viernes, octubre 18, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 17.



-Aida, por favor disculpe la intromisión
-¿Es usted con quien hablé por teléfono? - preguntó Aida desconcertada
-Si, Soy yo. Esto no es lo que habíamos acordado. Debido a una urgencia es que ahora estoy aquí ante sus ojos.
-Dígame por favor qué sucede ¿Mi hija está bien?
-Aida. El problema es otro. Su hija está muy bien
-Que sucede entonces. ¿Por qué los cambios de planes?
-Hemos descubierto que tenemos un soplón dentro de la organización
-¿Y qué significa eso?
-Que habrá serios cambios en lo que habíamos conversado. Por el momento usted no debe ni puede permanecer en este sitio. Por favor vistase y acompañeme rapidamente. La espero en el lobby del hotel

Aida no entendía nada. Sólo percibía un dejo de terror en la voz de aquel hombre mayor que parecía ser muy bien educado y de buenos modales. Definitivamente sentía que podía confiar en el.

Aida subió al auto de Hernan y partieron rumbo desconocido

-Aida, le ruego por favor la más absoluta reserva en todo lo relacionado a lo que vea y escuche
-No pierda cuidado señor. Eso está demas decirlo.
-Está bien. Estamos en serios problemas. La vida de uno de mis mas queridos hombres está en serio peligro y temo que hemos sido descubiertos.
-¿Cómo es eso?
-Ya le explicaré en el camino

Aida se sentía acorralada por lo fugaz de todos los hechos acontecidos desde que había bajado de aquel avión. Aun no podía comunicarse con Miguel, el alcaide de la prisión. El hacía mucho rato que intentaba en vano comunicarse con ella pero la gente del Duque le había intervenido las llamadas. La misión corría peligro.

-¡Rosario! - gritaba Mike por el intercomunicador - ¡Rosario ábreme por favor!
-¿Mike? - Rosario abrió la puerta emocionada.
-¿Qué sucede? ¿por qué gritas?
-Rosario, ¿dónde está Consuelo?
-En clases. La pasó a buscar Rony y...
-¿Quien?
-Rony, un compañero ..Estaba en la fiesta de la mansión. ¿Qué sucede?
-Hi.. yes, is him, Rony... yes, Ok  - Mike hablaba con alguien por treléfono
-¡Mike me asustas!. Por favor dime qué está pasando
-Rosario - dijo Mike tomándola por los hombros - Consuelo está en peligro. No sabemos donde está ni con quien. Por el momento debemos salir de aqui. Puede que tu también estés en peligro.

Rosario abrazó a Mike y su corazón se puso a mil. Estaba muerta de miedo y no lograba reaccionar ni entender nada de lo que le decía el embajador. Él, en tanto, no lograba apartar de su mente la horrible sensación que le producía la posibilidad de que a Rosario le pasara algo. No se lo perdonaría nunca.

-¡Pero mira que sorpresa!. Alejandro... Pensé que habías muerto - dijo Emma en tono burlón acercándose a él lentamente.
-Emma, para mi también es un placer volver a verte - respondió irónico Alejandro
-¿Ustedes dos se conocían? - preguntó un tanto alarmado Osman frunciendo el ceño.
-No diré que eramos amigos... pero si, algo nos llegamos a conocer - dijo Emma, aun observándolo fijamente.
-Veo que serás tu quien nos lleve hasta la mercancía - dijo Alejandro intentando no parecer ansioso
-¡La mercancía ya está aquí! - exclamó Osman con voz profunda
-¿Ya lo tienen? - Preguntó Emma emocionada
-Síganme - Osman les hizo un ademán con la cabeza para que vayan tras de él.

Los llevó por un estrecho pasillo que terminaba en un patio de luz. Se detuvieron frente a un muro donde Osman le pidió a sus hombres que levantaran una gran puerta que estaba en el suelo la cual cubría una oscura y larga escalera que los llevaría hasta el interior.

Al bajar, la humedad y el olor putrefacto produjo en Alejandro ganas de vomitar. Tapó su nariz y boca con las manos y continúo bajando.

Emma ya se había acostumbrado a aquellos olores durante su estadía en la carcel. Ella estaba como extasiada con lo que pronto verían sus ojos.

Al tocar fondo, un hombre abrió una puerta con una gran llave. Al entrar en aquella pequeña habitación Emma se quedó boquiabierta y luego sonrió satisfecha.

Una tenue luz se colaba por una pequeña rendija instalada muy alto, casi en el techo de aquel lugar, la cual alumbraba el cuerpo maltratado de un hombre cuya figura Emma ya adivinaba.

-¡Aquí está el gran señor! - exclamó Emma pateándolo para que despertara

Max, abrió apenas sus ojos golpeados pudiendo reconocerla de inmediato por su voz aguda y chillona.

-¿Emma?, ¿Emma eres tu? - preguntó Max desde el suelo intentando reincorporarse
-¿Quien otra amorcito?. ¿Esperabas que fuera tu Consuelito? - dijo, burlándose de él

Al oir el nombre de Consuelo, Alejandro y Max la miraron con desprecio.

-Aquí está. Ahora queremos lo que nos corresponde - dijo Alejandro con los puños cerrados. Sólo pensaba en darle un buen golpe pero se contuvo.
-No. Aun no puedo entregarles nada.  - dijo Emma, mientras observaba a Max y recordaba sus momentos junto a él. 
-Estamos de acuerdo - dijo Osman, primero necesitamos las claves para hacer la transferencia.

A Alejandro se le estaba escapando de las manos la operación. Había cosas de las cuales el no estaba al tanto y no quería abrir la boca para no despertar sospechas.

Sus pensamientos volaron a la noche aquella en que volvió a ver nuevamente a Consuelo. Cuando ya sus recuerdos y su amor por ella comenzarían a ser parte del pasado. Había decidido no seguir haciéndose daño recordándola todos los días y a cada momento. Había conocido a Cony en uno de sus viajes a Alemania y le había parecido una buena chica, capaz de hacerle olvidar su pasado y principalmente a su primer y único amor.

La reunión que sostuvo en aquella oportunidad con los más importantes agentes encubiertos de la policía anti narcóticos, era el motivo por el cual estaba ahora ahí.

Los agentes habían descubierto quien estaba detrás de las cuentas bancarias que hacían que la gran mafia europea se solventara. Era sólo cuestión de tiempo detenerlo desbaratando así toda la organización desde la cima hacia abajo al dejarla sin financiamiento.

La información acerca de esta mercancía que llegaría en aquel vuelo procedente de Santiago de Chile les tenía a todos en estado de alerta. Sabían que se trataba de un desesperado intento para comprar alguna nueva identidad, limpia de toda sospecha. 

Lo que Alejandro ni los agentes sabían era que la mercancía de la que todos hablaban eran los papeles de identidad de Max y que para lograr llevar a cabo toda la operación exitosamente debería matarlo... a él y a Consuelo. Asi no quedarían testigos de su paso por Madrid y su extraña desaparición.

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