viernes, septiembre 13, 2013

DIARIO DE UNA GORDA DIVORCIADA / REENCUENTRO CON UNA VIEJA AMIGA EN ALGUN LUGAR CERCA DEL MAR


Hace poco más de un año que no volvía por este lugar.

Acá vine a refugiarme luego que me separé de Manuel. Cuando sentía que me rechazaba.

Me fui al bar de Isabel y, al contrario de lo que cuenta la canción de Sabina, el bar seguía donde mismo y ella seguía igual de hermosa.

Al verme entrar una gran sonrisa se dibujó en su cara y salió a saludarme con un cálido abrazo y un beso.

-Querida, ¿cómo has estado? Hacía mucho que no sabía nada de ti - Me dijo toda emocionada.
-Hola Isabel. Si, ha sido mucho tiempo.
-Estas rara. ¿Una pena de amor nuevamente?

No dije nada. Tan solo una lágrima se atrevió a escapar de mis ojos sin yo poder contenerla.

-Ven, vamos a tomarnos un tequila. Nos hizo bien ese tratamiento la última vez ¿recuerdas? - dijo, guiñándome un ojo.

Le sonreí tímidamente. Tal vez incluso me sonroje por unos instantes

-¡Claro que me acuerdo! - le respondí luego. Los tequilas fueron los culpables de que hubiera regresado
-Vamos pequeña. No llores por favor -  Me abrazó y me llevó hasta su casa.

Una vez ahí, Isabel encendió la chimenea y acercó unos vasos - para el frío - dijo, y se acomodó junto a mí.

Posé mi cabeza sobre su hombro y le comencé a contar mi desdicha.

- Muchas cosas sucedieron después que me fui de aquí Isabel.
-Tenemos toda la noche. Cuéntame querida, qué sucedió.
-¿Recuerdas que llegué hasta acá porque mi matrimonio no andaba bien?
-Sí, recuerdo. Me contaste que no pasaba nada entre tú y tu marido hacía meses y te sentías culpable porque habías subido de peso y sentías que era eso lo que lo alejaba de ti.
-...Y tú me dijiste que yo me veía preciosa así como estaba y luego... me besaste.
-Fue una noche mágica ¿no crees? - dijo Isabel, mirándome directo a los ojos sonriente y sensual.

Recordé sí. ¡Claro que recordé!

Fue una noche de invierno. Ahí estaba ella, como siempre, tras la barra de aquel bar. Me miró y de inmediato me sentí acogida. Nos conocíamos desde siempre pero poco o nada habíamos hablado alguna vez.

Yo solía sentirme intimidada por su penetrante mirada y siempre que podía la trataba de esquivar. 

Isabel es una mujer hermosa, rubia, de profundos ojos azules, su tez es blanca pero el aire marino y el sol le han dado un color castaño muy especial.

Los hombres del puerto la desean con pasión y las mujeres la envidian e inventan historias sobre su vida privada. Pero ella hace caso omiso a los murmullos y vive feliz en su pequeña y acogedora casa  atendiendo el bar más popular del pueblo que le dejaron sus padres al morir.

Aquella noche nos emborrachamos un poco, sólo un poco y luego su mano me llevó hasta su casa.

Al cerrar la puerta, encendió la chimenea, tal como lo hacía esta vez. La emoción comenzó a apoderarse de mi cuerpo. No podía esperar a que ella diera el primer paso.

Mientras estaba de espaldas a mí, la tomé de un brazo, acerqué mi boca a la de ella y la besé.

¡Ay esos besos! Tan diferentes.

Nos quedamos unos momentos así. Saboreando, bebiendo y disfrutando de aquella boca prohibida y deseada por muchos de los que aun se hallaban allá dentro del bar, sin siquiera sospechar del pecado que nuestros cuerpos estaban a punto de cometer.

Fue ella quien decidió aferrar su cuerpo al mío y tirarnos sobre la alfombra.

Mi mente divagaba. Ya no razonaba, sólo se dejaba llevar y quería saber hasta dónde podría llevarla. ¿Sería que había algo más que nunca ántes hubiera sentido?

No quería que todo aquello terminara tan pronto. Decidí acercarla a mis labios.

Mi corazón iba a mil. Mi pecho subía y bajaba de manera vertiginosa. Esta vez quería ser yo quien bebiera de ella, de sus pechos, de su piel y sus caderas.

Yo mordía suavecito y ella jadeaba mientras su cuerpo se contraía. Mis manos llegaron hasta su humedad y mis dedos comenzaron a deleitarse en aquel espacio divino y jugoso. Sólo quería sentir que ella estaba disfrutando tanto como yo de aquel mágico momento que ninguna de las dos se propuso vivir pero al que el destino nos guió, frente a aquella chimenea, desnudas y entregadas a una pasión que sólo nosotras podemos darnos.

Mi experiencia en estas lides era nula, por lo que creo, no pude llegar a hacerla sentir tanto como ella a mí. Hice lo que pude. Las pelis que alguna vez vi junto a Manuel ayudaron a que supiera qué debía hacer; aunque el instinto animal que todas y todos llevamos dentro fue mi principal guía en toda esta aventura.

Si debo ser honesta conmigo, al recordar todo aquello, debo admitir que todo fue encantador pero, a pesar de la desilusión que había tenido con Manuel, seguía deseándolo a él en esos momentos.

Me alejé un instante de Isabel para acercarme a la chimenea. Mis manos estaban frías, a pesar de que el recordar todo aquello había logrado hacerme subir los colores al rostro.

Luego, continué con mi relato.

-Bueno, a esas alturas yo no tenía idea que Ana y Manuel se podrían atraer. Como es normal entre las buenas amigas, nos contábamos todo. Yo le decía de lo bien que la pasábamos juntos él y yo. De lo buen amante que era. Seguramente le entró el bichito de la curiosidad y aprovechó cuando nuestra relación no estaba de lo mejor. O tal vez, como me contó luego Manuel, ella fue la causante de que lo nuestro terminara.
-Después de lo que pasó entre nosotras - continué - volví renovada, como que me hiciste revivir y volví a sentirme mujer, hermosa y deseada.
-Tan hermosa como siempre. Ya pero a ver, me tienes metida, que pasó entonces. ¿Por qué estás acá nuevamente?
-Cando volví, quise darle una sorpresa a Manuel pero la sorprendida fui yo.
-No me digas nada. Lo pillaste con Ana en la cama.
-¡En mi cama, en nuestra casa! Pero eso ya no me duele tanto - dije cabizbaja y a punto de largarme a llorar nuevamente.

-¡Que puede ser peor que eso!
-Sucedió que con toda esta situación me alejé de él y me anduve volviendo un poco loca. Caí en algunos excesos… Alcohol solamente, por favor no pienses en nada ilegal. ¿Te das cuenta? Y ahora me están chantajeando. Uno de los gerentes quiere que me haga su amante a cambio de obtener un cargo importante, al que yo aspiraba hacía tiempo.
-¿Y si no aceptas? ¿Qué pasa si no aceptas?
-Pierdo el cargo y lo peor... temo perder al hombre del cual creo haberme enamorado.
-¡¿Y eso?! ¡¡No me habías dicho nada!! Sinvergüenza. Cuéntame de él, ¡vamos!

Lancé un suspiro largo y comencé a hablarle de Félix.

-Es un tipo petulante que llegó hace poco a la empresa. Me cargaba. Es lejos lo más pesado que hay. Es de los típicos personajes que se saben regios y que se pavonean de aquello. Pero no puedo evitar que sienta cositas en mi estómago cada vez que lo veo o lo imagino cerca de mí.
-¿Y él, siente algo por ti?
-Tiene novia. Una tipa como él. Rubia alta muuuuuy delgada, y linda. ¿Tú crees que se podría fijar en alguien como yo? ¡Mírame!
-Te miro y bien sabes que eres hermosa. Tal vez no seas como la novia de Félix, pero te puedo asegurar que tienes otras cualidades que volverían loco a cualquiera
-Sí, pero a veces no sé si sea suficiente.

Luego nos miramos rodeadas por un silencio cómplice

-¿Y por qué crees que podrías perder a alguien que no tienes? - dijo ella sonriente rompiendo el silencio por unos instantes y poniendo cierta distancia entre las dos.

La quedé mirando y entendí que tenía razón.

-Lo que sucede es que temo que si él llega a enterarse de lo que pasó conmigo hace un tiempo atrás, ya ni siquiera tenga opción de que, al menos, me mire como a veces siento que lo hace.
-Te estás ahogando en un vaso de agua. ¿Te arrepientes de algo? - preguntó ella seriamente.
-No me arrepiento de nada - respondí, mirándola fijamente.


Mañana ya habrá tiempo para pensar en el rumbo que le daré a mi vida. Si lo dejo de ver, con toda seguridad lo terminaré olvidando. Al fin y al cabo mi imaginación es la que me ha llevado a sentirme así. Félix ni siquiera se  puede imaginar que esté aquí pensando en él y deseándolo.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...