viernes, octubre 18, 2013

APRENDIENDO A AMARTE Capítulo 27.



-¡Véndenle los ojos! – ordenó Fabrizzio enérgico – Muy de confianza será de la duquesa pero no por eso nos vamos a seguir arriesgando – dijo.

Aída estaba realmente asustada. No sabía cuales eran los planes de aquel maléfico hombre.

Ella sabía que Osman estaba metido en todo este lío. Qué explicación daría si la llegara a reconocer. ¡Además, estaba Emma!. Ella sin duda la reconocería de inmediato.

Dentro de la casa rondaba una tensa calma. Osman había ordenado que dejaran a Max en otra habitación – El jefe nos dirá qué haremos con él – pensó

Emma observaba toda la acción desde un rincón cerca de la ventana que daba a la calle.

La casa estaba ubicada en un lugar poblado. Era un típico barrio pobre de cualquier ciudad cosmopolita.

Debido al frío y la lluvia de la noche recién pasada, no se veía mucha gente en las calles, lo que le daba cierto aire de pueblo fantasma.

El olor a tierra húmeda se coló por las narices de Aida. Con seguridad se encontraba lejos de la ciudad. El silencio hacía que todos sus sentidos se encontraran en alerta. Aun no perdía la esperanza de que el duque y sus hombres la sacaran de ahí. ¡Debía volver a ver a su hija!. No podía dejarse abatir ahora. – pensaba ella, cuando la iban bajando de la camioneta para hacerla entrar en aquella casa.

En el interior, Osman ordenaba que se mantuvieran en alerta – el sabía que los podrían haber seguido hasta ahí.
Emma había decidido abandonar su sitio e ir en busca de un lugar donde refrescarse y darle alivio al golpe que aun permanecía en su cara.

- ¡Donde está el hombre! – gritó Fabrizzio al entrar
- Allá adentro – apuntó Osman al cuarto del fondo de la casa
-¡Llévenla ahí dentro! – ordenó el mafioso

Hasta ese momento Osman no se había percatado de la presencia de Aida. La mujer llevaba los ojos vendados con un gran paño negro, por lo que no quedaba mucho de su rostro al descubierto como para poder reconocerla. Además, estaba mucho más delgada de cuando la vio  por última vez.

-¿Y quien es esta? – preguntó Osman mientras la observaba de reojo
-Es la mujer de confianza de la duquesa. Ella nos sacará de este embrollo – dijo Fabrizio con la mirada perdida mientras observaba por la ventana hacia la calle mojada.

Sentía que algo no estaba del todo bien. -Algo dentro de “la foto” no cuadraba – se decía, pero no podía lograr entender que era.

Emma, apareció al poco rato. Fabrizzio la miró con desdén. La gran ayuda que ella había traído para su organización no había funcionado y su buque se estaba yendo a pique.

-¿.. y cual es el plan? – Preguntó Osman, rompiendo el silencio que se había suscitado con la llegada de Emma a la sala donde se hallaban.

-La duquesa nos envió a esa mujer para decirnos quien era el traidor
-Alejandro, jefe – Interrumpió Osman
-¡Ya lo se idiota! ¡Y se también que lo dejaron escapar junto a esa chica!
-Perdón jefe. Eran ellos o nosotros. No podíamos continuar buscándolos. Nos tenían acorralados
-¡Ojalá se los hayan comido los perros salvajes! – dijo Fabrizzio, apuntando con la mirada a Emma, quien lo miró con indiferencia.

-Haremos que la negra le haga creer a ese infeliz que es la mejor amiga de la tal Consuelo. Que está ahí por que ella se lo ha pedido ya que la logramos capturar y le dirá que la hemos torturado hasta casi matarla. Por lo que ella, para salvarle la vida a su querida amiga, se ofreció para ayudarla; que si no nos da la información que necesitamos las mataremos a las dos. Una vez que tengamos el dato… a nadie le importará que suceda con ellos.

-¡Pero como conseguirá eso! – Exclamó Osman
-Ya lo planeamos con ella cuando veníamos de camino hacia acá
- Y como sabe que cumplirá el plan
-Money..negrito. Todos tienen su precio. – Dijo Fabrizzio, palmoteando la espalda de Osman -  La mujer es solo la simple asistente de la duquesa. Asi que, cuando le dije que le pagaría muy bien por su colaboración aceptó encantada.

-¡Supongo que aun tenemos red en esta pocilga! – preguntó el hombre
-Si jefe y el portátil está encima de aquella mesa – respondió Osman apuntando hacia el comedor que estaba próximo a la sala en donde se encontraban.
-¡Ok! – respiró cansado – Ahora voy a descansar un rato, mientras me dejan instalada la sesión para hacer la transferencia en cuanto tengamos las claves. Por el momento voy a refrescarme un rato. Tenemos tiempo. Esos hijos de puta no saben donde estamos.

Fabrizzio sintió que se podría estar equivocando en su aseveración pero prefirió no prestarle atención a su corazonada. - Esta vez todo saldría bien – se dijo, mientras se acomodaba en la habitación que estaba preparada para su llegada.

Aida logró sacarse la venda de los ojos rápidamente una vez que la dejaron a solas con Max. Su experiencia en la cárcel le ayudó a tener la práctica suficiente como para saber hacerlo, además que no estaba muy bien atada tampoco, para que el plan del lider de la organización diera resultado.

La habitación estaba oscura. Era húmeda y sucia. Apenas un rayo de luz iluminaba el rostro de Max.
Al verlo tan mal herido sintió pena por él y quiso acercársele.
-¡Quien eres tu! – gritó él lleno de pánico pensando que ya venían a matarlo.

Aida le hizo un gesto con su dedo índice en la boca para hacerlo callar.

-Soy amiga de Consuelo- le dijo bajito acercándose lentamente hacia él – he venido a ayudarte
-¿Consuelo?, ¿como está ella? – preguntó Max desesperado, sin atender a las peticiones de Aída de que hiciera silencio
-Si no te quedas quieto no podré ayudarte – dijo Aída, mirándolo fijamente, clavando sus oscuros ojos en los de Max.

Ambos corazones se sobresaltaron. Sintieron que se conocían de antes, de algún lugar. Pero no sabían de donde.

Aída quedó por un instante paralizada. Nunca había sentido aquel calor en una simple mirada. Su vientre se estremeció, su boca se llenó de agua y su cuerpo comenzó a temblar levemente.

A Max le sucedió algo similar. -Esos ojos - se decía – ¿Dónde he visto aquellos ojos divinos?. ¿Qué tienen que me hipnotizan?, ¡No puedo dejar de mirarla por Dios!

Max pensó que estaba drogado. Que Emma le había dado algo para confundirlo y así entregar las famosas claves.

-¡Eres una bruja!- gritó Max - ¡Què me dieron!.. ¡No diré nada!.. ¡Prefiero morir!

Los gritos se oyeron desde afuera y, a una dura mirada de Osmán,  Emma fue a ver que sucedía.


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08/11/2010

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