleza es sólo cuestión de actitud", y mi actitud en ese momento era de completa seguridad en mi misma, en mi cuerpo, en mis cabellos, en mis manos, en mi forma de caminar.

Todo lo que aprendí en esa terapia, a la que aun estoy yendo, lo puse en práctica al entrar y observar con la cabeza bien en alto al resto de la concurrencia, que por la hora, aun no era mucha.

No terminaba de acomodarme en un rinconcito junto a mis amigas cuando un tipo bastante guapo me invitó a bailar.

Me dije que era la ocasión de zafarme de los pesotes, así que no me hice mucho de rogar, les pasé mi bolso y abrigo a las chicas y me fui con el guapo a la pista a moverme un poco.

Bailé casi toda la noche con él y otros más que por ahí se atrevían y me invitaban a bailar. De reojo podía observar a un grupo de mujeres solas, nada de feas, que había en una mesa cercana a la nuestra. Salían a bailar entre ellas y a todo el que se les acercaba a invitarlas les lanzaban una mirada de furia de espanto, que a los pobres no les quedaba otra que huir a refugiarse en una esquina y conformarse con sólo mirar.

No las entiendo. Si están comprometidas ¿qué de malo tiene que bailen con otro hombre que no sea su pareja, si solamente van a bailar? Si no les gustan los hombres…mmm, bueno ahí ya es un poco entendible, pero no parecían ser de  ese tipo.

A mí me gusta ser admirada, soy coqueta por naturaleza, a pesar de mis exageradas curvas.. (ejem...trato de no pensar en ello) y no me ha ido mal hasta el momento. Al final es una la que pone los límites; entonces, ¿por qué no pasarlo bien bailando con una persona que te verá con ojos de deseo y sonrisa sensual? Que te tomará de la cintura y te acercará a su pecho para abrazarte y hacerte sentir segura y que no dejará que caigas ni tropieces mientras bailas? ¿Por qué algunas mujeres insisten en creerse autosuficientes si en el fondo de su corazón sólo desean ser amadas por un hombre, acariciadas, deseadas?

Bueno, mientras ellas se hacían las duras yo lo pasaba regio. Hasta que le tocó el turno de bailar conmigo a Bruno, el moreno de la sonrisa sensual… hasta que demostró ser un completo imbécil.

Este me tomó desvergonzadamente de la cintura y me aferró a su cuerpo para bailar una salsa. ¡Tiene un cuerpazo este muchacho! Lo malo es que andaba borracho. Con hartos whiskys encima y lo noté un tantito "hot", lo que no me gusta nadita. Un weón borracho es lo más matapasiones que hay, pero ellos juran que matan. ¡Matan de pena, los pobres!

-Pero ¡déjame llevarte yo! - me reclamaba. ¡Pero si era él quien no se podía mantener derecho!
-Mujer que me dejes guiarte. ¡Yo soy el hombre! – me dijo. Yo lo miré molesta mientras luchaba por quitármelo de encima. De pronto pensé que las minas duras de la mesa de al lado justamente era a estos tipos a los que querían mantener alejados. Mmm. Me pasa por confiada.
-Esta mina no se deja llevar por nadie... ¡Está como una piedra. Fria y tiesa! - dijo Bruno, dirigiéndose a todos los de la mesa. Entre ellos el rubio petulante que no me quitaba los ojos de encima.

No pude evitar que se me subieran los colores al rostro cuando sentí sus intensos ojos azules sobre mí. Al final, terminé por darle una patada en las canillas al borracho y me fui corriendo al baño. Intenté distraer mi atención y hacer como que nada había pasado pero no podía. Esa mirada ardía o ¿fue idea mía?

Aproveché la ocasión para descansar un rato. Cuando volví, en la mesa sólo estaba Félix, calladito. Me miraba como raro. No entendía esa actitud de él. Andaba así desde que salimos del pub, pero la verdad no quería que me importara en lo más mínimo.

No tuve tiempo de entablar una conversación con él porque justo llegó el viejo repulsivo que me tomó de un brazo y me tironeó a la pista de baile.

¡Otro borracho más! Luché por quitármelo de encima. ¡Era un triunfo mantenerle las manos quietas a ese hombre!

Cuando me quiso agarrar el culo estuve a punto de darle una buena bofetada pero de la nada apareció Félix, me tomó del brazo, me hizo dar una vuelta y no sé como ya estábamos en otro lado de la pista.

-Gracias- le dije un poco avergonzada. Él no respondió hasta después de un rato
-¿Estás bien?.- Lo miré hacia arriba. ¡Por dios que alto es!
-Ehhh.. si, si.

Y eso fue todo lo que nos dijimos. Hasta que, como en las películas, pusieron una música lenta y bajaron aun más las luces.

-¡Horror!- tragué saliva. -Este es el momento para escabullirme- pensé, pero sorpresivamente este Félix me tomó de la cintura y me acercó hacia su cuerpo. Lo noté nervioso. Mis brazos parecían mandarse solos y como si nada se instalaron alrededor de su cuello. Se sentía muy cómodo estar así.

No sé, era como un calorcito intenso y rico que me recorrió entera. Cerré los ojos como para dejarme llevar por la música y por la tibieza de ese cuerpo, pero su celular comenzó a sonar.

Ambos nos asustamos y tomamos distancia. Mientras respondía la llamada me miró y me hizo señas para que lo esperara. Lo hice, pero lo escuché que hablaba con su novia: "Si mi amor, no mi amor, no te preocupes mi vida. ok, un beso."

Es igual a todos, me dije y cuando él se volteó aproveché para ir a buscar mis cosas e irme del lugar sin avisarle a nadie.

Realmente me sentía algo extraña y quise ir a refugiarme pronto a mi apartamento.


¡Ni lo pienses Doris!




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