viernes, octubre 18, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 18.



-Aquí esperaremos - dijo Rony deteniéndose tras la moto que los adelantaba.
-Rony, por favor. En que lío estás metido- dijo suplicante Consuelo
-En ningún lío preciosa. Esto me hará famoso y tu serás al fin mi...
-Rony. Ya sabes. Espera la orden- Le gritó el de la moto y se fue rápidamente


La tomó del brazo fuertemente llevándola hasta dentro de aquella cabaña solitaria. La lanzó sobre el sofá sin quitarle la vista de encima. Sus ojos recorrieron de punta a punta el cuerpo de Consuelo. No dejaba de pensar en lo que le haría. Al fin la tenía a sus pies y a sus ordenes.


-Rony, no me hagas daño por favor - rogó Consuelo aterrorizada por la forma en que él la miraba.


Aida esperaba ansiosa en aquel salón. Intempestivamente se abrieron las puertas. Era la duquesa quien le sonrió amablemente.


-¡Ah querida, te presento a Aida. ¿Nos permites unos momentos por favor?. Tenemos cosas importantes de qué conversar. - dijo Hernán al entrar tras su esposa
-¿Cómo está?. Claro querido. Los dejo, buenas noches. - respondió ella, retirándose del lugar algo extrañada.


La duquesa no sabía de quien se trataba y comenzaba a sospechar que algo iba mal. 


Cuando nadie la veía corrió hasta su habitación e intentó en vano comunicarse con Rony. Él había apagado el teléfono


-¡Este miserable!. ¡Sabía que no podía confiar en él!.


Luego, marcó hacia otro número.


-...Si, está aquí. ¡No se qué está sucediendo! - dijo, acercándose a la ventana al oir el ruido de un motor.
-..Ahora están llegando Mike y la otra chica
-...¡¡Estoy calmada!! - ahogó un grito de desesperación
-..Si, está bien. Esperaré - cortó la llamada nerviosa y se sentó sobre la cama a esperar.


Rosario y Mike entraron al salón tomados de la mano sin darse cuenta. Mike no quería soltarla ni por un momento. Casi sin darse cuenta, al bajar del automóvil, tomó su mano y no la apartó de él nunca más. Al duque le pareció muy extraña aquella escena. Nunca lo había visto siendo tan demostrativo con una chica. Desde aquella relación que lo hizo perder la cabeza y casi toda la fortuna de su familia.


La chica se llamaba Elizabeth. Era una pelirroja hermosa. De grandes ojos verdes y de piel muy blanca. Su sonrisa y su cuerpo cautivaron el alma de Mike desde la primera vez que la vio. Se enamoró como un loco de ella. Sólo tenía 16 años. 


Elizabeth también lo amaba pero era muy inmadura aun. A sus 15 años vivía prácticamente sola. Su familia no le hacía mucho caso, situación que compartían con Mike y que los hizo unirse aun más.


Mike era un chico tranquilo y normal pero cuando la conoció le tocó estar siempre a la defensiva. La chica era tan hermosa que muchos otros también la querían tener. Así aprendió a defenderse y a defenderla. Más que su novio se convirtió en su perro guardián. La angustia que le provocaba cada vez que les tocaba salir juntos a algún lugar era indescriptible.


-¡Si ella no hubiese sido tan coqueta y yo tan inseguro! - Se repetía a veces Mike, cuando en las noches despertaba angustiado por los recuerdos


-Jóvenes, ella es Aida y nos ha venido a prestar su ayuda - dijo Hernán
-Hola Aida. Es usted muy hermosa. -Exclamó Mike coqueto tratando de relajarse un poco. 
-Hola - dijo escuetamente Rosario, soltando la mano de Mike y luego cruzando los brazos sobre su pecho.


Mike la miró extrañado. No intentó acercarse nuevamente a ella, quedándose de pie en una esquina de la habitación.


-Mike, no es tiempo para galanterías. Dime por favor como están las cosas.
-Hernán me temo que no están muy bien - dijo con tono muy serio - temo por la vida de Alejandro y ahora de Consuelo
-¿De Consuelo?. ¿Por qué ella?- exclamó Rosario - Alguien me puede decir que está sucediendo


Hernán se tiró sobre el sillón de su escritorio con la mirada perdida y a punto de ponerse a llorar.


-¿Qué podemos hacer Mike? ¡dime por favor! - preguntó el duque desesperado
-No lo sé Hernán. Ahora solo depende de él y de su inteligencia. Lo dejé en un lugar específico pero los agentes no han podido dar con él. El GPS instalado en su móvil no lo muestra por ningún lado
-¿Y Consuelo? - ¿preguntó Rosario?- Qué ha pasado con ella
-Me temo que la tienen como rehén. Y en su caso si que no tenemos como ubicarla. 


Rosario se tapó la boca con las manos intentando ahogar el llanto de miedo y desesperación que ya venía saliendo por su boca.


-¿Y en qué puedo ayudar yo? - Preguntó Aida desconcertada
-No sabemos hasta que punto estamos siendo infiltrados Aida. Si la involucramos también a usted ahora que Rony ya le conoce podríamos perderla también. - dijo Mike deprimido.




-Las claves Max. Necesito las claves de la cuenta que te dejó tu abuelo - exigió Emma, acercándose violentamente hacia él.
-No se de qué claves me hablas  - dijo Max sin mirarla ni levantar la vista
-Me imagino que ya tienen a la estúpida de Consuelo ¿no? - preguntó Emma a Osman 
-Si, la tenemos. Están esperando nuestras instrucciones para actuar.

Alejandro creyó que sus piernas no le obedecerían. Se puso pálido y comenzó a traspirar helado.

-¡Tienen a Consuelo! - Pensó, intentando bloquear el grito que estaba a punto de salir de su garganta.
-¡Qué le has hecho a Consuelo maldito!- Gritó Max levantándose del suelo como pudo y acercándose a Osman con las manos atadas a su espalda
-Aun nada chilenito - se burló Osman dando un paso atras.
-Y no le harán nada si tu nos entregas esas claves - dijo Emma, observando de reojo la extraña reacción de Alejandro. Lo vió como petrificado

-¡Alejandro!. ¿Recuerdas a nuestra Consuelo?. Sí, es la misma. ¿Es que no las has vuelto a ver?
-No se de qué hablas - dijo él intentando mantener la calma
-¡Pero como la ibas a olvidar! Si estabas loquito por ella ¿no te acuerdas?

Osman observaba y escuchaba callado. Alejandro era relativamente nuevo en la organización y este dato podría significar que estuvieran frente a un infiltrado.

Max no sabía quien era Alejandro, Consuelo nunca le había hablado de él.


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Escrito 21/10/2010


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