viernes, septiembre 13, 2013

DIARIO DE UNA GORDA DIVORCIADA / CARITA FELIZ



Ahí estábamos, ella y yo dándole rienda suelta a la conversación, a la risa sonora y acariciando con mis dedos y mi boca el tercer vaso de tequila margarita que a esas alturas de la noche ya me tenía un poco más que contentilla.

La música comenzó a encender mi cuerpo y quise bailar solo para mí y mi amiga que me observaba con los ojos brillantes.

Al levantarme del asiento comencé a moverme sinuosamente y a recorrer con mis manos mis piernas, mis caderas, mi cintura hasta alzar los brazos por sobre mi cabeza. En es punto abrí los ojos y lo vi. Ahí estaba él, Félix, a pocos metros, parado en frente de mi, observándome con una mirada extraña.

En un principio, debo confesar, que me cohibí y quise volver a mi sitio calladita y casi esconderme bajo la mesa, pero el alcohol, la música y mi cuerpo loco fueron más fuertes que mi conciencia y la razón.

Mis pies me llevaron hasta donde él estaba y sin tapujos ni vergüenza comencé a dedicarle este baile a él.

De reojo pude observar como Isabel y otras personas nos miraban curiosamente y luego sonreían.

Félix no podía disimular su emoción y el, otras veces todo canchero súper macho, estaba ahí, de pie tras de mí, boquiabierto con el rostro desencajado.

Acerqué mi espalda a su cuerpo mientras subía y bajaba y al fin poder sentirlo un poquito más cerca de mí.

Parece que en algún momento debo haber resbalado con algo porque sentí que él me tomaba firmemente por la cintura antes de que mi cuerpo llegara estrepitosamente hasta el suelo.

Hasta ahí recuerdo. Luego todo es muy confuso, voces, risas, llanto, música fuerte y de repente silencio y oscuridad absoluta. Se me había "apagado el plasma". Ja!

Desperté con el sol pegando fuerte en mi cara, con una sensación horrible en mi estómago y sólo abrí los ojos con el deseo de ir corriendo al baño. Pero ¿¡Dónde estaba?!.

De inmediato pensé en que Isabel estaba ahí conmigo, hasta donde podía recordar. Entonces ella no habría dejado irme..... con..... Lo recordé todo.

Al darme vuelta ahí estaba él, Félix, recostado junto a mi ¡en la misma cama!

Casi por inercia y muerta de miedo me miré y ufff! aun llevaba puesta la ropa de la noche anterior.

¿Pero cómo había llegado hasta ahí? Eso si no lograba salir de mi disco duro. Es algo que desapareció de mi memoria, espero que no para siempre.
Me levanté despacito para no despertarlo, no sé por qué. Luego entré al baño, me observé. Al parecer todo estaba tal cual. No había rastros de que hubiese sido una "mala niña" Eso sí, me sentía morir.
Sin pensarlo dos veces me metí a la ducha y me quedé bajo el agua caliente un rato con los ojos cerrados tratando de hacer calzar las piezas del rompecabezas en que se había convertido mi noche anterior y aquella mañana.

Mientras me arreglaba sentí ruido fuera de la habitación. Asustada, asomé mi cabeza por una pequeña abertura que hice en la puerta y vi que Félix aun permanecía dormido.

Aproveché para salir de ahí, aun envuelta en la toalla e ir a buscar mis zapatos que los había dejado cerca de la cama.

Cuando logré estar cerca de él nuevamente no pude evitar quedarme un rato mirándolo. Se veía tan guapo así.

Ahí estaba yo, medio desnuda mirándolo como una idiota cuando abrió repentinamente sus ojitos y me sonrío. ¡Casi muero de la impresión!

Hice ademán de huir a refugiarme al baño pero él alcanzó a tomarme de un brazo.

-Espera no huyas - me dijo -
-Ehhh... por favor.. Déjame ir. Luego hablamos ¿si?
-¡Pero espera!
-Es que me siento un poquitin incómoda vestida así (¡desvestida así!). Me visto y vuelvo ok??- terminé diciendo muerta de vergüenza.

Logré zafarme de su mano y arranqué a esconderme de su mirada.

Me vestí rápidamente y salí. El estaba de pié junto a la cama, sin camisa, vestido sólo con unos jeans y descalzo. ¡Casi muero de un infarto preorgásmico!

Tiene un cuerpo perfecto que hace juego con esos ojitos azules y su sonrisa perfecta. Debo haberme quedado como una idiota un rato ahí mirándolo toda babosa.

-¡¿Qué tengo?!- dijo, y miró y tocó su lindo cuerpecito.
-No nada, sólo queeeee...
-Ah espera, no temas. Me saqué la camisa porque estaba muy arrugada y algo sucia y justo saliste cuando iba por otra.

Yo pensaba -¡nooooo, quédate así please, please, please!-

Mientras se volvía a vestir, me comentó algo de lo que había sucedido luego que perdí la conciencia.

Yo, muerta de vergüenza escuchaba sonrojada cómo me tuvo que sacar del bar, de que Isabel le contó que ya lo conocía porque yo le había hablado mucho de él (¡que bochorno!), y que confió en que en sus manos estaría bien.

Pensé -¡en qué manos si ni siquiera me ha tocado!

Me comencé a sentir mareada y me senté en su cama. Porque era su casa en la que estaba. El me dijo que seguro era por la resaca, que me recostara un rato.

Así lo hice. Me sentía muy desdichada. Nunca habría querido que todo eso pasara. Es decir, así de esa manera. ¡¿Qué estaría pensando de mi!?

Unas lágrimas locas se escaparon de mis ojos y él se dio cuenta. Muy tierno se recostó a mi lado y me las secó con sus dedos.

-Por favor no llores -dijo- más o menos se por lo que has pasado y no hay nada de qué avergonzarse.

No lo pude evitar, un fuerte corriente me impulsó y me empujó hasta su pecho y comencé a llorar como loca.

Él me abrazó y acarició mi cabeza intentando tranquilizarme. Tomo mi cara con sus manos y volvió a secar mis lagrimas con sus dedos.

No hubo más palabras.

Lo vi acercarse lentamente hacia mi boca y silenciosamente comencé a llenarme de su sabor, de su olor, de sus ser.

¡Había tanta pasión en aquel beso! Nunca antes había sido besada así. Era como en mis sueños.

Mi cuerpo estaba temblando y un rico calorcito comenzó a apoderarse de mí.

Me aferré a él. Me colgué de su cuerpo, de su boca, de sus labios y de su lengua.

Mi piel lo deseaba tanto y hacía tanto tiempo que no lograba controlar las ansias de acariciarlo, beber de su aroma, de sus ser.

Mi vientre ardía, mis pechos se amoldaban a sus manos, mientras su lengua  y su boca recorrían cada rincón de mi piel.

Acarició mis piernas, luego giró mi cuerpo y posó el suyo sobre mi espalda.

Sentí su sexo húmedo en mi piel. Besó mi nuca, mis cabellos. Yo cerré los ojos a esa pasión. Era exactamente lo que mi cuerpo deseaba. 
Mis caderas ardían entre sus manos. 

No hay nada más excitante, al menos para mí, que el sentirse deseada y cuando ese deseo se convirtió en el placer de tener al fin entre mis manos y mis piernas a aquel hombre, sólo resta decir que la pasión se volvió inagotable.

Y acá estoy, escribiendo estas líneas mientras él yace dormido y cansado. No nos hemos levantado desde esta tarde en que todo sucedió.

Ya quiero estar abrazadita a él nuevamente y sentir sus manos en mi cuerpo.

¡Qué locura! No quiero ni pensar en mañana. Noooooo...

Por ahora.... vuelvo a él

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...