viernes, octubre 18, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 22.




Inconcientemente Aida y Rosario se acercaron juntas y en absoluto silencio hacia aquella puerta misteriosa que estaba detrás de unos finos colgadores de madera tallada.


- Sí, lo se.. – decía a alguien la duquesa por el teléfono móvil
- Lamento haberlo llamado pero es de extrema urgencia y como usted sabe, se me entregó el teléfono para este tipo de inconvenientes.

La duquesa se notaba nerviosa, incluso algo asustada. Rony no la había vuelto a llamar y ella estaba prácticamente segura que los protegidos de su marido estaban involucrados con la policía antinarcóticos para desbaratar aquella organización. Debía hacerles saber de sus planes. Alejandro y Mike ya estaban dentro y eran peligrosos.

Rony no había querido confirmárselo pero con todo el movimiento extraño que estaba aconteciendo en su casa sus sospechas estaban siendo confirmadas.

-… Lo se, se que es peligroso que lo llame desde acá pero debemos vernos… Es que tengo información importantísima que revelarle.

Rosario y Aida se miraron asustadas. ¿Sería que aquella mujer era espía de los narcotraficantes?

No se dijeron nada. Bastó solo la mirada de Aida y Rosario comprendió lo que sucedería.

-Si.. las personas que están entregando información secreta a la policía. Se quienes son y no tiene idea de lo cerca que están de ….
-Está bien. Nos veremos. Me reconocerá porque…

Aida saltó como una pantera sobre la duquesa, apretando firmemente el cuello con sus largos y delgados dedos hasta asfixiarla. Rosario en tanto, tomó rápidamente el móvil y continuó con la llamada.

-Perdón.. sentí pasos….  – dijo Rosario, intentando imitar lo mejor posible la voz de la duquesa - Le decía que…

-Ahhh!! ¿Vendrán por mi?... ¿Rony?... Ehhh .. Si está bien.. Donde siempre a la misma hora…. Pero… ¡espere! Mi marido, el duque, está muy ansioso por toda esta situación. Si me ausento de la mansión podría sospechar – dijo Rosario, intentando parecer convincente.

-Enviaré en mi lugar a una de mis empleadas de confianza…. Si, por supuesto Confío en ella ciegamente. Está enterada de todo…. La podrá reconocer por su espigada figura, llevará un pañuelo rojo atado al cuello.. 

Rosario se inquietó. No tenía idea de donde sería el lugar donde se encontraban con Rony, menos la hora. Aida la calmó. La duquesa comenzaba a reaccionar. Ella les diría.

Osman y sus hombres repelían el ataque de los agentes secretos. El sonido de la metralla violentaba la enorme quietud de aquel lugar.

La cabaña estaba rodeada. Osman y Emma no tuvieron tiempo de reparar en que Alejandro había desaparecido de vista. Desde donde intentaban eludir las balas comenzaron a buscarlo con la mirada sin lograr encontrarlo.

Max yacía tirado boca abajo con las manos atadas. Muerto de miedo, sentía el silbido de las balas que pasaban rozando su cuerpo.

Osman fue por él y lo arrastró hasta donde ellos estaban.  No podían perderlo aun. Era extremadamente importante para la operación.

-¿Y Consuelo?- gritó Emma a Osman – ¡Debemos encontrarla!
-¡Déjala! Ya debe estar muerta. Este es el que nos importa ahora. Recuerda que aun podemos tomar a su hijo.

Emma esbozó una mueca de satisfacción al pensar que Consuelo estaría muerta.

-Voy por la camioneta – gritó Osman a los pocos hombres que no habían sido alcanzados aun por una bala – La llevaré hasta detrás de la cabaña. Una vez ahí la ayudan a ella a echar arriba al chileno.
-¡Es peligroso!- exclamó uno, entrando en pánico – ¡Nos matarán a todos!

Osman con furia en la mirada le apuntó directo en la cabeza matándolo al instante.

-Los cobardes no sobreviven – murmuró y con el arma en la mano se arrastró hasta la puerta principal abriéndola de una patada mientras sus hombres y Emma continuaban disparando protegiendo su huida.

Una vez que estuvo de pie junto a la puerta les hizo ademán de que dejaran de disparar. Por unos momentos el ensordecedor ruido de las balas dió paso a un inquietante silencio. Ninguno de los dos bandos retomaba la acción.

-¡Qué estará pasando¡ -exclamó uno de los agentes
-No lo sé – dijo Mike – No perdamos de vista la puerta, esto me huele mal

Mike estaba muy preocupado. Aun no lograba distinguir desde su posición la silueta de su amigo Alejandro. A pesar de la constante balacera él sabía que estaría seguro. Conocía de su habilidad para disparar y que habría sabido como resguardar su vida.


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28/10/2010

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