viernes, octubre 18, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 28.



-¡A donde crees tu que vas!- Gritó desde su habitación Fabrizzio al ver pasar corriendo a Emma
-Voy a ver que pasa – Respondió ella
-¡Déjalos!. La mujer está cumpliendo con su parte del trato – dijo Fabrizzio, levantándose de la cama y acercándose hacia Emma lentamente.

-¿Qué te sucedió ahí? –Preguntó él, apuntando al moretón que llevaba en el rostro.

Emma no dijo nada, dio vuelta la cara y retrocedió cuando el intentó tocarla.

A Fabrizzio lo exitó aquel rechazo. La mujer no estaba nada mal y además hacía tiempo que no se pegaba un buen polvo.

Con una mano apretó fuertemente sus mandíbulas adoloridas y la hizo entrar en aquella habitación.

-A mi nadie me rechaza oíste ¡sudaca maloliente!. Si estás aquí es por que te gusta… Te gusto ¿cierto?.. ¡Dime que te gusto perra! – le gritaba, mientras la obligaba a ponerse de rodillas.
-No te resistas, guarra. Ahí tienes… todo eso para ti solita. – se reía, mientras sacaba su cinturón y bajaba el cierre de la cremallera de su pantalón.

-¡Ahora! ¡Haz lo que sabes hacer puta de mierda!.. Asi… Asi.. – Fabrizzio metió su miembro lánguido dentro de la boca de Emma. Ella cerró los ojos y lloró. Por primera vez en mucho tiempo lloraba. Tenía asco, tenía rabia. Solo quería salir huyendo pronto de ahí y olvidar aquella pesadilla.

A Fabrizzio su sexo ya no le otorgaba placer. Con tanta droga que se había metido en el cuerpo los orgasmos para él eran cosa de un pasado muy remoto. Ahora sentía placer haciendo sufrir, viendo llorar y lamentarse. Se había convertido en un sádico sin compasión.

Mientras Emma intentaba revivir aquel pene lacio para que todo terminara pronto. Aída continuaba intentando convencer a Max de que dejara de gritar.

-Por favor Max – suplicó ella – Debes creerme. Consuelo está bien, aunque ellos te harán creer lo contrario. Está a salvo en casa de amigos
-¿Amigos? – Respondió Max al fin bajando la voz,  pensando en que ese amigo era Alejandro y sintió que le hervía la sangre.

-Si. Ahora debemos ponernos de acuerdo para huir. La casa está rodeada. Están a la espera del momento adecuado para sacarnos de aquí
-¿Pero como lo harán? – preguntó él, sin quitarle la vista de encima. Reparando que llevaba una blusa muy sensual, blanca, algo ajustada a su figura, la que hacía lucir unos hermosos y morenos pechos que invitaban al placer. Mientras la oía no pudo evitar morderse los labios de las ganas que tuvo de besarlos y lamerlos con pasión.

-Ellos creen que soy inofensiva y que haré que me des unas claves. Luego de que las corroboren en su portátil nosotros tendremos pocos segundos para escapar.

Voy a soltarte las amarras de tus muñecas de tal forma que crean que aun las mantienes atadas. Una vez que estemos fuera de esta habitación ellos sabrán cuando actuar.
-¿Quienes son ellos? – preguntó Max, mientras Aída, aun temblorosa por la cercanía del cuerpo de aquel hombre y de aquella mirada provocadora que no dejaba de perturbarla, desataba las amarras que lo mantenían atado de manos.
-No debes temer. Son “los chicos buenos”. Ellos nos sacarán de aquí

Efectivamente, Alejandro y Mike estaban escuchando toda aquella conversación. Aida pronto les comenzaría a decir como estaba conformada la casa por dentro para que al momento de ingresar sepan por donde ir.

Max se resintió una vez que se vió por fin libre. En sus muñecas se podía ver la fuerza con que las habían atado ya que un profundo zurco enrojecido hacía ver la carne viva que las heridas le habían provocado.

Aida sintió compasión y quiso aplacar su dolor. Miró a su alrededor y vió que había una puerta que daba a un pequeño lavabo. Buscó el pañuelo con el que le vendaron los ojos y lo empapó de agua. Luego lo colocó suavemente sobre las heridas de Max. El intentaba no llamar la atención y reprimió los gritos de dolor que esto le había provocado.

Luego, Aida volvió por más agua y esta vez enjugó las heridas de su rostro. Sus cuerpo estaban muy próximos uno del otro. Podían sentir el calor que ambos comenzaban a emanar. Ella intentaba no mirarlo directamente, él no podía dejar de hacerlo.

-Esta mujer me ha embrujado – pensaba, mientras olía sus cabellos – mmm.. su aroma… ¿Qué es esto que me hace sentir?

Cuando Aida se volvía a levantar para ir por más agua Max la siguió de cerca y cuando ella se volteó su cuerpo no aguantó más aquella loca y repentina pasión que aquella mujer le había provocado en todo su ser. Tomó sus manos y las posó sobre sus mejillas. La atrapó entre su cuerpo y la pared y la golpeó con un beso que los hizo levantarse del suelo como elevados por un torbellino. Una fuerte energía mágica unió sus cuerpos en un abrazo que no hizo otra cosa que confirmar que ellos dos compartían el mismo sentimiento.

Max no podía ni quería dejar de aferrarla contra su pecho dolorido. Aída sentía que aquello no podía estar sucediendo. – ¿Qué es esto?. ¿Por qué no huyo?, ¿por qué se lo permito?, ¡Este calor! –

Ella estaba casi sin respiración. No lograba entender lo que su cuerpo le gritaba desde que entró en aquella lúgubre habitación y se vió reflejada en sus ojos.

Afuera, Mike y Alejandro estaban inquietos. Había demasiado silencio. No sabían que pasaba y eso los hacía ponerse nerviosos.

-¡Aida por favor!. Dinos que va todo bien  - Exclamaba Mike, apegado a los audífonos
-Será mejor que actuemos con rapidez Mike. Esto no me está gustando  - dijo Alejandro, mirando por la ventana de la casa que habían ocupado para vigilar a los mafiosos y poder capturarlos.

Emma tenía la mandíbula acalambrada de tanto intentar hacer que Fabrizzio se corriera y la dejara en paz. Cosa que nunca sucedió. Ante la ofuscación que esto le provocó se volvió contra ella y la empezó a patear en el suelo una y otra vez. – ¡No sirves para nada hija de puta! – le decía con rabia ensañandose con su pequeño cuerpo.

Osman llegó a ver que pasaba e intervino.
-Señor – ya está todo listo. Veamos si la mujer logró su objetivo

Fabrizzio jadeaba y se retorcía de felicidad al ver el cuerpo y rostro de Emma todo ensangrentado tirado en el suelo como un estropajo sucio.

-Si.. vamos.. Aquí ya terminé – dijo el jefe, dirigiéndose hasta donde estaban Aída y Max.

El corazón de Aida tuvo un leve presentimiento y alejó repentinamente su cuerpo del de Max sin decir nada. Aun desconcertada por todo lo sucedido.

-¡Son ellos! – dijo bajito cerca del oido de él. – Ya sabes que hacer

Ahora Max confiaba plenamente en aquella mujer. Sin duda no lo traicionaría ni el a ella.

Max puso sus manos tras su espalda atandolas levemente con la misma cuerda con la que llegó. Aida se puso en frente de él dandole la espalda a la puerta.

Ambos corazones desbordaban adrenalina.

Osman y Fabrizzio entraron bruscamente viéndolos sentados uno frente al otro mirando hacia el suelo.

-¿Y que tal mi querido chilenito?. ¿Nos dirás lo que queremos saber ahora? – dijo Fabrizzio acercándose hacia Max, mientras Osman se mantenía de pie tras la figura de Aida sin decir nada.

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08/11/2010

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