lunes, octubre 14, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 6.


Cuando Rosario colgó el teléfono después de hablar con Consuelo, éste comenzó a sonar casi de inmediato. Al mirar en la pantalla para ver de quien podría tratarse se quedó helada. Era Mike.

-Hola - dijo ella poniendo su mejor voz sensual
-Rosario, ¿cómo has estado guapa?- preguntó seductor él
-Que tal Mike. Todo bien y tú ¿que tal?
-Bien, bien. Gracias

Luego, un breve silencio. Ninguno de los dos se atrevía a hablar hasta que Rosario se decidió al fin.

-Fíjate que hace poco hablé con la Consu y parece que se tardará en llegar.

-O sea que¿ te quedarás solita?- preguntó Mike
-Sola, sola no.. Tengo mi gato Kirk que me acompaña siempre mientras estudio o veo la tele.
-¿Y tu crees que Kirk se moleste si te paso a ver un ratito?

Rosario abrió tremendos ojos y se emocionó toda y tratando de mantener la calma le contestó suavemente:

-¿Kirk enojado?. No creo... El no es celoso. Además, parece que no le gustan las niñas. Jejeje. - dijo ella bajito al teléfono y coqueta.
-¡Jajaja! Pero como no le van a gustar las niñas. No me digas que es un gato gay jajajaj. - Reía sonoramente Mike al otro lado de la línea mientras conducía su carro hasta el apartamento de las chicas.
-La verdad, no lo sabemos. No le conocemos novia y lleva con nosotras muchísimo tiempo. Se lo pasa ahí echadito mirándonos cuando nos cambiamos de ropa el muy fresco.
-Jajaja Rosario, que me haces reir. Ya estoy llegando a tu puerta  ¿me abres?
-De acuerdo. Chau.

Rosario corrió a mirarse al espejo por última vez. Se arregló los cabellos y humedecio sus dedos para intentar borrar la ojeras con las que había despertado aquel día. Luego, el timbre...ya no podía hacer más con su figura.

-Es lo que hay - se dijo, y apretó el botón de la puerta para dejar entrar a Mike.

-Mmm. ¡Pero que bien huele aquí! - exclamó el embajador
-¿Tu crees?. Es mi almuerzo. Cociné una simple sopa de cebollas, ¿te apetece probar?
-¡Pero por supuesto!. Huele de maravillas. ¿Y donde está el famoso Kirk eh?
-Por ahí debe andar. Echado en el sofá se lo pasa.
-¿No tendrá alguna pena de amor? - preguntó Mike, buscando al gato con la mirada.
-¿Por qué lo dices?. ¿Es que tu has tenido alguna pena de amor que te haya tirado al sofá todo así desganado? - preguntó con los ojos llenos de malicia, mirándolo directamente y sonriendo, mientras tomaba a Kirk entre sus brazos para besarlo y luego dejarlo libre nuevamente.

El gato subió hasta un borde del sofá y desde ahí observaba a los dos como se miraban y no se decían nada. Sus cuerpos estaban demasiado cerca cuando Mike decidió responder a la pregunta

-El amor nos vuelve débiles, querida Rosario. Es una de las más temidas de las enfermedades porque no tiene cura.
-No lo sé. Yo nunca me he enamorado así como para decir eso.
-No lo hagas pequeña. Nunca te enamores. Sólo permite que la pasión llene tu espíritu. Esa no daña y es muy placentera. - Terminó diciendo él, mientras aproximaba su rostro al de ella aun más, mirándola seriamente.
-¡Qué divertido! Cuando lo único que quiero es enamorarme - Dijo Rosario, riendo y alejándose de él con la intención de ir hasta la cocina para servirle esa ansiada sopa que le había ofrecido.

Al sentarse a la mesa Mike saboreaba gustoso la comida preparada por Rosario y se deleitaba con su aroma.

-Rosario déjame felicitarte. Nunca antes había probado algo tan delicioso
-Hey pero si es una simple sopita de cebollas - dijo encojiendose de hombros y sonriendo avergonzada.
-La mejor sopa de cebolla my dear. The best - Dijo alzando un poco la voz y haciendo que Kirk saltara de su sitio y huyera por la ventana que daba al balcón.

Ambos miraron aquella escena riendo con ganas.

-En verdad es medio "rarito" tu gato eh. Jajajaja - Dijo Mike
-Oye que el minino está sensible ya.. jajaja. Pocas veces tenemos visitas masculinas en este apartamento. Le debes parecer simplemente un invasor.
-¿Que no hacen fiestas y no invitan amigos acá?
-No. Consuelo es muy estricta con eso y respeto su espacio que también es el mio.
-¿Y ella no va a llegar aun?
-No lo se. Quedó de juntarse con Alejandro.
-Alejandro.. Buen tipo él. Ha sufrido mucho.. por amor.

Rosario no le dio importancia a lo que decía Mike y ya comenzaba a aburrirse con su visita. Lo estaba encontrando un poquito simplón y de seguro con alguna tranca amorosa y eso no le hacía la menor gracia. No quería estar ligada a un tipo que arrastrara problemas psicológicos por causa de un mal amor. ¿Por qué debía hacerlo si ella no era la culpable?

Pero luego recordó lo de la mansión y la limu y se puso en campaña de conquista nuevamente.

Mike observaba cada movimiento de Rosario. Su andar, sus caderas; el constante tomar de sus cabellos dejando al desnudo su fino y largo cuello para luego dejarlo caer nuevamente sobre sus hombros. Sin duda era muy felina en su actuar. A él no le era indiferente ella.

Desde que la vio y bailaron juntos aquella noche se sintió atraído por su simpatía y por supuesto su belleza, pero su cabeza no se atrevía a descifrar lo que su corazón le estaba gritando. Se rehusaba a volver a enamorarse.

Efectivamente lo había estado y mucho pero fue engañado por ella, lo que le provocó caer en un abismo de excesos, drogas y alcohol.

Asi fue que había conocido a Alejandro. En el mismo centro para adictos donde lo había internado su tío. Ahí se hicieron un poco amigos. Los unía la misma pena. Una pasión reprimida, un desamor. Un dolor con el que sabían vivirían por siempre y para siempre.

Pero aquella tarde Mike no podía dejar de observar a Rosario y un inmenso deseo de besarla y tenerla entre sus brazos se apoderó de su cuerpo y de sus sentidos, cuando ella, sentada junto a él con las piernas arriba del sofá apoyaba su cabeza en su mano levantado sus cabellos regalandole la más bella sonrisa que jamás había visto.

En ese instante Mike dejó escapar un pequeño suspiro y sin previo aviso ni pensándolo dos veces se lanzó sobre ella para atraparla entre sus brazos y besarla con pasión. Tomando con sus manos ese suave cuello y acariciando con los pulgares sus mejillas sonrosadas.

Ese acto de impetuoso apasionamiento le gustó mucho a Rosario. La excitó a tal punto que luego de quedar atónita por unos segundos por lo que estaba pasando se dejó llevar luego por los besos y caricias que él le estaba brindando.

Ambos decidieron continuar con el juego. Rosario no dejaría escapar esta oportunidad. Lo deseaba y sabía que estaba a punto de salirse de la reglas establecidas por Consuelo y que hasta ese momento ella había obedecido a cabalidad. Pero esta vez no sería así.

Su futuro como esposa de un millonario estaba en juego, su sueño de niña. Además le gustaba lo que su boca sentía al sentir sus labios sobre su piel, sus caricias, sus manos recorriendo su espalda y palpando sobre su ropa sus blancos y hermosos pechos.

-Espera - dijo en un momento ella - Espera un poco

Rosario recordó que en cualquier momento volvería Consuelo a casa asi que decidió llamarla.

-¿Rosario?.¿ Qué te pasa?. Está todo bien
-De maravillas querida.
-¿Y entonces?
-Es que si te puedes quedar fuera esta noche - le dijo bajito a su amiga mientras Mike no podía dejar de acariciar y besar sus caderas a la vez que iba desvistiéndola lentamente.
-Rosario. ¡Nuestras reglas!
-Amiguita, amiguita por favor, no te enojes. Vete con Alejandro ¿si?. Es solo esta noche. No me hagas esto please - Rogaba ella con voz muy suave y agitada desde el otro lado intentado resistirse a las caricias y besos que le proporcionaba Mike mientras ella hablaba.

Rosario enfurecida cortó la llamada y se puso a caminar rápidamente pero no sabía hacia donde. Sólo pensaba en que en cualquier momento aparecería Max en su portal y ella no estaría ahí para verlo ni hablarle, ni abrazarle.

-Consuelo, ¿qué te pasa? - preguntó Alejandro preocupado.

Ella sólo sentía una gran angustia en su corazón. Lo miró con los ojos húmedos y recordó lo maravilloso que había sido con ella esa tarde.

-Perdóname por favor - dijo al fin sollozando
-Perdonarte qué cosa. Dime que me tienes preocupado
-Era Rosario. Me pidió que no llegara a casa hoy. Debe estar con alguien
-¿Quieres quedarte ... en mi casa?- Preguntó Alejandro, deseando poder decir ¿"quieres quedarte conmigo esta noche"?. Pero no se atrevió
-¿Puedo? - dijo ella acongojada
-Pero por supuesto. ¿Y por eso llorabas?. Será un placer tenerte de visita, ¡venga vamos!

Alejandro no cabía en si de tanta felicidad. Abrazó tímidamente a Rosario y se fueron caminando juntos hasta su casa. En el camino pensaba en lo hermoso que era estar así con ella. Tan solo abrazados. Sentía que su corazón escaparía de su boca cuando la imaginaba a ella en su apartamento, solos.

Consuelo no quiso decirle que su angustia se debía a que temía no estar cuando Max apareciera. Sabía que eso lo entristecería y no deseaba causarle más dolor a ese hombre que parecía amarla tanto como ella creía estar segura nunca podría responderle.


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(escrito 23/09/2010)

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