viernes, septiembre 13, 2013

DIARIO DE UN WINNER / AÑORANZAS


El fin de semana me escapé a la casa que tienen mis padres en el campo.

Necesitaba estar solo un rato y pensar en todo lo que me ha estado sucediendo de un tiempo a esta parte.

Este se ha convertido en mi refugio últimamente.

Acá vine luego de que... Bueno es algo de lo que nunca hablo... con nadie... ni conmigo.

Este lugar es misteriosamente mágico. Es una casa confortable, como les gusta a mis padres, ubicada en un lugar rústico cerca del mar y de un lago. ¡Se siente tan bien estar acá!

Mi juventud la viví casi por completo refugiado entre estos añosos árboles, sintiendo la brisa marina sobre mi cara y bañándome en el hermoso lago que está justo detrás de la casa.

Hacía tiempo que no volvía a recorrer estos paisajes.

Salí de aquí convertido en lo que soy ahora. Me puse coraza de hierro y decidí ser el mejor en todo. Nada ni nadie me volvería a hacer daño nuevamente. Nadie me volvería a dejar. Yo sería el triunfador, el que todos envidiarían, el conquistador.... como le puse a este diario "El Winner".

Todos hemos tenido nuestro primer amor. Ese que nos hizo vibrar y temblar de emoción cada vez que la sabías cerca. De quien no querías separarte ni un segundo. Con quien hiciste planes de matrimonio o de al menos irse a vivir juntos porque no soportabas la idea de estar lejos de ella.

Eso para mí fue Elisa. Mi primer amor. Ese de los 15 años.

Ella era un poco mayor, tenía 17 y era hermosa.

Hija del mejor amigo y socio de mi padre. Crecimos juntos casi, pero nunca me había fijado en ella hasta cuando la volví a ver después de mucho tiempo en el que ella había estado estudiando fuera del país.

Elisa comenzó a llenar mi mundo. Era el centro de todo. Ella sabía que me volvía loco su perfume, sus ojos, su cuerpo y me hacía sufrir contándome de sus conquistas y amoríos.

Una tarde en la que nuestros padres habían bajado al pueblo nos quedamos solos en la casa. Yo veía tele en mi habitación vestido sólo con mis boxer. Era verano y hacía muchísimo calor.

Ella irrumpió en mi cuarto como una loca, me miró y se lanzó sobre mí. Comenzó a llenarme de los besos más exquisitos que alguna vez me dieron.

Luego arremetí con las caricias que inundaban mis sueños más húmedos que ella provocaba.

Besé sus pechos desnudos y atrapados entre mis manos. Lamí su cuello y sus orejas mientras mis dedos se entrelazaban en sus cabellos.

Pero, como todo adolescente, "adolecí" de experiencia y tanta excitación me hizo acabar más pronto de lo que hubiera deseado.

Ella se burló de mí, pero al ver mi cara desencajada de dolor y de vergüenza se acercó y me dijo bajito al oído que no me preocupara, que ella sería mi maestra y que me enseñaría todo lo que ella sabía.

Ese fue el comienzo del verano más excitante del cual tenga memoria. Elisa venía todas las noches a mi habitación y comenzábamos; ella a jugar conmigo y yo a aprender el arte de amar y dar placer a una mujer.

Así fue que me enamoré como un tonto, como un loco de ella.

Una noche me explicaba cómo debía besarle para producir placer y deseo. Otra noche eran los besos y las caricias furtivas. Esas que dejan con "ganas", me decía.

Para el final del verano ya era todo un "Graduado". Ella me dijo que había aprobado todos los ramos con honores y se reía.

Pero no fue suficiente. Yo no fui suficiente para Elisa.

Me dejó, se fue con otro. Un tipo mayor, con mucho dinero, exitoso. Ella se deslumbró con él al verlo.

Se lo presentaron aquí en esta misma casa en la que ahora escribo estas memorias.

Recuerdo su mirada al verlo. Su rostro pareció iluminarse, sus ojos brillaban y una gran sonrisa se instaló en su cara, la que no la abandonó hasta el día en que él se la llevó lejos, lejos de mi y nunca más supe de ella.

Una vez que pude salir al fin de la pena que me provocó perderle, me propuse convertirme en un tipo así, como aquel que se la llevó de mi lado. Creyendo, tal vez, que si ella volvía algún día, me pudiera mirar como a él.

Obviamente eso nunca ocurrió.

De eso ya han pasado casi 15 años y no recuerdo mujer que me haya hecho sentir como Elisa lo hizo. Hasta ahora. Ahora que no logro sacarme de la cabeza a Doris.

Apenas cruzamos palabras, apenas casi nos rozamos, apenas casi nos miramos, pero hay algo en ella que me hace desearla... si, lo dije... La deseo con pasión, con lujuria y no logro calmar mis ansias.

A ella pareciera que no le soy indiferente, pero no estoy seguro y esa inseguridad, el no saber, me está matando.

Ya se hizo tarde y es de noche. Iré a dar una vuelta al pueblo. Recuerdo que hay un lugar muy entretenido donde ir a tomarse un trago tranquilo y ver bellas mujeres. A ver si se me pasa esta locura conociendo a alguna que me haga poder olvidar a las dos.



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