lunes, octubre 14, 2013

APRENDIENDO A AMARTE. Capítulo 4


-¿Y de qué lugar eres tu Rosario?. -Preguntó Mike acercándose a ella muy atrevido.
-Ehh.. soy de Madrid. Vivo y estudio acá. -Respondió ella un poco nerviosa por la cercanía del cuerpo del embajador.

Mike era un tipo maduro y solterón. Se sabía de él que amaba su libertad y sobretodo las mujeres, las fiestas, el rock´n roll y la buena vida en general.

Era, efectivamente, el millonario que andaba buscando Rosario y que sin querer ella aun creerlo ahí estaba el que sería su futuro marido. Porque estaba convencídisima que lo tendría para ella y se había propuesto enamorarse y enamorarlo. De esta forma su sueño comenzaría a ser una realidad.

-¿Y tú que haces por acá?... ¿Trabajo o diversión?. - Preguntó Rosario muy coqueta, tratando de verle el lado atractivo al hombre y no sólo el tamaño de su billetera o lo alto de su posición social.
-Ambas cosas.-le sonrió-. Vine por trabajo pero me ha encantado encontrar a una chica tan linda en medio de lo deprimente que pueden volverse a veces estas reuniones sociales.
-¿Y tu bailas?-pregunto Rosario
-Sólo si me obligan. Prefiero escuchar la música junto a una buena compañía.
-Mmm- murmuró Rosario, pensando en lo aburrida que se comenzaba a poner la conversación.

Pero estaba decidida y sin pensarlo dos veces lo tomó de la mano y se lo llevó a la pista de baile donde comenzó a moverse muy sensual. Levantó sus cabellos acercándose a él mientras tarareaba el tema que en ese momento sonaba fuerte y contagioso. Mike no tuvo más remedio que dejarse llevar por la sinuosidad de los movimientos de Rosario comenzando a seguir con la mirada cada paso que ella daba.

A esas alturas de la velada Rosario ya se sentía triunfadora. Mike parecía estarse divirtiendo junto a ella quien hacía uso de todos sus encantos, que no eran pocos, para hacerlo caer en sus redes.

Lo que Rosario no sabía era que Mike era un "hueso duro de roer". Muchas mujeres lo habían tratado de conquistar sin éxito. Él les hacía creer que caía seducido bajo sus encantos pero la situación era al revés. Eran ellas las seducidas y luego desechadas sin remordimiento.


Cruzando "el charco", Max lograba recobrar la conciencia pero se encontraba muy débil. Desde que su abuelo había caído gravemente enfermo había descuidado su alimentación y sus horas de descanso. Debía preocuparse tanto de su hijo como de su abuelo. Hasta que su madre Laura se percató de lo mal que estaba su hijo, por lo que tomó a su pequeño nieto y se lo llevó con ella hasta que toda esa triste situación terminara.

Emma no había puesto reparos ante tales hechos. Así podría salir de casa sin mayor preocupación que ella misma, a pesar que siempre se alejaba sin remordimientos y a Max eso ya no le importaba.

Hacía años que había dejado de importarle su esposa. Cuando se dio cuenta, tarde ya, que no era quien él pensaba. Que se había dejado llevar por la pasión que ella le provocaba con su cuerpo y la forma en que lo seducía para llevarlo a la cama y acariciarlo y besarlo.

Se dejó llevar por una pasión desconocida hasta ese instante para él pero que luego se daría cuenta que lo que Emma le daba no lo era todo. Le faltaba encanto, complicidad, cariño, ternura, calor, olor, sabor, amor...

Cuando se vino a dar cuenta que era a Consuelo a quien amaba y deseaba ya era demasiado tarde. Emma estaba embarazada y en él no cabía la irresponsabilidad de dejar un hijo sin padre.

Recordó que siempre había soñado tener hijos junto a Consuelo. Solían jugar a ponerles nombre. -Si era niña se parecería a ella, -recordó Max-, con sus ojos risueños y soñadores, con su pequeña nariz y su boca... Max despertó llorando de aquellas añoranzas que habían vuelto a viajar hasta su cabeza.

Luego de maldecir la vida, de maldecirse él mismo decidió retomar el camino perdido.

-¿Mamá?
-¡Hijo!- corrió Laura hacia donde él estaba
-Mamá ¿estás bien?. ¿Cómo está Maxito?
-Bien, bien. Todos estamos mejor ahora que todo esto terminó. Lo importante es saber cómo estás tu ahora
-Pronto estaré mejor - Le sonrió con los ojos aún vidriosos por las lágrimas recién contenidas.
-Mamá necesito que me ayudes por favor.
-Por supuesto dime que quieres. Qué necesitas.
-Me voy a buscar a Consuelo para pedirle que me perdone.
-¡Max!. Ella... tu sabes...
-Si madre, sé que se fue a Europa, por eso es que te voy a pedir que cuides de mi hijo mientras vuelvo con ella.
-¿Y tu crees que quiera volver a ti después de...?
-¡Si mamá!. ¡Lo sé!. ¡Consuelo sigue siendo mía como yo de ella!. Se que no me ha olvidado.
-Si ya lo tienes decidido hijo. Yo feliz de quedarme con Maxito. Se parece tanto a ti cuando tenías su edad
-Mi abuelo me ayudará desde donde sea que esté. El quería mucho a Consuelo y siempre nos quiso ver juntos. Se que el me acompañará en este viaje.
-Ve hijo. Ve por ella.

Max, completamente decidido, comenzó a preparar su viaje. No sabía donde buscar. Trató de hablar con la familia de Consuelo pero no le quisieron dar referencia del lugar donde estaba. Él no bajaría los brazos. La encontraría. Agradecía a cada instante a su abuelo por haberle dejado tal herencia. -Con dinero será más fácil encontrarla y reconquistarla- pensó.


En la gran mansión, reunidos en el balcón, al fin las manos de Alejandro rodearon la cintura de Consuelo pasando a rozar suavemente la desnudez de su espalda. Al instante, ella ahogó un breve suspiro a la vez que un frío inmenso recorrió todo su cuerpo haciéndola temblar dejándola casi sin respiración.

-¿Te sientes bien?-preguntó Alejandro alarmado, sosteniéndo entre sus brazos el cuerpo de ella que parecía haber caído en un abismo profundo y cálido.
-No, no es nada- dijo Consuelo, mirándolo fijamente, aun sin entender qué le había sucedido.-No sé que me pasó, disculpa por favor. Tengo hambre - sonrió nerviosa- ¿Me invitas a comer algo?.

Al volver al salón la señora de Zeballos, anfitriona de la fiesta, los observaba avanzar hacia ella.

-Alejandro, mi querido. Te he buscado toda la noche. ¿donde te habías metido?. Por favor acompáñame necesito que conozcas a alguien. Es muy importante.
-Señora Alicia, por favor, ¿me disculpa un momento? - dijo Alejandro -
-Ve por favor, no te preocupes por mi, ya estoy bien.
-¿Estás segura?. No no te dejaré sola
-Alejandro por favor esas personas son muy importantes, no las hagamos esperar - exclamó la anfitriona un tanto molesta.
-Ve, anda, que estoy bien te digo.
-No te muevas de aquí. Yo las llevo de vuelta a su casa
-Dale , ve que te esperan "personas importantes"- dijo burlona al oído de Alejandro, guiñándole un ojo.

Al quedar sola, Consuelo comenzó a buscar entre las gentes a Rosario, logrando divisarla mientras conversaba con Mike pero al acercarse también se lo estaba llevando la señora de Zeballos dejando a su amiga sola.

Cuando al fin se reunieron ambas amigas se rieron de la situación y comenzaron a buscar a Rony para que las llevara de vuelta a casa, pero Rony también andaba tras la anfitriona.

Las chicas subieron a la habitación donde habían dejado sus cosas cuando llegaron. Se cambiaron de ropa y tratando de no llamar la atención salieron del lugar.

Una vez fuera de la mansión, Consuelo llamó un móvil el que las dejaría al fin en casa, en sus camas descansando y recordando lo que había sido esta fiesta tan inusual para ellas y que estaba comenzando a cambiarlo todo.

Al terminar la reunión a la que había sido invitado Alejandro, éste comenzó a buscar desesperadamente a Consuelo sin poder hallarla. Se sintió muy triste pero de inmediato recordó a Rony y lo buscó para pedirle que le diera la dirección de donde podría encontrarla.

-A ver y ¿por qué debería yo dártela?- dijo Rony, haciéndose el interesante.
-Porque yo te lo estoy pidiendo, con eso basta ¿no crees?- Respondió furioso Alejandro tomándolo de la solapa con tono amenazador.
-Hey, hey si era broma. Es que ellas son mis mejores amigas, no quiero que venga nadie a hacerles daño.
-Ya dime
-Yo también quiero saber - Exclamó Mike acercándose a ellos - Esa Rosarito.. Tiene un no se qué amigo - terminó diciendo el embajador, golpeando la espalda de Alejandro y sonriendo cínicamente.

Alejandro no hizo caso a los comentarios de Mike. Tomó el dato de la dirección y partió de inmediato.

El chofer condujo rápidamente hasta donde le indicó Alejandro. Al llegar al portal del edificio donde vivían Consuelo y Rosario éste se bajó del coche y se dio cuenta que la luz del apartamento justo se apagaba en ese instante.

Alejandro con el corazón en la mano tocó el timbre, pero nadie contestó. Lo volvió a tocar y nuevamente nadie respondió.

Cabizbajo, Alejandro volvía al auto, pero en ese momento la voz de Consuelo lo llamó desde el balcón.

-Qué haces aquí tan tarde
-Consuelo. Al fin. Debía verte. Disculpa la hora
-No puedo dejarte pasar, perdón.
-Está bien. Comprendo  - dijo con voz temblorosa -
-Mañana si quieres nos vemos. Salgo a las 6 de la escuela.

Una sonrisa se instaló en el rostro de Alejandro y su corazón volvió a latir fuerte y lleno de emoción.

-¡Paso por ti a esa hora!
-Si. Nos vemos
-¡Espera!... Será nuestra primera cita
-Ejem.. Si, parece - dijo ella nerviosa y sonriendo - Buenas noches- Se despidió cerrando la ventana y apagando rápidamente la luz de la habitación.

Alejandro no cabía en si de tanta alegría. Al fin, después de casi toda una vida tendría su primera cita con la mujer que amaba. En el fondo de su alma sabía que la conquista no sería fácil pero daría la batalla y como otras muy duras que tuvo que lidiar, esta también la ganaría.

En su cama Consuelo no lograba quedarse dormida. Las manos de Alejandro sobre su piel, la sensación, el desconcierto que esto le ocasionó. No lograba entender qué le sucedía. Trataba de no pensar en ello.

En la mañana un llamado inesperado las despertó

-Mamá
-hija, cómo estás
-Bien mamá. ¿Qué pasa?. ¿Están todos bien?
-Si mi niña. todos estamos bien, sólo que ....
-Qué pasa mamá
-Ay mi niña que tu padre no me deja que te cuente

Consuelo escuchaba a su madre que discutía con su papá al otro lado de la línea.

-Miguel, la niña debe saber, déjame decirle por favor. No te inmiscuyas
-Mamá por favor que me asustas
-Hija, se trata de Max.
-¿Max?.. ¿que tiene?. ¿Le ha pasado algo?
-Que llamó pidiendo saber donde estabas
-Qué, qué
-Me enteré que se separó hija. Me contó que murió su abuelo
-¿Le dijiste donde estaba?
-No hija. No le dije
-Bien mamá. Estuvo bien. Gracias
-Pero hija.. Me dijo que te buscaría hasta encontrarte donde sea que estés

Consuelo quedó perpleja. No entendía nada.

-¿Max viene a buscarte? - Preguntó Rosario, que hacía un rato que ya escuchaba la conversación telefónica que sostenía Consuelo con su madre.
-No entiendo nada Rosario. Me dice mi mamá que se separó, que su abuelo murió. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
-Justo ahora amiga.
-Justo ahora...¿por qué?
-Porque es primera vez que te veo medio entusiasmada con un hombre.
-Cómo me dices eso
-Pero si ayer me hablaste todo el rato de Alejandro.
-Mentira. Sólo comentaba los sucesos de la velada.
-jajajaja... Si.. los sucesos..
-¿Y tu amigo Mike?. qué me dices.. Ahí tienes a tu millonario ¿viste?
-¿Es lindo cierto?
-Si tu lo dices.. jajaja.
-Oye si es muy encantador y cortes.
-¿Te llamó?. ¿Te pidió tu número de teléfono?
-No, es que no hubo tiempo
-No te ilusiones amiga. Esos tipos solo buscan divertirse.
-¿Y cómo tu?. ¿Te pidió tu número el tal Alejandro ese?
-No.... Pero igual llegó a verme anoche. jajaja
-Mmm... Yo me quedé dormida tarde esperando a ver si Mike también venía - dijo tristemente Rosario.- Nunca vino.
-Te mereces algo mejor amiga. Recuerda que el dinero no lo es todo en la vida.
-No... pero ayuda  jajaja

Ambas amigas volvieron a reir, recordando lo vivido la noche anterior pero Consuelo no podía dejar de pensar en que tal vez vuelva a ver a Max nuevamente. Ese pensamiento la perturbaba y no le dejaba recordar que tenía una cita con Alejandro esa misma tarde.

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